Discursos gloriosos, pero falaces
El arribo del presidente venezolano tiene un tinte discordante. La llamada Comunidad Sudamericana germinó en la cancillería brasileña, tras la visita de Bush a Brasilia. Por Angel Anaya - Columnista.
07 Diciembre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- La visita de Hugo Chávez suena un tanto discordante si se observa que al día siguiente Néstor Kirchner desistiría de viajar a Bolivia para asistir a la II Cumbre Sudamericana, una ambigua alianza promovida por Brasil para fortalecer su liderazgo regional, con el apoyo en su momento de Eduardo Duhalde. El Presidente argentino no la ve en consecuencia con buenos ojos y suma así con ello otra desconfianza en la política regional, generalmente cargada de discursos gloriosos que no se llevan bien con los hechos. Paradójicamente, de todos los abrazos y compromisos torno de nuevas creaciones que, como la del gasoducto Venezuela-Argentina- pueden alcanzar lo fantasmagórico, la única institución regional ratificada en el tiempo es el Mercosur, pero lo hace con tantas dificultades que ha dejado virtualmente de representar confiadamente a la región ante la comunidad internacional. De poco han valido las pomposas hermandades ideológicas que siguieron a las urnas entre Buenos Aires y Montevideo, de Kirchner-Lula, como de Evo Morales y su colega argentino, pues de tanto en tanto los hechos demuestran que en ese orden hay más incertidumbres que certezas ¿Acaso puede asegurarse que Kirchner es una personalidad de la izquierda, cuando aplica una renovada praxis a su zigzagueante política exterior? ¿Qué moneda es esa donde la contracara de Chávez suele ser Bush? La semilla de Itamaraty
Por otra parte, no debe olvidarse que la Comunidad Sudamericana germinó en la cancillería de Itamaraty después de la visita de George W. Bush que, a su regreso de la escandalosa cumbre interamericana y la contracumbre de Mar del Plata con calor oficial, donde quedó malparado al presidente norteamericano, se detuvo en Brasilia. Fue entonces que el poderoso de la Casa Blanca proclamó ante Lula Da Silva el liderazgo de Brasil en la región. A partir de aquella situación, las relaciones del brasileño con su colega argentino estuvieron lejos de marchar por los históricos carriles del Mercosur. Después, el conflicto de las papeleras demostró que ni siquiera las relaciones históricas argentino-uruguayas valen para crear un espíritu regional. No hay cálculos ni presunciones posibles para vaticinar el destino de relaciones tan frágiles, si se piensa que la corona española viene a ser la tabla de salvación de vecinos como los rioplatenses. Ahora, nuevamente, se observa al cauto embajador del rey Juan Carlos haciendo poco menos que un milagro que el presidente Tabaré Vázquez no acepta si siguen los cortes y Kirchner no impide, con esa peculiar tesis que prohíbe pero no impone, así se trate de preservar una frontera. Imprevisibilidad, pues, y no certeza, sigue siendo la condición más notoria de nuestras políticas regionales. (De nuestra Sucursal)







