Investigar saltando el cerco del laboratorio

La UNT y el Conicet avanzan en la conformación de un Centro Científico Tecnológico en el que se unan esfuerzos que hasta ahora están dispersos. La Provincia. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.

12 Diciembre 2006
El martes pasado, en la sede central del Conicet, en Buenos Aires, quedaron sentadas las bases para un acuerdo en el que todos saldrán gananciosos: el presidente del máximo organismo de investigación científica de la Argentina, Eduardo Charreau, y el rector Juan Alberto Cerisola le pusieron el broche al Centro Científico Tecnológico (CCT), una figura institucional por la cual las dos entidades se asocian para encarar proyectos conjuntos, conjugando recursos humanos e infraestructura.
La iniciativa está avanzada (el Gobierno nacional promete una inversión inicial de $ 50 millones para obra) y ya se ha contemplado un predio de la UNT en El Manantial para construir el edificio de lo que sería ese nuevo núcleo de investigación científica. Con esa flamante asociación se quiere acortar las distancias entre estos dos actores estratégicos de la producción científica en la Provincia.
En Tucumán, el Conicet tiene cuatro institutos y alrededor de 450 empleados, entre investigadores, becarios y personal de apoyo. En casi 30 años, esos organismos han contribuido a que la provincia se convierta en un referente en biotecnología. La intención de quienes firmaron el acuerdo la semana pasada es que esa línea se fortalezca más aún. En cuanto a la UNT, esta viene desfinanciada en el área de Ciencia y Técnica desde 1993: han cambiado los gobiernos, pero su presupuesto de $ 3,1 millones no se ha movido desde entonces. Y el secretario Daniel Campi asegura que para poder encarar una política de investigación digna se necesitaría por lo menos triplicar esos fondos.
La nueva sociedad le permitiría una inyección interesante, por dos motivos: por un lado, los científicos del Conicet han aprendido a dialogar con la industria, con la empresa, y se han entrenado en las claves del marketing. La leche “bio” es, tal vez, el ejemplo más ostensible de ese aprendizaje exitoso. Un aprendizaje que sin duda la Universidad- que no sabe “venderse” -debe recorrer. Por otra parte, en los últimos años, el ente que manejó la mayor porción de la torta destinada a la investigación científica fue -y sigue siendo- la Agencia Nacional de Ciencia y Tecnología, y no por la Secretaría de Políticas Universitarias, de la cual dependen las universidades. De modo que los fondos que no ingresan por una puerta ingresarían por la otra.
Puede sonar a historia vieja, pero el año 1966 -el del onganiato- fue la bisagra entre la Universidad generadora de investigación y la Universidad que desde entonces lucha como puede por mantener una tradición de excelencia en el rubro.
En este diseño -que se consolida bajo la conducción de Daniel Campi como secretario de Ciencia y Técnica de la UNT, pero que empezó a trazarse durante la gestión del anterior secretario, Faustino Siñeriz- está la tercera pata, la Provincia. Si todo sale como se piensa, ese actor ingresará en una tercera etapa, una vez que el centro de investigación académica dé el salto hacia la conformación de un polo o parque tecnológico. En otras palabras, cuando el fruto de la investigación salte del laboratorio a la producción.
Mientras tanto, la UNT y el gobierno provincial- que tiene en su secretaria de Ciencia y Tecnología, Rita Wasserman de Cunio, a una mujer que viene del riñón de la UNT - asociados en un proyecto por el que apuestan fuerte: convertir a Tucumán en una provincia generadora de biocombustible.
Los institutos del Conicet nacieron en la década de 1980, durante la última dictadura militar, y hay quienes interpretan que esos centros nacieron en su momento con el fin de aislar a la Universidad del resto de la sociedad. Si ese fue el cometido, lo lograron en parte, ya que -aun cuando muchos de sus investigadores y becarios estudian o enseñan en la UNT- se percibe que los institutos se han esforzado por demarcar su autonomía respecto de la casa que creó Juan B. Terán, lo que no invalida la excelencia de su producción.
En este contexto, otro ingrediente auspicioso en el ámbito de la política de Ciencia y Técnica de la UNT es la creación del Centro de Estudios Sociales, que en un principio nuclearía a 45 investigadores de distintas disciplinas. Detrás de esa nueva criatura está el sello de Campi, el primer secretario de Ciencia y Técnica de la UNT que no viene de las llamadas “ciencias duras”, en mucho tiempo. Ese esperado espacio de crítica y de reflexión se presentará en sociedad en el año 2007 con el congreso “a 40 años de 1966”. Todo un símbolo, porque esa es, precisamente, la época cuando comenzó a gestarse la transferencia de la producción científica de la Universidad al Conicet.















Tamaño texto
Comentarios