Advertencias por los festejos de fin de año

22 Diciembre 2006
A las puertas de la fiesta de Navidad y, en pocos días más, de la del Año Nuevo, no es ocioso hacer algunas puntualizaciones sobre ciertos aspectos del ambiente que rodea esos acontecimientos. Sabido es que, por una serie de razones, las actividades de esta época del calendario se desarrollan, entre los sectores juveniles, dentro de un clima singularmente movido de diversión. Los chicos pasan la Navidad en familia, y ni bien superada la medianoche, salen a disfrutar. El Año Nuevo es escenario de un cuadro similar.
Se ha anunciado que los boliches no funcionarán en Tucumán la noche del domingo, ni la madrugada del lunes, pero sabemos que eso no representa un obstáculo. Hemos informado que, por ejemplo, se estaría organizando una "megafiesta" en Termas de Río Hondo, con el específico propósito de ofrecer una nueva alternativa de diversión a los tucumanos. Y, sea en esta capital, en fiestas privadas, o en la vecina ciudad, no hay duda de que la juventud se las arreglará para reunirse y para trasnochar.
Se trata de una costumbre que, por cierto, no tiene nada de intrínsecamente reprobable. Pero lo que interesa a la comunidad es que esas horas de esparcimiento, dotadas de un clima de intensidad derivado del espíritu especial que generan las fiestas, no constituyan ocasión para instalar situaciones de riesgo en los jóvenes. Ni qué decir de que la posibilidad del traslado a Río Hondo puede ser ocasión de idas o de regresos a excesiva velocidad, con el peligroso agregado de la ingesta de alcohol, que siempre está presente.
No es ocioso recordar que muchas veces han ocurrido graves accidentes en estos días, tanto en nuestra provincia como en otras del país. Corresponde, entonces, que se adopten las providencias para impedir tan penosos sucesos. En primer lugar, el poder público debe disponer especiales controles callejeros, en nuestra ciudad, para evitar todo tipo de desborde o de imprudencia. Y también, para prevenir los frecuentes delitos comunes -robos en viviendas, por ejemplo- que suelen perpetrarse al amparo de los festejos, pues los maleantes aprovechan que muchos vecinos han dejado solos sus domicilios para partir a celebrar la Navidad en otras casas de la parentela.
Por cierto que, ante la perspectiva de viajes de grupos juveniles a Río Hondo, tendrá que reforzarse apreciablemente la vigilancia en la ruta, para impedir la circulación a altas velocidades, o la presencia de conductores que hayan ingerido bebidas alcohólicas. El jefe de Policía ya anticipó la adopción de tales recaudos, si se organiza la anunciada "megafiesta" para tucumanos.
Además, en este como en muchos casos -y de acuerdo con lo que hemos puntualizado en otras oportunidades- corresponde que padres y madres proporcionen a sus hijos las necesarias pautas para observar una conducta prudente en la ocasión. No tiene que olvidarse que, por mucho que hayan cambiado las costumbres, la voz de los progenitores siempre tiene peso e importancia, en cuanto a poner límites a los miembros menores de cada hogar.
Finalmente, no es ocioso acercar una reflexión a los jóvenes. Es decir, moverlos a recordar que la vida y la integridad física son lo más valioso que tienen, y que no deben ser puestas en riesgo por una noche de diversión. La Navidad y el Año Nuevo, nadie lo duda, merecen festejarse a pleno. Pero el festejo ha de detenerse frente a todo lo que signifique empañar esas horas de diversión con hechos lamentables, como los que tantas veces han ensombrecido las celebraciones de fin de año.

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