Kirchner y Miceli, el tiempo de la autocrítica

Por Hugo E. Grimaldi - columnista de DYN. Pese al cambio de actitudes, aún hay un paraguas gigante que impide la lluvia de inversiones.

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03 Diciembre 2006
BUENOS AIRES.- "No somos más que pasantes de la historia. Sé que me equivoco y trato de corregir permanentemente y corregiré todos los errores, porque no quiero que por ningún acto de capricho de gobierno se cometa algo que perjudique a los argentinos. Si hay algo que corregir, el primero que se va a corregir es el Presidente, como corresponde en una sociedad democrática".
Tan meritoria frase fue pronunciada en la semana por Néstor Kirchner y la misma da para teorizar, sobre todo por algunas acciones rectificativas que encaró el Gobierno en estos días, aunque el tiempo se encargará de corroborar si fueron abordadas por convicción, pragmatismo o por conveniencia electoral y si de ahora en más seguirá habiendo en el Gobierno espacio para el doble discurso y para la búsqueda del enemigo a quien culpar, dos clásicos de su accionar.
El caso Uruguay, en el cual el Presidente se permitió una peligrosa escalada verbal hacia Tabaré Vázquez, tras una insultante escalada militar del otro lado del río, fue motorizado por un episodio que montó la espeluznante declaración sobre una presunta abuela-bomba que hizo nada menos que un argentino, el esposo de la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti. Mantener a la funcionaria aún en su puesto demuestra que no siempre las correcciones de rumbo son posibles. Otro punto que se enmarca en la retórica presidencial fue el llamado, que algunos podrían calificar de desesperado y otros de muy realista, que hizo Felisa Miceli para que el año que viene llegue a la Argentina "un shock de inversiones" en cantidad y en calidad, "lo único que genera empleo y reduce las tensiones inflacionarias", dijo.
Para entender de qué se trata y de cuánto hay que corregir, bien valdría recordar una historia, que comenzó el 18 de setiembre, cuando el ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, reveló en Nueva York el interés que tenía el grupo que comanda George Soros de invertir en la Argentina, entre U$S 250 millones y U$S 300 millones, para desarrollar la producción de biocombustibles, a partir del maíz.
Con la euforia que caracteriza al Gobierno cada vez que sale al exterior, el ministro aseguró que la novedad se la había comunicado el hijo del húngaro-americano, Jonathan, quien le habría precisado que la planta se establecería en la ciudad santafesina de Venado Tuerto y que podría generar "1.300 trabajos directos y entre 8.000 y 10.000 indirectos". Dos días después, el presidente Kirchner hacía tañir la famosa campana de Wall Street.

