Surge un tapado

Por Carlos Abrehu, Secretario General de Redacción. Edmundo Jiménez demostró ser un eficiente tejedor de alianzas con el frente sindical.

03 Diciembre 2006
La atmósfera política se recarga de tensiones. El sentido agonal de la política prevalece cuando está por concluir el año. Cada vez se afianza más la idea de que el oficialismo no mantendrá el binomio que administra la provincia en las elecciones de 2007. José Alperovich no cede la iniciativa y se enzarza en polémicas diversas, dentro y fuera del territorio peronista. Siempre dispuesto a fracturar las potenciales concertaciones que lesionen su poder, no pierde ocasión para arrimar a las dirigencias de distintos ambientes. A la Sociedad Rural de Tucumán (SRT) le arrancó el apoyo al revalúo inmobiliario a cambio de difusas promesas de revisión de los impuestos distorsivos -ingresos brutos y sellos-, justo cuando la Casa Rosada enfrenta la rebelión del campo por sus políticas económicas. Con ese gesto terminó de alejar a la SRT de una eventual confluencia con la Federación Económica de Tucumán (FET) y otras instituciones quejosas por la presión fiscal. No se privó, sin embargo, de zamarrear a las organizaciones representativas del agro, a las que acusó de impulsar un paro "en función exclusiva de sus intereses sectoriales". "Se trata de la tradicional miopía y del egoísmo de la oligarquía agraria", sentenció lapidariamente. La conducción de la Rural tucumana absorbió el golpe, sin enojarse ni experimentar sonrojo alguno. Sólo Felipe de Goizueta justificó la determinación de los ganaderos. Alperovich salió ganancioso por partida doble: retuvo a la Rural a su lado y ratificó su condición de soldado leal del presidente Néstor Kirchner. Negocio redondo, en resumen.
El gobernador terminó la semana vitoreado por las directivas de los gremios agrupados en el Frente Estatal. Los arrebatos desaparecieron mágicamente y dieron entrada a una nueva ola de los vales alimentarios. Se olvidaron de sus críticas a la prórroga del mecanismo diseñado por Alperovich cuando era ministro de Economía de Julio Miranda. El ministro de Gobierno, Edmundo Jiménez, tejió incansablemente en el mundo sindical del sector público para reducir la conflictividad social desde que asumió el alperovichismo. Ideólogo de la liquidación del Consejo Asesor de la Magistratura (CAM) y de la introducción de retoques en la organización del fuero penal, procuró no agitar las aguas en los tratos con el Poder Legislativo, aunque no siempre fue escuchado.
Fruto de ese trabajo desarrollado pacientemente entre las catacumbas, Jiménez empezó a emerger como un posible candidato a vicegobernador para 2007. Es cierto que los elencos que regentean los gremios de estatales siempre se ponen del lado que calienta el sol, pero la mención del nombre de Jiménez que hicieron en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno, traduce las simpatías que les merece el interlocutor de estos años. El ministro guardó cautela, sabedor de las tempestades internas que pueden desatarse en el competitivo mundo alperovichista.

Hipótesis que se afianza
El quiebre de la fórmula Alperovich-Juri es una hipótesis que gana terreno en los círculos más empinados del oficialismo. El gobernador sería reacio a aceptar cualquier sugestión proveniente del orden nacional que implique repetir la experiencia actual. Preferiría irse a su casa, dicen algunos. Con la lista de candidatos a diputados nacionales tendría el mismo nivel de exigencia.
La contracara de ese panorama se estructuraría a partir de otras circunstancias. La reticencia de Alperovich a reubicar a los ambulantes durante diciembre insinúa una tendencia a interpretar de manera sui generis lo que dispone la Justicia.
En la Cámara, Fernando Juri Debo, primo del vicegobernador, tampoco demostró interés en ahondar la revisión de la Cuenta de Inversión 2005, que reclaman legisladores opositores. Juri Debo es la segunda autoridad del Poder Legislativo y preside la estratégica comisión de Hacienda y Presupuesto. Esto bien puede ser parte del acuerdo de gobernabilidad que sellaron el vicegobernador y Alperovich. La cercanía de los primos permite suponer que la discusión por el destino de fondos públicos difícilmente llegue al recinto. Al minimizar las objeciones de los políticos que discrepan con el Gobierno, Juri Debo anticipa una posible baja del telón al asunto.
La Legislatura desertaría así de su misión de contralor del gasto público y la calidad institucional recibirá una nueva bofetada. De darse este paso, quedaría demostrado que el vicegobernador renuncia al uso de una herramienta reglada por la Ley de Administración Financiera, en detrimento de la transparencia gubernamental. El contribuyente jamás podrá conocer, en consecuencia, si sus pagos de impuestos son aplicados correctamente.

La desunión de los otros
El punto que amenaza con poner en tensión a la relación Alperovich-Juri es el diseño de la nueva ley electoral. El gobernador anticipó que prefiere incrustar el sistema de elecciones internas abiertas dentro de los partidos, mientras que el jurismo opta por la consulta cerrada. Si prevalece este último mecanismo dentro de la ley electoral, Alperovich adelantó que la vetará, en una demostración de fuerza incontrastable. Si se configura este escenario, el desafío que afrontará la oposición al alperovichismo es sumar los 27 votos -los dos tercios- que necesita para insistir en la sanción de la norma.
Las razones que invocan unos y otros están signadas por las conveniencias propias. Una elección interna abierta abriría las puertas a votantes de partidos afines al Gobierno que podrían influir en la determinación de los candidatos peronistas. Además, causaría gastos importantes a los partidos refractarios al alperovichismo, que se verían obligados a hacer votaciones aun cuando hubieran consensuado listas únicas. Frente a la maquinaria gubernamental que controla el alperovichismo, esos sectores disputarían posiciones en condiciones de notoria inferioridad. Los juristas creen que la elección cerrada daría preeminencia al peronista clásico. La asimetría de intereses es evidente. Quien se siente más poderoso, trata de desnivelar la situación en pro de la consolidación de su proyecto.
La división que experimenta el partido gobernante entre alperovichistas y juristas es la que más descuella en el tablero político. Pero está lejos de ser la única que afecta a los planteles partidarios de diferente denominación. Fuerza Republicana está conflictuada por el choque entre las alas de Luis José Bussi y de Ricardo Bussi Ello paraliza la concreción del acuerdo con Recrear. Los radicales están tironeados entre la necesidad de dibujar un perfil propio frente a la Casa de Gobierno y los permanentes intentos de captación de sus cuadros que despliega el alperovichismo. El otro factor que gravitará en los movimientos políticos domésticos es de orden nacional. Las fórmulas presidenciales para 2007 provocarán acercamientos y disidencias entre los socios de proyectos políticos comarcanos. El kirchnerismo interfiere activamente en las provincias. La elección se nacionalizará de entrada.


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