Hubo una importante consolidación democrática

Punto de vista. Por Jorge José Torres - Director del Posgrado de Magíster en Relaciones Internacionales - UNT.

10 Diciembre 2006
América Latina está concluyendo un año pleno de intensos procesos electorales y la mayoría de los países han consolidado una de las formas primarias pero necesarias de la democracia: la elección periódica de sus autoridades. En Venezuela, el último de estos procesos, Hugo Chávez alcanzó un previsible triunfo, reafirmando su poder por seis años más.
Desde la perspectiva de la consolidación democrática, 2006 ha sido un año harto positivo, comparado con las décadas de inestabilidad, dictaduras, golpes militares y otras manifestaciones políticas perniciosas que, no muchos años atrás, eran parte de las imágenes habituales en nuestros países.
Durante todo el año, la prensa de EEUU nos abrumó con análisis políticos sobre la evolución de la región, muchos de ellos superficiales y generalizantes. Los candidatos, con conmovedora simplicidad, eran rotulados izquierdistas, populistas, derechistas, progresistas, liberales, conservadores, pro o antinorteamericanos, entre muchas otras adjetivaciones, fruto de un gran desconocimiento sobre las particularidades de cada país. Tal vez, lo que no ofrece duda es que, en los últimos años, a cualquier político latinoamericano le ha resultado una tarea ciclópea encontrar coincidencias políticas con los EEUU, en un período donde la potencia hegemónica mostró el mayor desinterés por la región, su presente y su futuro. Recordemos, como una muestra elocuente por sí sola, el caso patético de Vicente Fox, ex presidente de México, socio en el NAFTA, atribulado y sin respuesta ante la "creativa" opción Bush para resolver el problema de la inmigración mexicana: crear un muro.
Otro aspecto evidente en este 2006 es el desarrollo en todos los países de políticas económicas alternativas a las diseñadas a partir del Consenso de Washington y las vulgarmente denominadas "concepciones neoliberales".

Otros resultados
No es una cuestión ideológica; es un problema de resultados. Las reformas de los 90 tuvieron para América Latina consecuencias fuertemente negativas: aumentó la desigualdad, el desempleo, la pobreza y la marginación. Los argumentos teóricos se desmoronan cuando la realidad nos golpea en la cara. Aunque no todo es color de rosa, hoy los gobiernos de la región sostienen el desarrollo de políticas que satisfagan las demandas de la sociedad, con una apuesta mayor por la igualdad y la equidad.
Finalmente, 2006 nos deja la imagen de una sobreestimación del rol político de Venezuela en la región. Chávez es un político audaz y no tiene un pelo de tonto: transformó "verbalmente" a los EEUU (su socio comercial) en su enemigo, el "enemigo necesario" que todo buen político necesita para crecer, y EEUU respondió ingenuamente a esa provocación. Ello le permitió desarrollar al presidente venezolano una extraordinaria base de lanzamiento a sus diatribas antinorteamericanas, con una imagen de poder superior al de que efectivamente dispone. No obstante, Argentina y Brasil están poniendo límites al crecimiento político de Venezuela: manifiestan coincidencias en muchos campos, aceptan su importancia en el sector energético y su inserción como socio en Mercosur. Pero sostienen la fortaleza regional del eje Brasilia - Buenos Aires y el desarrollo de políticas propias con los EEUU, sustentadas en el principio "diferencias sí, conflictos no". El relevo del embajador venezolano, Roger Capella, fue un buen ejemplo de esta política. (Especial para LA GACETA)