Evolución del contralor y debates sobre el poder

El oficialismo legislativo esquiva la creación de una comisión investigadora de la cuenta de inversión. El ministro de Economía ejecuta visitas tranquilas y dice cosas que inquientan. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.

07 Diciembre 2006
La palabra “contralor” exhibe una valiosa evolución. En el siglo XVII, designaba al interventor de gastos y cuentas en la Casa Real y el Ejército (Joan Corominas, Breve Diccionario de Etimología de la Lengua Castellana). Más adelante, aludía al trabajador encargado de las comprobaciones administrativas. Y, más recientemente, refiere al “doble registro que se lleva en la administración para la verificación recíproca”. Pero tan revelador como el paso del empleado contable a la función de control efectivo y documentado, son los vocablos con los cuales “contralor” está emparentada, a partir del adversativo “contra”. Aparecen, por ejemplo, contrapunto, contrario, contrarrestar, contraseña, contraste, contraposición, contratar y contrariedad.
Esta última refiere, ineludiblemente, al resultado de la última visita a la comisión de Hacienda de la Legislatura del ministro de Economía, Jorge Jiménez. Es quien en 2004 viajó a Buenos Aires el día en que debía ser interpelado por los parlamentarios. Lo citaron luego de que desautorizara públicamente una negociación salarial del vicegobernador Fernando Juri -ejercía interinamente la gobernación- con gremios estatales. El funcionario había dicho entonces que se pararían las obras -que no se frenaron- si se acordaba un aumento de sueldos -que luego sí dieron-.
Jiménez fue cálidamente recibido el lunes pasado. De hecho, hubiera sido un picnic, de no ser por la lluvia y por el opositor Alejandro Sangenis, quien preguntó dónde estaban los ahorros del Gobierno. Le contestaron que están en cuentas corrientes. Esas que no devengan intereses. La inflación carcome a diario los recursos del contribuyente. Esta última palabra también es familiar de contralor. Al igual que contratiempo, contrayente, contrahecho y contravención.
Terminó a los besos y abrazos. Y se fue para decirle a la prensa que no hay que preocuparse por los informes del Tribunal de Cuentas sobre las cuentas de inversión: hace 34 años que dicen lo mismo.
La mala suerte debería querellar a quienes la culpan de que la provincia esté fundida y endeudada.
Adentro, el anfitrión y presidente subrogante de la Cámara, Fernando Juri Debo, declaró ese día que probablemente no conformen la comisión especial que prevé la Ley de Administración Financiera (de la que José Alperovich tiene derechos de autor) para investigar las rendiciones del Ejecutivo. Sería útil, por ejemplo, para aclarar cómo hicieron para que en 2005 aumente la deuda pública y la afectación de la coparticipación federal pese a contar con $ 721 millones más que en 2004. Eso sí, aprobarán el Presupuesto 2007 antes del 31. Y felices las fiestas.
En lugar del organismo parlamentario, prefigurado por el artículo 109 de la ley 6.970, hasta se baraja la posibilidad de engendrar una comisión de seguimiento de la cuenta de inversión, pero que no tendría potestades investigativas. Ese famoso brebaje institucional que no es chicha ni limonada.
Claro, también está en veremos, porque puede que la comisión de Hacienda (como se dijo oficialmente el lunes) se contente con un informe que Jiménez (qué amable) dejó en mesa de entradas. Se ve, daría igual un escrito del ministro que un grupo de parlamentarios con fueros, y con asesores especializados, investigando las erogaciones de la administración central.
Pero, por más exhaustiva y menos antojadiza que sea la presentación del funcionario, hay cuestiones que sólo el parlamento puede indagar. Porque, en definitiva, ¿qué va a decir Jiménez de las cuentas extrapresupuestarias que no maneja; de ese presupuesto paralelo que no controla; de esos cientos de millones que administran los otros ministros de Economía? ¿Conoce las rendiciones de cuentas de las 93 delegaciones rurales, que la Secretaría de Coordinación con Municipios y Comunas no remite al Tribunal de Cuentas desde hace años, según denunciaron los propios contadores fiscales? ¿Por qué los ahorros del Gobierno no devengan intereses para el erario pero, contrariamente, son usados por la banca para prestárselos a los empleados públicos al 26% anual?
Parientes de contralor, por cierto, son control, contrición, contrincante, controversia y contubernio.
En los tiempos en que Esteban Jerez era fiscal anticorrupción, ya se habría abierto una causa penal de oficio con el informe sobre la cuenta de inversión 2005. Porque, en promedio, hay un incumplimiento de deberes de funcionario público por página. Presuntamente, claro está. (Contrapeso, contraluz, contramarcha, contrapelo, contraproducente...)

El pariente del recinto
Contrariamente a lo que pretende el oficialismo parlamentario, lo que está en debate no es una cuestión monetaria, que se zanja con verificar si coinciden las cifras de lo que entró, lo que salió y lo que quedó. Menos aún se trata de un mero asunto de imputación y de contabilidad pública, como le encantaría al Ministerio de Economía (al oficial, ese que lleva los papeles de la gobernación). Esta es una discusión de poder. Administrar los recursos del pueblo es todo un poder. Y controlar esa tarea es otro. Por eso y para eso, como plantea ese libro titulado “Constitución”, los poderes del Estado están divididos.
El Ejecutivo debe ajustar el manejo del presupuesto a lo que las normas mandan. Y el parlamento debe exigir que así sea. “Recinto” tiene como raíz el latinazgo “cingere”, que da origen sólo a un vocablo contemporáneo más: “ceñir”.


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