Mejores perspectivas para la citricultura

Tras dos años de malas campañas, la situación del limón tiende a mejorar. Quedan desafíos, como reingresar a EE.UU. y lograr un ordenamiento de la exportación. Por Fernando García Soto - Redacción LA GACETA.

04 Diciembre 2006
Hacia dónde va la citricultura tucumana? A la vista de la situación actual del sector, tras dos años seguidos de una fuerte crisis que afectó principalmente a los productores independientes que venden su fruta para el procesamiento industrial, sería tal vez difícil aventurar una respuesta positiva. Sin embargo, se vislumbra alguna luz tenue al final del oscuro túnel.
Un diagnóstico sobre la situación del sector -en el que coincide la mayoría de citricultores- sería el siguiente: algunos negocios específicos de algunas grandes empresas del sector y las perspectivas que generaban la posibilidad de invadir el mundo con el mejor limón del planeta llevaron a que la actividad fuera objeto de una gran expansión territorial, al punto que en 10 años la superficie con el cultivo creció nada menos que en 10.000 hectáreas, hasta llegar a las actuales 33.000 hectáreas implantadas con limoneros. Por otra parte, al ser la citricultura una actividad de fuerte impacto en el mercado mundial, ya que sus productos en fresco y procesados se exportan mayoritariamente, resulta afectada por los vaivenes que surgen en los mercados externos. Así, una sobreoferta mundial de limones en fresco, o de sus derivados, resiente seguramente los precios que nutren al sector tucumano, como sucedió en las dos últimas temporadas con la cáscara deshidratada, el jugo concentrado y los aceites esenciales de limón. Y para rematar, en algunos de los países a los que se destina la producción de nuestra provincia se las ingenian para obstaculizar la normal comercialización de los cítricos y sus derivados, lo que acrecienta la incertidumbre en que se desenvuelve la actividad.
El negocio de la citricultura se basa en una ecuación que incluye la venta en fresco para exportación y de fruta para industria. De esta manera, un productor que sólo entrega sus cítricos para el procesamiento industrial depende sólo de una variable para el éxito. En cambio, además de eso también exporta, tiene chances de lograr buenos dividendos por un lado, pese a que tal vez por el otro comercialice a pérdidas, como viene ocurriendo con la venta de fruta para industria. El problema es que en Tucumán no todos exportan -se vende al exterior solamente un 30% de lo que se produce-, lo que torna vulnerables a quienes destinan sus limones exclusivamente para la elaboración de derivados. Entre estos últimos hubo en las dos últimas temporadas productores que se vieron obligados a arrendar sus campos o directamente a sacarlos de circulación, en un proceso de depuración de la actividad que aún no concluyó.
Según los citricultores, en 2007 podría ir mejorando gradualmente la situación de la actividad, debido a que se vislumbra una mejora en los precios de los derivados del limón, lo que podría redundar en mejores valores de la fruta para la industria. Y pese a que se espera una cosecha importante en el hemisferio norte, en especial de España y de Turquía, los empresarios del limón están convencidos de que la presencia de la fruta tucumana en los mercados externos está consolidada, y que la calidad siempre termina imponiéndose. En esta etapa de la campaña citrícola hay mucha más confianza sobre lo que puede ocurrir a futuro que la que se observaba a igual fecha del año pasado. Quedan asignaturas pendientes para 2007, como el que las empresas que exportan jugo de limón deberán demostrar en Estados Unidos que no venden este producto en ese país a precios de dumping (por debajo de sus costos) -como denunció la gigante cooperativa Sunkist- y nada menos que la etapa final del proceso para recuperar el apetecible mercado norteamericano para la fruta fresca.
Frente a un escenario un poco menos dramático de lo que podría esperarse, la citricultura tucumana aún debe resolver el máximo desafío que elude desde hace años, y que es lograr una comercialización ordenada de sus productos -especialmente, el limón en fresco- para tener cierto control de los mercados externos y lograr mejores precios. En este propósito será fundamental el rol que tendrían que asumir los grandes exportadores, que no logran ponerse nunca de acuerdo, pese a que no son más de cinco empresas.
















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