Una ley educativa que genera esperanza

17 Diciembre 2006
El filósofo y pedagogo estadounidense John Dewey (1859-1952) escribió que la educación es, a la vida social, el equivalente de la nutrición y la reproducción en la vida fisiológica. Educar implica hacer partícipes de nuestras experiencias a todos los miembros de la sociedad, con el objeto de que las innovaciones progresistas pasen a ser una posesión de todos en libertad igualitaria. Ese proceso se lleva a cabo a través del intercambio en el ambiente social y, por tanto, resulta imprescindible crear en las escuelas ambientes capaces de orientar y canalizar las energías de los niños y jóvenes, dado que el resultado inmediato de ese proceso de intercambio es la capacidad de progreso ulterior.
En los últimos lustros, la educación ha sufrido un importante proceso de deterioro que se refleja en la crisis de valores que padece actualmente nuestra sociedad. Esta situación es consecuencia de la inequidad económica y social que ha empujado a un gran sector de la población a subsistir en la marginación y en ese contexto, la educación ha dejado de ser un eje fundamental que brinde las herramientas necesarias para lograr una mejor calidad de vida.
La Ley Nacional de Educación, recientemente aprobada en general por la Cámara de Diputados de la Nación, ha generado varios cambios respecto de su antecesora, la Ley Federal de Educación promulgada el 29 de abril de 1993, que ha sido derogada.    Entre los puntos principales, la norma define a la educación y al conocimiento como un bien público y un derecho personal y social garantizado por el Estado. Establece la obligatoriedad de la escolaridad de 13 años, desde la sala de 5 años hasta el secundario; restablece el sistema de educación primaria y secundaria. Señala que a partir del año 2010 se destinará el 6 % del PBI para la educación y que las escuelas primarias avanzarán progresivamente en tener jornada extendida o completa. Se creará el Instituto Nacional de Formación Docente y se extenderá a cuatro años la formación del educador para los niveles inicial y primario. Se incorporarán nuevas materias como Inglés y Tecnología.
La nueva ley fue recibida favorablemente por los representantes sindicales de la educación tucumana. Aunque estuvieron de acuerdo en los aspectos más generales de la norma, formularon algunas objeciones sobre puntos específicos de la ley, así como la falta de profundización del debate para analizar el proyecto en todo el país. Otro de los puntos cuestionables es el incremento del 6 % del PBI para educación a partir de 2010, es decir que transcurrirán tres años hasta que el sector alcance un presupuesto digno. Por su parte, un representante de la educación religiosa cuestionó que la ley pone al Estado como único responsable de la educación cuando la familia es la educadora. En ese sentido, la ministra de Educación de la Provincia dijo que la norma incorpora el concepto de la familia como la primera y natural educadora, y anticipó que en 2007, la familia tendrá un gran protagonismo en la educación.
Más allá de las críticas que puedan formularse ante un hecho ya consumado -la aprobación de la norma-, la Ley Nacional de Educación abre una puerta de esperanza para reformular el destino de los argentinos, y en particular, de los tucumanos. No sólo es importante extender el ciclo lectivo, añadir nuevos contenidos o capacitar al docente, sino también que este acceda a salarios dignos que le permitan vivir con integridad y contribuyan a estimular su perfeccionamiento. La educación libera al hombre de la esclavitud y le enseña a pensar con su propia cabeza. En la medida que lo logremos, tendremos mejores ciudadanos y dirigentes más comprometidos con el destino de una comunidad.














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