Loable iniciativa en el penal de Villa Urquiza

14 Diciembre 2006
La educación es el proceso a través del cual se transmiten conocimientos, valores, costumbres y formas de actuar. Implica también la inculcación, la asimilación cultural y moral. A través de la socialización, los individuos de una sociedad o cultura aprenden un repertorio de normas, valores y formas de percibir la realidad que los dotan de las capacidades necesarias para desempeñarse satisfactoriamente en la interacción social.
En nuestra edición de ayer, informamos que 45 internos aprendieron a leer y a escribir este año, en el penal de Villa Urquiza, a través del Programa Nacional de Alfabetización y Educación Básica para Jóvenes y Adultos en Contextos de Encierro, que se desarrolla en el marco de la educación no formal. Los penados recibieron el diploma que certifica la adquisición de una alfabetización primaria. El plan dura cinco meses, con el dictado de clases o encuentros semanales, y está destinado a jóvenes mayores de 15 años que no hayan recibido un nivel primario básico de instrucción. Una arista interesante de esta experiencia es que el plantel de alfabetizadores estuvo integrado, principalmente, por otros reclusos.
El director de la penitenciaría dijo que, antes de aplicarse el programa, el 22 % de los 1.013 presidiarios que hay en la provincia no sabía leer ni escribir y que, tras el curso, ese porcentaje se redujo a un 15 %. En esta primera etapa, el plan se desarrolló en Villa Urquiza, donde están alojados 790 reclusos. Con la segunda etapa, el año que viene, la expectativa es reducir a un 8 %.
Uno de los penados contó que era analfabeto porque había tenido que trabajar desde que era niño. "Cuando ingresé en el penal, pensé que nunca más aprendería. Al enterarme del programa, me puse ansioso y contento. Ahora puedo leer las cartas que mis hijos me mandan", le dijo a nuestro diario. El programa contó en su lanzamiento y desarrollo con el apoyo del pianista tucumano Miguel Angel Estrella a través de dos recitales, de Música Esperanza, que colabora en este plan a nivel nacional, de la Dirección General de Institutos Penales de Tucumán y de la Dirección de Educación de Jóvenes y Adultos de la provincia.
Se trata, por cierto, de una experiencia significativa desde todo punto de vista. Como se sabe, las personas internadas en las unidades penitenciarias configuran uno de los grupos sociales más vulnerables y abandonados de la población. Según la coordinadora de este Programa Nacional de Alfabetización, estos seres humanos suman a la marginación sociocultural de origen, la marginación socioeducativa y laboral de su vida y, a partir de su ingreso en el sistema penitenciario, una nueva marginación, basada en la privación temporal de la libertad, la que se constituye finalmente en un estigma indeleble ante las posibilidades de reinserción social y laboral del sujeto al finalizar su condena.
Paralelamente a esta actividad, en la cárcel de Villa Urquiza, se han implementado talleres literarios y se prevé para el año que viene la formación de un coro. Sería interesante, además, dotar a la penitenciaría de una biblioteca, un ámbito donde los reclusos puedan leer y estudiar. Hay cientos de ejemplos en nuestro país y en otros lugares del mundo, de penados que lograron obtener hasta un título universitario, rindiendo libres las materias.
El hecho de que un ser humano se convierta en un delincuente se debe a que no tuvo, en la mayoría de los casos, la posibilidad de estudiar. Sólo con educación se puede escapar de la marginalidad. La educación es liberadora y, en ese sentido, es fundamental para que el hombre construya su propia dignidad y su destino.
















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