La historia y los sueños
Aun cuando hay dinero en las arcas estatales, no se hacen grandes planes. Así, los hechos van marcando el derrotero que deberán seguir los funcionarios y la sociedad. Por Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
23 Diciembre 2006 Seguir en 
Entre la desbordante alegría de las autoridades por el emprendimiento del hotel Sol San Javier (inaugurado el jueves) y la indiferencia con que dejaron pasar las Jornadas por el Bicentenario (hace una semana) hay un vaso comunicante: ambos episodios muestran que, aun cuando una comunidad no sepa a dónde va ni qué quiere hacer, su vida puede cambiar por factores externos.En el caso de la vieja hostería, un grupo empresarial decidió largar un proyecto muy ambicioso y con ello quedó en evidencia lo que no hizo el Estado: en un lugar paradisíaco, no hay agua, infraestructura ni servicios comunales, y los anuncios de cambio vienen de la mano de promesas de créditos internacionales. Mientras tanto, los inversores privados van marcando cuál es la pauta que se seguirá en San Javier. ¿Y la planificación? ¿Cuál es la política que marca hasta dónde debe llegar la iniciativa privada y a qué pautas debe acomodarse? Nada se sabe. Hasta acá, el Estado sigue lo que quieren hacer los empresarios. Todo parece fantástico. Pero... ¿y si estos se equivocan?
Esa falta de planes también se aplica a los festejos por el Bicentenario, que apenas unos pocos se imaginan como algo importante. Hace una semana se reunieron representantes de comisiones en Tucumán para analizar cómo trabajar durante la década que va de 2006 a 2016. Pero la Provincia aún no ha puesto en vigencia el ente creado por la Ley 7.642; no hay presupuesto ni programas de debates. Y cuando estos se llevan a cabo, sus conclusiones no son vinculantes. “Lo que pasa es que todo el mundo lo ve lejos, pero se nos viene la historia encima. Venimos desde hace muchos años sin tomar decisiones para el futuro”, dijo el legislador Jorge Mendía, quien había motorizado el encuentro. “Ya lo han hecho Córdoba, Mendoza, Buenos Aires; Salta decidió ser turismo hace 15 años. Lo que no tenemos es la discusión sobre el objetivo final... tenemos plata pero no hay ideas”, aseveró.
Una de las pocas veces que se tuvo la sensación de que se encaraba con seriedad la planificación fue el año pasado, cuando la Municipalidad capitalina organizó el programa de planeamiento estratégico. Pero luego prácticamente tiró todo por la borda, cuando decidió que sus conclusiones no serían vinculantes para las autoridades.
Cuando no hay ideas, se actúa según las emergencias o, peor, según intereses sectoriales. O se actúa según las ideas de otros. Esto terminará marcando a la sociedad, para bien o para mal. ¿De qué planificación surgieron normas como la del cierre de boliches a las 4 de la mañana o la unificación de licencias de taxis o remises?
Actuar mucho según el peso de la urgencia y poco según los planes es vivir al día y estar sometido a los condicionamientos del pasado. A eso sólo puede oponerse planes y sueños. Karl Jung lo diría así: “Yo no soy lo que me sucedió; soy lo que elegí ser”. Una sociedad también puede optar por esperar que le sucedan cosas o soñar su futuro. Planificar es elegir, saber hacia dónde ir, para que otros no lo decidan por uno.







