Cambiar el molde de una ciudad unitaria
El microcentro de Tucumán, a fin de año, refleja los problemas de la centralización excesiva de los servicios y de una oferta comercial concentrada. Del dicho al hecho. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
21 Diciembre 2006 Seguir en 
Es fin de año, y el microcentro de Tucumán es el espejo ampliado de una ciudad fracturada, afeada, y cada vez más unitaria. El calor aprieta, y toda la población de la segunda ciudad más densamente poblada de la Argentina parece empecinadamente concentrada en dos o tres manzanas. Sobre San Martín al 600, el interior de un banco que es centro de pagos para jubilados y pensionados está desbordado por una multitud en la que la edad promedio es 70 años. “He venido desde Concepción para cobrar mi pensión de $400”, cuenta doña Rosario (80), que no sabe que con su testimonio acaba de convertirse en la evidencia empírica de que el unitarismo no es patrimonio porteño. Doña Rosario lleva en la mano un frasco vacío de yogur. “He caminado diez cuadras, y no he encontrado ni un basurero”, se justifica la mujer, que quiere ser urbanamente correcta, pero no la dejan. ¿Quién tiene la culpa de que la licitación por mil papeleros a la que llamó la municipalidad haya fracasado porque el único oferente potable exigía condiciones de pago incompatibles con el pliego? Afuera, la marea de vendedores ambulantes no cesa, pese a que la Justicia ha intimado al Departamento Ejecutivo Municipal a que haga cumplir las ordenanzas relativas a la liberación de la vía pública (código de Tránsito, entre otras), en la presentación que impulsó en su contra la Federación Económica de Tucumán (FET). No fue el intendente Domingo Amaya, sino el gobernador José Alperovich el que anunció que el desalojo se hará después de Reyes, para no perturbar la paz social. Con tanta interna en el peronismo, Alperovich tiene poco resto como para sumar enemigos, esta vez desde las filas del sindicato de ambulantes.
La necesidad de descentralizar la ciudad de Tucumán no es nueva, y de ese reclamo da cuenta un sinnúmero de ordenanzas e iniciativas que fueron sumándose a lo largo de distintas gestiones municipales. El plan estratégico para la ciudad de Tucumán -que corre el riesgo de convertirse en una flor de piedra si no hay voluntad política para llevarlo a cabo- también contempla esa urgencia.
En el racimo de acciones más a la mano -y de carácter transitorio- está la posibilidad de utilizar los mercaditos municipales para trámites de pagos de servicios y de Registro Civil. Sin embargo, hasta el momento esa iniciativa no habría prosperado por “falta de equipamiento”. En tren de desconcentrar el área céntrica, hay otras ideas más ambiciosas, inspiradas en lo ya hecho en Rosario, Córdoba, Ciudad autónoma de Buenos Aires y Montevideo. Para esos centros ya hay adjudicados terrenos en cuatro puntos de la ciudad.
La decisión de descentralizar los servicios no sólo implica darle al vecino la comodidad de tener a mano una “boca de pago o de trámites”; mucho más que eso, significa darle a la ciudad la posibilidad de crecer comercial y urbanísticamente hacia los cuatro costados (hoy, el centro sólo está creciendo hacia el norte). En esa dirección, hay intervenciones en carpeta, o con cierto grado de avance, como el emprendimiento comercial-recreativo en el predio del ex mercado del Abasto, que permitiría la expansión del centro hacia el suroeste, o el emprendimiento de la Ciudad Judicial, sobre la avenida Roca.
Párrafo aparte merece la iniciativa del traslado de la administración pública provincial y municipal a predios del ex ferrocarril Central Córdoba. Ese tema está hoy sujeto a negociaciones entre la Provincia y la Nación, pero su resolución implicaría despejar el área central y de la plaza Independencia para el disfrute turístico, una vez descargada de su función actual de “ciudad de servicios”.
No hay duda de que en la Municipalidad capitalina hay técnicos que están pensando, imaginando, dibujando, el Tucumán del Bicentenario. Lo que está por verse es si lo que refulge en los papeles se concreta finalmente en obra. Es que no es nuevo que la ciudad ya no es sólo un territorio, un lugar físico. La ciudad se ha vuelto un ámbito de construcción política por el control territorial (en ese rubro se inscribe, por qué no, la importante y bienvenida obra de pavimento y alumbrado público en los barrios). La pregunta, en ese sentido, es si Alperovich y Amaya, tan proclives a concentrar poder político, tendrán la voluntad de llevar a cabo la mentada descentralización administrativa, que es una forma de democratizar la gestión.







