El año de los mundiales termina sin festejos

04 Diciembre 2006
En el año de los mundiales, los fanáticos argentinos del deporte en general se prepararon para vivir al máximo cada uno de los desafíos que se tenían por delante. Fútbol, tenis, hockey, basquetbol, voley, incluso hockey sobre patines, formaron parte de un menú en el que muchos vislumbraron excelentes posibilidades de llegar a la cima. Pero la realidad fue letal con los sueños nacionales y sólo el fútbol de no videntes entregó una alegría. De todos modos, cada experiencia tuvo sus contingencias y dejaron enseñanzas que deberán ser analizadas en detalle por los protagonistas directos.
No es un eslogan publicitario sostener que el tenis representaba la última esperanza de nuestro deporte para salvar el honor de un año vacío de festejos. Pero el equipo de Copa Davis, pese a haber recorrido con contundencia el camino hacia la final, no pudo quebrar el poderío ruso en su propia casa. Pero lo que la estadística no entrega a partir de 2-3 en contra, es el muy buen papel que cumplieron nuestros tenistas en la serie definitiva. Jugando sobre una superficie que no les es cómoda y frente a jugadores de reconocida capacidad, estuvieron cerca de alcanzar la meta. En suma, fue una derrota que dejó el inocultable sabor amargo de la oportunidad perdida, pero también la satisfacción de saber que hay plantel para aspirar a volver a intentarlo en el futuro. El mensaje de valentía y orgullo que entregaron esta vez los integrantes de la “legión” conmovió a todos y les dejó el crédito abierto.
Lejos de esta performance se ubicó el voley, cuya selección viajó a Japón con la intención de quedar ubicada entre las ocho primeras y terminó ocupando un lejano decimotercer puesto que lejos estuvo de la meta previa. De todos modos, al tratarse de un equipo en formación y que hace pocos meses retornó a la competencia internacional, es que no se puede caer en la crítica feroz sobre lo mostrado por los jugadores entrenados por Jon Uriarte.
El hockey femenino dio la cara de ese deporte en las citas mundialistas; Las Leonas salieron terceras en el Mundial de España, mientras que los caballeros llegaron a un anodino décimo lugar en Alemania. El bronce que obtuvieron las chicas fue un paliativo tras quedarse sin chances de llegar a la final, un objetivo que las entrenadas por Gabriel Minadeo se habían planteado casi en exclusividad. El mismo papel les cupo a las chicas del hockey sobre patines, que llegaron terceras en Chile.
Los deportes que más expectativas despertaron fueron el fútbol y el basquetbol. Pero el sexto puesto del primero en Alemania y el cuarto del segundo en Japón echaron por tierra con todos los sueños de éxito que se habían abrigado. Ambos representativos tenían con qué para enfrentar sus desafíos. Pero les faltó el empuje final para escalar más alto.
La falta de ambición y de iniciativa en los momentos decisivos aparece como el denominador común del porqué Argentina no logró éxitos internacionales resonantes en su participación en competencias colectivas, salvo la ya planteada conseguida por Los Murciélagos, en un mundial que se desarrolló en nuestro país. Da la sensación de que en varias actividades se estuvo a punto de dar el golpe, pero siempre faltó algo. Pero el rótulo tantas veces puesto de “campeones morales” ya casi no cabe en los tiempos que corren. La alta competencia, cada día más condicionada por el resultado, exige que los mejores pongan todo en cualquier circunstancia; pero, fundamentalmente, cuando se está al frente de una cita ecuménica .
En el año de los mundiales, Argentina sufrió más de lo que festejó. Pero, tratándose de deporte, es bueno saber que siempre hay desquite.















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