13 Diciembre 2006 Seguir en 
SANTIAGO.- “Se fue, se fue mi general”, lloraba inconsolable una mujer madura y vestida de rojo, mientras miraba cómo la carroza arrastrada por dos poderosos caballos que portaba el ataúd con los restos del dictador Augusto Pinochet se perdía tras una esquina de la Escuela Militar de Santiago.
“Tengo mucha pena”, repetía, mientras enjugaba sus lágrimas y se perdía entre la multitud de familiares, antiguos compañeros de armas y adherentes que despidieron al dictador chileno. Era una entre miles de personas que llegaron hasta los patios de esa academia militar para ser testigos de la despedida, en que familiares y ex colaboradores pronunciaron fervorosos discursos para exaltar la figura de Pinochet.
Flanqueado por cuatro militares, el féretro estaba cubierto con la bandera de Chile, el gorro del ex general y el sable de O’Higgins. Luego, uno de sus hijos agregó una banda presidencial.
Después de los discursos, vítores y aplausos tres salvas de cañón sorprendieron al público. El estridente ruido daba inicio a la última etapa del funeral, en la que el Pinochet recibió los honores de ex comandante en jefe del Ejército. Vino un minuto de silencio, que fue interrumpido por un fuerte “¡Viva Chile y Pinochet!”. Entonces, el himno de los esclavos de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, sonó por los altoparlantes. Sus adherentes, que exaltan el golpe de Estado de 1973 que terminó con el gobierno de Salvador Allende, ondearon pañuelos blancos al ritmo de la canción, conocida también como el “Himno a la Libertad”.
Mujeres de todas las edades, niños, jóvenes, antiguos oficiales y parlamentarios de la derecha opositora que respaldó la dictadura (1973-90) iniciaron allí un caótico traslado hacia el patio principal de la Escuela para los homenajes militares. A través de un enorme pasillo, parte de la muchedumbre recurrió a los codazos, forcejeando para lograr una mejor ubicación.
El tumulto, sin embargo, tomó ribetes más violentos cuando la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, se retiró, escoltada por militares y policías. “¡Saquen a esta mujer de acá!”, gritaba un hombre al lado de la única representante del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en las exequias de Pinochet. “¡Ladrona, ladrona!”, gritó una mujer y decenas se sumaron, lanzando consignas y recordando un reciente escándalo de corrupción en una oficina estatal de fomento deportivo. La ministra mantuvo la expresión serena que la acompañó durante toda la ceremonia, a unos metros de la familia del dictador.
En el patio de la Escuela, la multitud de adherentes, además de cientos que se ubicaron tras las rejas para mirar desde lejos, elevaron sus manos para despedir a Pinochet. “Fue muy impactante”, dijo un joven oficinista, que faltó al trabajo.
Luego, un helicóptero trasladó el ataúd hasta la base aeronaval de Torquemada, y una carroza gris del Hogar de Cristo -una entidad benéfica católica- lo llevó al recinto del cementerio Parque del Mar, en la ciudad costera de Concón, a 130 km al noroeste de Santiago. Allí, los restos fueron cremados -pasadas las 17.30- y entregados a los familiares. (AFP-Reuter)
- PINOCHETISTAS INTENTARON agredir ayer a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, durante el acto de homenaje que se realizó al dictador en la Escuela Militar de Santiago. También hubo agresiones contra periodistas de medios nacionales e internacionales, a quienes los simpatizantes pinochetistas acusan de crear una “mala imagen” del ex general.
- LA INTENDENCIA DE SANTIAGO de Chile ordenó ayer al cuerpo de Carabineros retirar en forma inmediata todas las banderas enarboladas a media asta en señal de duelo por la muerte de Pinochet, permitido sólo en los recintos militares. El gobierno comunal dio la orden tras recibir denuncias de los vecinos sobre lo que es ilegal, según la reglamentación vigente.
- LAS EXEQUIAS del dictador chileno concluyeron sin cortejo fúnebre. Fue una simbólica coincidencia con el funeral que hace 33 años tuvo el presidente socialista Salvador Allende. El ex general fue trasladado en helicóptero hasta un cementerio cercano a Viña del Mar, sin multitudes, al igual que Allende -después de suicidarse durante el golpe que encabezó Pinochet-, que fue llevado al cementerio Santa Inés de Viña del Mar, ante la silenciosa presencia de sus familiares.
- UN HOMBRE ESCUPIO el féretro, tras hacer una prolongada cola, como tantos otros, para pasar frente al cadáver. Así lo indicaron medios locales, sin que se obtuvieran precisiones sobre el hecho. (afp-reuter).
