16 Diciembre 2006 Seguir en 
Uno de los casos más emblemáticos del problema de la inseguridad es el de María de los Angeles “Marita” Verón, que permanece desaparecida desde el 3 de abril de 2002. Según la Justicia, en las inmediaciones de la Maternidad fue secuestrada por miembros de una red de prostitución que la mantiene cautiva. La investigación llevó a que se abrieran pistas diversas sobre la oscura trama que rodea las redes de prostitución, y en el caso, que tuvo aristas muy complejas, hubo 13 procesados firmes y 11 sospechosos, que irían a juicio oral y público en abril de 2007.
La lucha casi en soledad de la madre de “Marita” ha puesto en evidencia las dificultades que hay a nivel policial y judicial para llevar adelante las pesquisas en este tipo de causas. Susana Trimarco vendió su casa para solventar la búsqueda; viajó por el país para chequear personalmente cada una de las pistas y, en más de una ocasión, la investigación se frustró por la precariedad del aparato policial y judicial. No obstante, el tesón puesto en esta investigación casi personal ayudó a descubrir otros casos similares.
La primera cuestión a analizar es que esas deficiencias se vinculan con problemas estructurales de larga data en los órganos encargados de averiguar los casos penales en nuestra provincia. Bien saben los fiscales y los viejos investigadores que es más fácil resolver un hecho de sangre vinculado a pasiones del momento, que enfrentar causas complejas en las que intervienen otros factores.
Así sucede, por ejemplo, en la pesquisa por el crimen de Paulina Alejandra Lebbos, ocurrido hace casi diez meses, y que ahora parece estancada. En esta investigación, así como en otras de amplia repercusión, como el asesinato de la jubilada Norma Guidi, quedaron en evidencia deficiencias en la tarea policial que llevaron a la pérdida o anulación de pruebas. Esta precariedad en la labor desnudó falta de protocolos y de preparación técnica adecuada en los cuadros policiales encargados de los casos. Como se sabe, fue preciso en la causa Lebbos pedir ayuda a la Gendarmería nacional para que se realicen algunas pericias de importancia.
Finalmente, en agosto pasado, la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad denunció que hay 97 casos de personas desaparecidas o que murieron en circunstancias dudosas sin resolver. En setiembre, los integrantes de este grupo se reunieron con el presidente de la Corte Suprema y el ministro fiscal y les presentaron más de 80 causas irresueltas.
La pregunta básica que corresponde hacer es si los avances en materia de seguridad -incremento de la dotación de personal en la Policía y mejoras en equipos e infraestructura- son suficientes para la resolución de casos complejos. La experiencia de estos años demuestra que no. Para comenzar a analizar la cuestión, entonces, será importante la definición sobre la competencia de este tipo de causas, que exceden, por lo general, los ámbitos provinciales y requieren de complicadas maniobras judiciales para trabajar de una jurisdicción a otra. El caso Verón, por ejemplo, llevó a investigaciones complejas en La Rioja. Las redes mafiosas actúan mucho más rápido que las estructuras de investigación. Los casos complejos, como la trata de blancas, requieren de un novedoso enfoque multidisciplinario, que debe comenzar por la adecuada capacitación de los cuadros policiales y también de los encargados de las pesquisas en el ámbito de la Justicia. Pero, sobre todo, precisan de la decisión de cambiar los esquemas, asignar nuevos recursos, capacitar y comenzar a investigar en profundidad.
La lucha casi en soledad de la madre de “Marita” ha puesto en evidencia las dificultades que hay a nivel policial y judicial para llevar adelante las pesquisas en este tipo de causas. Susana Trimarco vendió su casa para solventar la búsqueda; viajó por el país para chequear personalmente cada una de las pistas y, en más de una ocasión, la investigación se frustró por la precariedad del aparato policial y judicial. No obstante, el tesón puesto en esta investigación casi personal ayudó a descubrir otros casos similares.
La primera cuestión a analizar es que esas deficiencias se vinculan con problemas estructurales de larga data en los órganos encargados de averiguar los casos penales en nuestra provincia. Bien saben los fiscales y los viejos investigadores que es más fácil resolver un hecho de sangre vinculado a pasiones del momento, que enfrentar causas complejas en las que intervienen otros factores.
Así sucede, por ejemplo, en la pesquisa por el crimen de Paulina Alejandra Lebbos, ocurrido hace casi diez meses, y que ahora parece estancada. En esta investigación, así como en otras de amplia repercusión, como el asesinato de la jubilada Norma Guidi, quedaron en evidencia deficiencias en la tarea policial que llevaron a la pérdida o anulación de pruebas. Esta precariedad en la labor desnudó falta de protocolos y de preparación técnica adecuada en los cuadros policiales encargados de los casos. Como se sabe, fue preciso en la causa Lebbos pedir ayuda a la Gendarmería nacional para que se realicen algunas pericias de importancia.
Finalmente, en agosto pasado, la Comisión de Familiares de Víctimas de la Impunidad denunció que hay 97 casos de personas desaparecidas o que murieron en circunstancias dudosas sin resolver. En setiembre, los integrantes de este grupo se reunieron con el presidente de la Corte Suprema y el ministro fiscal y les presentaron más de 80 causas irresueltas.
La pregunta básica que corresponde hacer es si los avances en materia de seguridad -incremento de la dotación de personal en la Policía y mejoras en equipos e infraestructura- son suficientes para la resolución de casos complejos. La experiencia de estos años demuestra que no. Para comenzar a analizar la cuestión, entonces, será importante la definición sobre la competencia de este tipo de causas, que exceden, por lo general, los ámbitos provinciales y requieren de complicadas maniobras judiciales para trabajar de una jurisdicción a otra. El caso Verón, por ejemplo, llevó a investigaciones complejas en La Rioja. Las redes mafiosas actúan mucho más rápido que las estructuras de investigación. Los casos complejos, como la trata de blancas, requieren de un novedoso enfoque multidisciplinario, que debe comenzar por la adecuada capacitación de los cuadros policiales y también de los encargados de las pesquisas en el ámbito de la Justicia. Pero, sobre todo, precisan de la decisión de cambiar los esquemas, asignar nuevos recursos, capacitar y comenzar a investigar en profundidad.







