Estéril debate político sobre la nocturnidad
La pelea entre juristas y alperovichistas esconde intereses sectoriales y no deja ver la arbitrariedad de una norma que, pese a todo, ha tenido cierta efectividad. Roberto Delgado - Prosecretario de Redacción.
16 Diciembre 2006 Seguir en 
La presión sobre los chicos es brutal. Lo dicen los adolescentes que van a fiestas o recitales y que denuncian que los policías les secuestran cigarrillos y encendedores. Los adultos no dicen nada. “¿Qué hay de malo con que les quiten los cigarrillos?”, se preguntan. “Total, el cigarrillo es dañino para la salud”, añaden. “Y los encendedores son baratos”, concluyen. Pero el debate necesario sobre la arbitrariedad, el avasallamiento a la libertad individual y a los derechos personales no se produce. Porque se considera que son nimiedades.Posturas parecidas esgrimen el jefe de Policía, Hugo Sánchez, y el legislador hiperoficialista Daniel Heredia, para defender la idea del gobernador José Alperovich, que hace seis meses dictó la ley de las 4 de la mañana. El comisario general Sánchez dice que disminuyeron notablemente los accidentes de tránsito y que bajaron el índice de peleas nocturnas y la cantidad de mujeres en coma alcohólico. El legislador Heredia dice que no se debe intentar modificar una ley que aún no ha tenido un tiempo de aplicación suficiente como para saber si es buena o mala.
Del otro lado están los dueños de boliches, que, asustados porque ven que en Navidad y Año Nuevo tendrán que tener cerrados sus locales -las fiestas públicas van a comenzar a las 2 y deberán cerrar a las 4- plantearon proyectos -a través de los legisladores Antonio Alvarez, Roberto Palina y Rodolfo Ocaranza- para ampliar el tope hasta las 7 y, de paso, restringir el horario de atención de las casas de juego. También se hizo el planteo ante el defensor del pueblo, pero después de la respuesta pública de Alperovich -“algunos legisladores no quieren beneficiar a los adolescentes, sólo hacen política”, dijo- es improbable que el ombudsman haga lugar a estos planteos. Las medidas legislativas, puestas en medio de la crisis política entre Alperovich y el vicegobernador Fernando Juri, están teñidas de intereses político partidarios que diluyen el análisis de la nocturnidad, la libertad y la razonabilidad de la ley. Esta, cuando tiene visos de injusticia, enerva a la impetuosa juventud. Nadie, excepto los jóvenes, reparó en la importancia de las quejas de los músicos de Divididos y de Catupecu Machu (recital en el que hubo incidentes con los policías) que querían tocar más allá de las 4 de la mañana. Mientras tanto, la gente que quiere sumergirse en el vicio del juego tiene la posibilidad de vivir sin tope horario en las casas de maquinitas.
Si los accidentes o los comas alcohólicos han disminuido, eso será una fuerte razón para el Gobierno. Aunque sea injusta esa norma autoritaria y nunca se haya debatido. Aunque nos haga quedar mal ante los turistas y afecte la gran fama que tenía la nocturnidad de Tucumán. Aunque hayan proliferado las falsas fiestas privadas y eso haya obligado a la autoridad a tener ejércitos de inspectores y policías en las calles durante los fines de semana, dedicados a la caza de infractores. Es que, en el fondo, la solución ha sido precaria: los problemas que dieron lugar a la ley de las 4 de la mañana siguen intactos.