“Tengo mucha pena”, repetía, mientras enjugaba sus lágrimas y se perdía entre la multitud de familiares, antiguos compañeros de armas y adherentes que despidieron al dictador chileno. Era una entre miles de personas que llegaron hasta los patios de esa academia militar para ser testigos de la despedida, en que familiares y ex colaboradores pronunciaron fervorosos discursos para exaltar la figura de Pinochet.
Flanqueado por cuatro militares, el féretro estaba cubierto con la bandera de Chile, el gorro del ex general y el sable de O’Higgins. Luego, uno de sus hijos agregó una banda presidencial.
Después de los discursos, vítores y aplausos tres salvas de cañón sorprendieron al público. El estridente ruido daba inicio a la última etapa del funeral, en la que el Pinochet recibió los honores de ex comandante en jefe del Ejército. Vino un minuto de silencio, que fue interrumpido por un fuerte “¡Viva Chile y Pinochet!”. Entonces, el himno de los esclavos de la ópera Nabucco, de Giuseppe Verdi, sonó por los altoparlantes. Sus adherentes, que exaltan el golpe de Estado de 1973 que terminó con el gobierno de Salvador Allende, ondearon pañuelos blancos al ritmo de la canción, conocida también como el “Himno a la Libertad”.
Mujeres de todas las edades, niños, jóvenes, antiguos oficiales y parlamentarios de la derecha opositora que respaldó la dictadura (1973-90) iniciaron allí un caótico traslado hacia el patio principal de la Escuela para los homenajes militares. A través de un enorme pasillo, parte de la muchedumbre recurrió a los codazos, forcejeando para lograr una mejor ubicación.
El tumulto, sin embargo, tomó ribetes más violentos cuando la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, se retiró, escoltada por militares y policías. “¡Saquen a esta mujer de acá!”, gritaba un hombre al lado de la única representante del gobierno de la presidenta Michelle Bachelet en las exequias de Pinochet. “¡Ladrona, ladrona!”, gritó una mujer y decenas se sumaron, lanzando consignas y recordando un reciente escándalo de corrupción en una oficina estatal de fomento deportivo. La ministra mantuvo la expresión serena que la acompañó durante toda la ceremonia, a unos metros de la familia del dictador.
En el patio de la Escuela, la multitud de adherentes, además de cientos que se ubicaron tras las rejas para mirar desde lejos, elevaron sus manos para despedir a Pinochet. “Fue muy impactante”, dijo un joven oficinista, que faltó al trabajo.
Luego, un helicóptero trasladó el ataúd hasta la base aeronaval de Torquemada, y una carroza gris del Hogar de Cristo -una entidad benéfica católica- lo llevó al recinto del cementerio Parque del Mar, en la ciudad costera de Concón, a 130 km al noroeste de Santiago. Allí, los restos fueron cremados -pasadas las 17.30- y entregados a los familiares. (AFP-Reuter)
Repercusión internacional
- PINOCHETISTAS INTENTARON agredir ayer a la ministra de Defensa, Vivianne Blanlot, durante el acto de homenaje que se realizó al dictador en la Escuela Militar de Santiago. También hubo agresiones contra periodistas de medios nacionales e internacionales, a quienes los simpatizantes pinochetistas acusan de crear una “mala imagen” del ex general.
- LA INTENDENCIA DE SANTIAGO de Chile ordenó ayer al cuerpo de Carabineros retirar en forma inmediata todas las banderas enarboladas a media asta en señal de duelo por la muerte de Pinochet, permitido sólo en los recintos militares. El gobierno comunal dio la orden tras recibir denuncias de los vecinos sobre lo que es ilegal, según la reglamentación vigente.
- LAS EXEQUIAS del dictador chileno concluyeron sin cortejo fúnebre. Fue una simbólica coincidencia con el funeral que hace 33 años tuvo el presidente socialista Salvador Allende. El ex general fue trasladado en helicóptero hasta un cementerio cercano a Viña del Mar, sin multitudes, al igual que Allende -después de suicidarse durante el golpe que encabezó Pinochet-, que fue llevado al cementerio Santa Inés de Viña del Mar, ante la silenciosa presencia de sus familiares.
- UN HOMBRE ESCUPIO el féretro, tras hacer una prolongada cola, como tantos otros, para pasar frente al cadáver. Así lo indicaron medios locales, sin que se obtuvieran precisiones sobre el hecho. (afp-reuter).










