El fútbol terminó el año entre luces amarillas

18 Diciembre 2006
El torneo Apertura de primera división, que acaba de finalizar, resultó un campo minado durante su desarrollo para varias cuestiones inherentes a lo deportivo, lo comercial, e incluso lo dirigencial. Pasaron tantas cosas que, en la mayoría de los casos, se debió apelar a parches para poder sacarlo adelante. Esto deja un panorama cargado de expectativa de cara al año que viene. Este será inminentemente político, ya que se deberá decidir si Julio Grondona seguirá como presidente de la AFA o si tendrá que dejar el cargo que ostenta desde finales de los años 70.
Aquel concepto de que “lo único que no se mancha es la pelota” encontró una buena dosis de razón con la inesperada definición que tuvo el certamen. Estudiantes de La Plata, en una fantástica remontada y ayudado por los desaciertos de Boca Juniors, logró lo que parecía una quimera. Pero el título para los platenses no logra hacer olvidar que durante el desarrollo del campeonato hubo una serie de circunstancias que rozaron el escándalo. Desde las sospechas sobre arreglos de partidos, hasta los hechos de violencia -hubo presunción sobre que varios fueron premeditados para forzar un parate del juego y también la ida de Grondona-, las cosas se desarrollaron bajo un clima de tensión y discusión. Una situación que no encuentra parangones en la historia más reciente del fútbol nacional. Como tampoco la tuvo la decisión de no dejar entrar a las canchas a los hinchas visitantes durante una fecha como medida para frenar a los violentos.
Octubre de 2006 será un mes clave para el destino de la entidad que rige los destinos del deporte más popular de la Argentina. Grondona buscará su enésima reelección, apoyado por una buena cantidad de presidentes de clubes directamente afiliados y también de entidades del interior. Pero existe un arco opositor, cuyas cabezas no son tan visibles o, al menos, que aún no se decidieron a trabajar decididamente en función de la elección. Este grupo es el que fogonea un cambio prácticamente fundacional para la AFA, amparado en opiniones que se refieren a manejos turbios en lo estructural, a arreglos con la televisión y con los auspiciantes cuyos dividendos no siempre llega en cantidad a los clubes.
Un tema que preocupa -y mucho-, a las entidades del interior, es el actual esquema de competencia: el fútbol sigue siendo pro Capital Federal y Buenos Aires, un centralismo que en nada varía desde hace décadas. Esto, pese a que no son pocos los que aseguran que Grondona es un fuerte impulsor de oportunidades para los clubes provinciales.
En los últimos días, los que juegan en el Argentino A elevaron un petitorio que apunta a una mejoría en sus situaciones. Pidieron más delegados en el Consejo Federal para tener voz y voto en las decisiones sobre la disputa de los campeonatos, los ascensos y los descensos. También una ayuda económica que permita el normal desenvolvimiento de las instituciones ante la importancia que tomó el torneo. Lo justificaron apuntando que, por derechos de televisión, el ingreso a la AFA rondaría los 111 millones de pesos por año. Casi un 88 % va a los clubes de primera; el 8 % a los de la B Nacional y un 4 % a los de la B Metropolitana.
Está claro que el actual esquema del fútbol argentino dista mucho de ser el ideal. También que en algunos casos hace falta cirugía mayor para poder resolver delicadas coyunturas que atentan contra su desarrollo. Las luces amarillas que se encendieron este año en primera deben ser interpretadas convenientemente. Lo que aquí se plantea no es sólo salvar a una categoría, sino a toda la actividad. No importa quién lo lleve a cabo, sino que se lo haga.
















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