Dibujando un nuevo orden

El jefe de Estado, el gran elector, definió ya que su vicepresidente peleará por la gobernación de Buenos Aires. El diálogo no es la herramienta preferida de Kirchner. Por Angel Anaya - Columnista.

05 Diciembre 2006
BUENOS AIRES.- Deberá pasar un tiempo, acaso marzo o abril, para que la oposición acuerde sobre sus candidatos presidenciales y a gobernadores. Ese debate tendrá seguramente una influencia partidaria que eventuales alianzas no podrán eludir.
Al otro lado, el oficialista, la ausencia del partido es ya un hecho consumado, pues existe un virtual poder absoluto, un gran elector, que establece el orden de candidaturas al que el anticipado candidato para la gobernación bonaerense, Daniel Scioli, ha definido como el capitán, y que el ministro del Interior, Aníbal Fernández, también aspirante, se ha juramentado a acatar como un soldado. Hace ya tres años que Néstor Kirchner se comprometió a reformar el sistema representativo y de partidos. Pero con todo el poder que reunió después, mediante el Congreso, archivó el tema y se dedicó ahora a armar su rompecabezas electoral haciendo caso omiso de las organizaciones intermedias de la democracia. No se trata de una estrategia oculta, sino pública y notoria, que en la cumbre oficialista se reconoce y acata como tal, pero que no resulta posible asegurar cómo culminará. Es decir, si apunta a un poder político tan centralizado como el económico y que, inexorablemente, tras las elecciones, derive en una reforma constitucional que lo formalice.

La mudez del Congreso
El gran elector, por cierto, sólo negocia cuando la contraparte acepta de antemano sus decisiones, en cuyo caso hace alguna concesión que no altera su concepción del problema. Si no es así, no hay diálogo en ninguna dirección, tal cual está demostrando la huelga del campo, de la que el ministro del Interior acaba de afirmar que tiene “una profunda vocación política”, y la de Economía, Felisa Miceli, que carece de entidad económica. El diálogo, como se observa, no es tampoco herramienta negociadora del gran elector, que ha rechazado tácitamente una relación solicitada por las entidades rurales, respondiendo en los hechos con la decisión de imponer unilateralmente el criterio oficial en el conflicto. En medio de ese panorama donde se advierte que el poder presidencial es innegociable en toda condición, el Congreso trabaja afanosamente para poner fin al año parlamentario sin que voz alguna entre la mayoría solicite, al menos, un informe al Poder Ejecutivo sobre la crisis con el campo, ya que no una interpelación. Kirchner está tan seguro de que tal cosa no ocurrirá como de que, finalmente, impondrá su dura teoría del cerrojo a cualquier propuesta rural que pueda alterar su  artificiosa barrera antiinflacionaria. Tanto la negativa a negociar con el campo, como el descarte de los partidos para nominar candidatos, son dos sólidos testimonios que sugieren un nuevo orden institucional, tras el eventual resultado de las urnas. (De nuestra Sucursal)













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