22 Diciembre 2006 Seguir en 
En sus ediciones del 27 de setiembre y 5 de noviembre de 2001, La Gaceta publicó sendas notas en las que podían leerse las vicisitudes de la empresa tucumana Lybra, hoy extinta, en su incursión comercial en Turkmenistán. Según relataba en una de esas oportunidades Francisco José Corbella, integrante de la firma, el país, luego de la caída de la ex Unión Soviética, tenía una imperiosa necesidad de industrializarse. En este contexto, Lybra había presentado una serie de proyectos, de los cuales se aprobaron 11. Uno de ellos era la instalación de un ingenio remolachero, que llegó a concretarse en un 85%. El gobierno turkmeno pagó con contratos de futuras cosechas de algodón, que luego incumplieron. Por esto, se abandonaron las obras y se iniciaron las acciones judiciales.
Según la entrevista realizada al ingeniero José Luis Viruel, otro miembro de Lybra, el principal escollo a vencer era el idiomático. Muchas veces necesitaban intérpretes del ruso y del turkmeno en simultáneo, con lo cual, una charla entre dos era "toda una reunión de gente", afirmaba por entonces. Además, contó que los obreros detenían sus actividades seis veces por día para orar hacia La Meca.
Según la entrevista realizada al ingeniero José Luis Viruel, otro miembro de Lybra, el principal escollo a vencer era el idiomático. Muchas veces necesitaban intérpretes del ruso y del turkmeno en simultáneo, con lo cual, una charla entre dos era "toda una reunión de gente", afirmaba por entonces. Además, contó que los obreros detenían sus actividades seis veces por día para orar hacia La Meca.
NOTICIAS RELACIONADAS








