Un momento ideal para entrar en la legalidad

La discusión sobre la apertura de los negocios el día previo a Navidad puede servir para que los empresarios del sector hagan un "mea culpa". Exigencias indebidas. Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

22 Diciembre 2006
El conflicto que mantuvieron en las últimas semanas representantes del comercio tucumano y del sindicato de los trabajadores mercantiles, por la apertura de los negocios durante el día previo a la Navidad, debería servir para que los empresarios del sector hagan un “mea culpa” sobre algunas prácticas ilegales aceptadas por muchos en esta emblemática actividad de nuestra provincia.
Una modalidad que lleva años en el comercio de Tucumán es la del abuso que algunos empresarios del sector ejercen sobre sus empleados, al no reconocerles económicamente el trabajo fuera de días y de horarios. Como se sabe, es habitual que los comercios extiendan sus horarios de atención al público más allá de los límites establecidos.
Obviamente, algunas empresas cumplen con las normativas y exhiben en sus puertas de acceso letreros con la información sobre el horario en que tales locales atienden a los consumidores.
Cuando llega la hora de cerrar, estos negocios bajan las persianas, aunque el movimiento comercial aún sea intenso, y sus empleados se retiran a sus domicilios tras haber trabajado las ocho horas que marca la ley. También en estos casos los descansos entre jornada y jornada son los que establece la legislación vigente, y si hubiera que extender el día laboral o abrir los sábados, los trabajadores cobran horas extras.
Lamentablemente, no todos los comercios son estrictos con los horarios ni con el cumplimiento de lo que la ley de contrato de trabajo dispone sobre las remuneraciones de su personal.
De hecho, es innegable que en el microcentro tucumano hay muchos negocios que se mantienen abiertos hasta bien entrada la noche, sin que les reconozcan esta extensión horaria a su personal. También es frecuente que se vea a empleados de locales comerciales limpiando veredas hasta muy tarde, aunque por esta tarea los trabajadores no perciban ni un centavo de horas extras.
Luego, existen otras modalidades que ocurren con frecuencia, pero que difícilmente se denuncian públicamente. Está el caso del comerciante que exige a su empleado que firme un comprobante por el dinero recibido como pago de su salario, pero que no se complementa con una boleta de sueldo (trabajo en negro).
Otra forma de explotación es la de entregar un recibo de sueldo por un monto que cubre el monto mínimo que establece el convenio del sector, aunque en los hechos el trabajador perciba mucho menos dinero de lo que dice la boleta. Y ni hablar de las denuncias sobre acoso laboral o sexual que no trascienden, pero que en el sindicato aseguran que son mucho más frecuentes de lo que la comunidad podría suponer.
La necesidad de trabajar y el temor al despido son los aspectos que toman en consideración los empresarios inescrupulosos para llevar adelante prácticas ilegales con su personal. La comunidad, por su parte, prefiere no ver esta realidad y acepta -tal vez por comodidad- que un negocio del centro siga abierto pasadas las 22 o que atienda como hecho natural los sábados por la tarde.
Tal vez este sería el momento oportuno para que el comercio tucumano se inserte de lleno en la legalidad, y que abandone viejas formas de explotación de sus empleados.
De paso, una actividad sana y cumplidora de las leyes laborales tendrá seguramente más legitimidad en su insistente reclamo contra los vendedores ambulantes, por ejemplo, a quienes el comercio busca erradicar, precisamente, con el argumento de que se desenvuelven en la ilegalidad.



Tamaño texto
Comentarios