22 Diciembre 2006 Seguir en 
Mogadiscio.- Pese a su disposición a mantener nuevas conversaciones de paz, las milicias islámicas y las tropas gubernamentales se enfrentaron en guerra abierta en Somalia, con fuego cruzado de cohetes, artillería y granadas que causaron cientos de muertos en ambos bandos.
Las milicias islámicas luchan contra tropas del gobierno de transición, que es apoyado por el Ejército etíope. Si bien Etiopía afirma que sólo envió asesores militares al país vecino, testigos informan que en los combates intervienen soldados y artillería etíopes. Los islamitas anunciaron que sus milicias mataron más de 200 soldados etíopes e hirieron a otros 200 en combates en Baidoa, sede del debilitado gobierno de transición somalí. También se reportó la muerte de 100 islamitas.
El factor religioso
Somalia es considerado el único país del mundo que no tiene un gobierno central en funciones. Desde la caída del dictador Siad Barre en 1991 hay una guerra civil entre clanes rivales. En la capital, Mogadiscio, reinaba la anarquía hasta que, en junio, la milicia islámica tomó el control de la ciudad. En este escenario ha cobrado más protagonismo el conflicto con la Etiopía, cristiana, que quiere evitar un régimen islámico en Somalia. Más del 99% de los cerca de nueve millones de somalíes es sunnita. El islam es la religión oficial.
La permanente violencia y la falta de un poder central hicieron de Somalia una potencial plataforma para el terrorismo. A esto se añaden fronteras permeables y la cercanía con la Península Arábiga, así como 3.000 kilómetros de costa en el océano Indico difíciles de vigilar.
El jefe de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) Hassan Dahir Aweys, a quien Estados Unidos acusa de estar aliado con Al Qaeda, anunció que los combates se extenderán por toda la región y que serán devastadores para Etiopía.
La ONU reclamó moderación y calificó de inaceptable entrar en guerra cuando una parte significativa de la población somalí lucha por sobrevivir. Las últimas lluvias en el Cuerno de Africa han devastado las aldeas, y un aumento de la violencia podría empeorar la crisis humanitaria. El año pasado, Somalia sufrió graves sequías que dejaron el suelo incapaz de absorber las lluvias torrenciales. (DPA)
Las milicias islámicas luchan contra tropas del gobierno de transición, que es apoyado por el Ejército etíope. Si bien Etiopía afirma que sólo envió asesores militares al país vecino, testigos informan que en los combates intervienen soldados y artillería etíopes. Los islamitas anunciaron que sus milicias mataron más de 200 soldados etíopes e hirieron a otros 200 en combates en Baidoa, sede del debilitado gobierno de transición somalí. También se reportó la muerte de 100 islamitas.
El factor religioso
Somalia es considerado el único país del mundo que no tiene un gobierno central en funciones. Desde la caída del dictador Siad Barre en 1991 hay una guerra civil entre clanes rivales. En la capital, Mogadiscio, reinaba la anarquía hasta que, en junio, la milicia islámica tomó el control de la ciudad. En este escenario ha cobrado más protagonismo el conflicto con la Etiopía, cristiana, que quiere evitar un régimen islámico en Somalia. Más del 99% de los cerca de nueve millones de somalíes es sunnita. El islam es la religión oficial.
La permanente violencia y la falta de un poder central hicieron de Somalia una potencial plataforma para el terrorismo. A esto se añaden fronteras permeables y la cercanía con la Península Arábiga, así como 3.000 kilómetros de costa en el océano Indico difíciles de vigilar.
El jefe de la Unión de Tribunales Islámicos (UTI) Hassan Dahir Aweys, a quien Estados Unidos acusa de estar aliado con Al Qaeda, anunció que los combates se extenderán por toda la región y que serán devastadores para Etiopía.
La ONU reclamó moderación y calificó de inaceptable entrar en guerra cuando una parte significativa de la población somalí lucha por sobrevivir. Las últimas lluvias en el Cuerno de Africa han devastado las aldeas, y un aumento de la violencia podría empeorar la crisis humanitaria. El año pasado, Somalia sufrió graves sequías que dejaron el suelo incapaz de absorber las lluvias torrenciales. (DPA)







