17 Diciembre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- Cuando Ricardo La Volpe aseguró "si pierdo, me voy" no se comportó como un político. Antes de decir lo que dijo, probablemente el ex técnico de Boca sumó y restó, le agregó una innecesaria pizca de demagogia a su discurso y, encerrado, cuando la taba le cayó en contra, hizo prudente mutis por el foro. Midió el "éxito" por la acumulación de puntos y no tuvo cara ni labia, ni seguramente ganas, para enderezar sus argumentos y dar una voltereta en el aire. Saltó el fusible y el presidente Mauricio Macri quedó convenientemente preservado del incendio.Es seguro que, a esta altura del año, a las puertas de un singular verano caliente preelectoral, justo cuando comienzan a definirse también los tantos en materia de precios y han comenzado los cortes de luz, ni el secretario de Comercio Interior ni el responsable del área energética tendrán la misma actitud imprudente y chicanera del ya pasado a la historia conductor xeneize: ambos son técnicos, pero sus políticas las fija Néstor Kirchner. ¿Por qué el paralelismo? Porque Guillermo Moreno y Daniel Cameron han jugado también su prestigio en lograr misiones mucho más imposibles que las del propio La Volpe pero, de cara al futuro (y la historia lo enseña, aunque no se la atienda), también están perdiendo sus batallas, en los dos temas del día a día que más parecen preocupar al Gobierno por estas horas.
Se podrá decir que, en el caso del Indice de Precios, la meta nominal de 10% en el año que prometió Moreno habrá sido finalmente cumplida, aunque alguna décima para arriba o para abajo distorsione el resultado final, pero para evaluar bien el "éxito" de llegar a un dígito hay que bucear un poco debajo de la superficie.
El resultado de la política de precios no debe medirse aquí como una simple tabla de posiciones futbolera, donde se presume que el que sacó más puntos no sólo ganó la carrera sino que fue el mejor. En este caso, con Estudiantes campeón, se han dado las dos condiciones, pero no es lo mismo con los precios. A la inversa de La Volpe, Moreno parece haber alcanzado la meta numérica requerida, aunque, como al ex técnico, la efectividad de sus planteos le luce más bien poco.
En primer término, hay que preguntarse si ese 10% que dará el Indice de Precios al Consumidor (IPC) durante 2006 es real o es ficticio, y si valió la pena gastar tanta energía para ganar apenas una baja indicativa anual de 2,3%. Se podrá argumentar, con la lógica de la ministra Felisa Miceli, que, en realidad, todo el esfuerzo debe medirse contra un número mucho más alto que es al que podría haberse "espiralizado" la inflación.
Según los expertos, otro punto de comparación, el número aproximado de la verdadera inflación del año debería estar en un valor cercano a 20%. En el desagregado de los productos que, fuera del listado que releva el Indec, fruto central de los desvelos de Moreno, más consumen la clase media y media/alta parece estar el grueso de la verdadera inflación, medida por el costo de cada changuito de los supermercados, en el rubro alimentos y bebidas, más indumentaria. A eso se suma la incidencia de algunos servicios de ese sector, como medicina prepaga, que quieren ser borrados del mapa de la estadística oficial. Según como se mida, entonces, el tesón de Moreno habría significado, al menos, una baja inflacionaria de 50% sobre un eventual índice que se posterga de ahora hacia el futuro. En paralelo, esta singular enjundia oficial le estaría dando al Estado el beneficio de pagar la mitad de lo real por el ajuste de los títulos públicos que están atados al CER, una bola de nieve que se especula en el mercado que será frenada pronto, quizás con un rescate o con un canje, probablemente antes de que se saque el pie del resorte inflacionario.
Carne y lácteos
Buena parte de la baja del Indice de este año, en relación con 2005, que el economista de Ecolatina, Ricardo Delgado, sitúa en 75% de la caída nominal, se logró con férreos controles sobre los valores de la carne y de los lácteos, al costo de cerrar el mercado de exportación en el caso de la carne, de generar un conflicto de proporciones con el campo y de provocar casi la desaparición de Sancor. Según el economista Enrique Szewach, la situación, tal como está planteada, con el Gobierno tratando de alentar a que se vendan más cantidades y provocando la baja de las utilidades empresarias, genera en el corto plazo un "círculo vicioso" de mayor demanda, mayor presión sobre los precios, más intervenciones, menor estímulo a la oferta en el largo plazo, mayor presión sobre los precios, etcétera. El cuello de botella de las inversiones también se ha hecho presente en el deterioro de la situación energética, que también se ha producido por falta de previsión. El secretario Cameron también se juega a pasar el verano, pero su talón de Aquiles está hacia el mediano plazo, si es verdad que en 2008 la situación energética se equilibrará. Por ahora, ha hecho lo imposible por mantener la zanahoria de los incentivos a las empresas, pero estas siguen pujando por reacomodamientos tarifarios, los que podrían llegar en pocos y selectos casos puntuales, pero sin involucrar a los clientes domiciliarios.
En diciembre, el mes más crítico del verano, ya que hogares e industrias consumen a la vez, el inevitable chisporroteo que produjo el temido cruce de la oferta con la demanda ha comenzado a generar cortes muy precisos de electricidad y mucho nerviosismo en las empresas distribuidoras, que no saben cómo hacer para evitar lo que muchos se ven venir: que ante cualquier apagón el Gobierno les echará la culpa ante la opinión pública por la falta de inversiones.
El miércoles por la noche, ante un corte sorpresivo en Palermo, la agencia DyN anotició de un cacerolazo simultáneo a un corte en el barrio de Palermo, situación que buscaron minimizar por igual funcionarios oficiales y voceros de las empresas. Ese mismo día, un corte en la ciudad de Tucumán, que dejó sin luz a miles de usuarios, fue explicado por la empresa como una travesura de chicos, quienes habrían arrojado piedras a un aislador cerámico. Tras el problema energético, adicionalmente para el Gobierno está el efecto del aprovechamiento político de la situación y cómo evitarlo. Nadie quiere ver fotografías con velas encendidas en los diarios que le den aire a la oposición.
Lo concreto es que se ha puesto en vigencia un Comité de Crisis a línea abierta entre funcionarios y empresas, para atender rápidamente cualquier problema, y hay versiones que dicen que, a su pedido, se lo mantiene informado al presidente Kirchner sobre la situación, minuto a minuto. Lo que emparenta también los casos de los precios y la energía es la cuestión semántica, porque no hay en el Gobierno quien acepte escuchar siquiera palabras como "controles" o "precios congelados", ni tampoco "cortes programados", "colapso eléctrico" o "crisis energética", para no referir a modelos que ya supieron de fracasos. Una vez más se han preferido eufemismos que disimulen la situación o, dicho de otra manera, en ambos temas tan urticantes nadie dice toda la verdad y se prefiere barrer debajo de la alfombra las cosas que suceden. (DyN)







