El país de la víspera
Por Carlos Werner, Redacción de LA GACETA. Los caminos erráticos de la economía dejaron cautivos a una gran cantidad de niños y de grandes en una realidad sin oportunidades, dispar y descuidada.
10 Diciembre 2006 Seguir en 
Cada noche, ella es una más del grupo familiar que desarma cajas de cartón, recoge botellas de plástico y mete mano a cuanta bolsa de residuos se amontonan en Mendoza y Junín para después colocarla en un camión compactador. Hasta que eso ocurre, juega inocente -con su tal vez año y medio de vida- frente a los peligros ocultos que acechan entre los residuos. La zona es su pelotero a cielo abierto, su laberinto diario. No lejos de ella, la contempla su hermanito, un bebé sentado simpáticamente sobre un destartalado cochecito. Los últimos pasos apurados de quienes vuelven a sus hogares se dejan oír. También un letánico “...¡y es un bombón asesino!...” que sale desde quién sabe qué aparato puesto a saturado volumen sobre un carro tracción a sangre.Helenita nació en Tucumán hace nueve años, pero hace seis, sus padres se la llevaron a España, echados por una economía acribillada por los planes de Cavallo y Cía. Hace pocos días, en su segundo regreso, puso carita de asustada ante un “¿cómo ves a la ciudad donde nacieron tus papis”? Superada la “envergadura” de la pregunta, tomó aire y en un español-español genuino, dijo: “pues, veo menos basura que antes. Pero he visto más gentes pobres. ¿Hay alguien que los pueda ayudar?”.
La Argentina de los contrastes, de las disparidades, de las desigualdades, de la falta de oportunidades, del descuido, del camino errático es una endemia que nos pone en una cíclica cuarentena ante el mundo. Ataca en mayor o menor medida según el rincón que se transite del país. Y los peores efectos se sienten preferentemente en el NOA y en el NEA, donde las defensas están bajas y las recetas de los doctores sólo prescriben aspirinas.
Lo de las oportunidades laborales es todo un tema. Desde esferas oficiales se asegura que se está recuperando el empleo; desde las privadas, que hay cada día menos trabajadores en negro. Pero no se puede soslayar que, en el primero de los casos, se trata en su mayoría de trabajo de baja calificación, con sueldos básicos -por extensión, sólo paliativos-. Que haya cada vez más gente que se dedique al comercio ambulante no es una señal, digamos, positiva. Y en el segundo punto, la ecuación es simple: personal efectivo, más horas de trabajo y mayores responsabilidades... por el mismo salario. Ya ni hablar de capacitación y desarrollo.
Son muchas las víctimas de los sistemas económicos tramposos que dominaron la escena argentina en años recientes. Esos de los libertinajes crediticios, de las aperturas financieras cuya letra chica no todo el mundo leyó como debía. “Prestamos medio millón sin papeles, sólo sonría”; “le armamos la carpeta a medida para que le financien lo que quiera”; “¿firma afectada? ¡no importa!”.
De esas simples y rápidas tramitaciones sin respaldo picaron quizás los padres de la más pequeña, sus tíos, sus abuelos. Se endeudaron y cambiaron las reglas, los bienes adquiridos se convirtieron en males y los lanzaron a las calles. Los de Helenita pasaron por su propio calvario. El trabajo bien remunerado de papá se terminó, el corralito hizo estragos con los ahorros y luego no hubo mucho por hacer, salvo irse, con dinero prestado.
Las dos tucumanitas crecerán distintas. Puede que una salga de su miseria y tenga sus oportunidades. Puede que la otra vuelva al país y dé una mano con ideas y con acciones para lograr que de los errores del pasado surjan salidas. Hoy, tal cual están las cosas, el mismo lugar que las vio nacer las separa. Paradojas de un país que siempre está en la víspera.