Aquella selecta reunión
El gesto del Presidente y el de su esposa, que se potenció por algún eventual sapo que se debieron tragar por cuestiones ideológicas, enmarcó una selecta reunión que tuvieron a solas ese día en el mismo edificio de la Bolsa con una docena de empresarios estadounidenses, a cuya finalización el Gobierno no se privó de difundir por millones de dólares promesas de inversión habidas y por haber. Aunque poco se recogió en la red de los negocios, salvo ese anuncio bien concreto de Soros hijo, igualmente, aquel viaje sirvió para mostrar una imagen diferente de la administración Kirchner en el centro del poder económico mundial.
Pues bien, ahora Luis D?Elía, el ex funcionario del Ministerio de De Vido que aún figura en el organigrama de Planificación como secretario de Tierras y Hábitat Social, salió a chicanear al Presidente y a marcarle la cancha. "A nosotros este Gobierno nos vino mostrando hechos hasta que tocó la campanita en Wall Street. Ahora faltan más hechos y hay que ver si vamos hacia Washington o hacia Caracas, como queremos nosotros", disparó. Un día después, Kirchner le deseó suerte a su colega Hugo Chávez, quien va por su tercer período electoral, y volvió a decir que "ese gran país del Norte, que nos mira hace tiempo con la nuca, entienda que cuando converse con América Latina lo tendrá que hacer con el respeto de igualdad que corresponde y que nos merecemos".
En la Casa Rosada se aludió a que esas expresiones sobre Venezuela y los Estados Unidos eran una suerte de respuesta a D?Elía, algo impensable en un hombre con la personalidad del Presidente, quien no se deja apretar por nadie. Más bien, habría que sumar el párrafo a otra de las ambigüedades que se le observaron al Kirchner que busca corregir el rumbo, como el hecho de criticar a los jueces garantistas, en casi un calco del discurso de Juan Carlos Blumberg, a quienes les endilgó alta responsabilidad en la actual situación de inseguridad.
Aunque todo parezca ser jueguito para la tribuna, ya que en los hechos las relaciones con EE UU están en el mejor momento de la gestión Kirchner, los dichos y los hechos siguen sin converger en materia de clarificar la inserción internacional de la Argentina, hecho que no ayuda a abonar la situación de tranquilidad que precisa cualquier inversor local o extranjero para invertir.
En el caso particular de Soros, durante la semana se generó una operación de prensa muy ostensible a favor de un grupo nacional y en contra del magnate que partió desde usinas empresariales y mediáticas cercanas al Gobierno, aunque este se ha quedado prudentemente al margen. Su único pecado es ser extranjero.
La idea de la movida es evitar que Adecoagro, aquella misma empresa que le prometió a De Vido la inversión en biodiesel, avance en el salvataje de la lechera Sancor, opción que el propio Consejo de Administración de la cooperativa decidió encarar como la mejor, pese a que había otras ofertas locales y a la resistencia de las entidades que apoyan el cooperativismo.
Lo que estuvo claro en la intervención de la ministra de Economía es que esta vez no hizo una teorización académica del problema de las inversiones, sino que su manera de exponer la situación fue la de alguien que sabe por dónde hace agua el barco. Admitió elípticamente que hoy esas inversiones faltan o que si están, pese a las estadísticas que se agitan, resultan insuficientes.
Sin embargo, con los antecedentes relatados en el caso Soros y con otros que su propia área generó, se le hará bastante cuesta arriba conseguirlas. El caso del paro del campo resultó también un clásico, pero del mal manejo de situaciones, donde la interna que divide desde siempre el área de Agricultura ha tenido primordial responsabilidad.
No hubo inteligencia previa y se hicieron concesiones de apuro, y de esa forma se abonó la medida de los ruralistas. A la inversa de lo que pide Miceli, el episodio terminará con una manifiesta retracción inversora, al menos en el rubro cárnico. Otro de los palos de la rueda de la inversión es el inefable Guillermo Moreno, quien ha bajado un poco la guardia con la admisión explícita de algunos deslizamientos de precios en determinadas empresas que han tenido la delicadeza de consultarlo, en una situación que mucho se parecía a un congelamiento.
Sin embargo, desde hace 15 días se nota en las góndolas cierta rebelión, con una suba de precios generalizada, que se hará más evidente a medida que avance diciembre. Las empresas le echan la culpa al costo de los insumos, pero como los actores de la cadena de comercialización se comprometieron a mantener márgenes y no valores, si los productores los aumentan, ellos remarcan en el mismo porcentaje.

Conveniencia oficial
Ya se habla de lucha contra la "especulación", pero lo cierto es que al Gobierno le conviene este deslizamiento ahora, lejos de octubre y antes de entrar en un año electoral. Otro tanto podría ocurrir con el rubro tarifario que, aunque se desmienta, tendrá algún reacomodamiento pronto, con exclusión de los hogares, pero con incidencia en los índices de 2007. Aunque noviembre y diciembre lo sacudan, Moreno podrá mostrar la reducción de la dinámica inflacionaria durante 2006 como un logro. Igualmente, el funcionario no transa en su concepción de erigirse en guardián de las utilidades empresarias. Hoy, es él quien decide cuánto deben ganar, quien sube o baja el dedo y quien le pone una lápida a la estabilidad de las reglas de juego, lo único que exigen las compañías para responder al clamor de la ministra.
En tanto, Beatriz Nofal, la economista designada por el Presidente para poner en marcha la Agencia de Desarrollo de Inversiones, peregrina por la secretaría de Industria para saber qué se espera de ella, quizás desde marzo, si tiene suerte y sobrevive a las internas. Por ahora, Miceli sólo amenaza con convocar a empresarios y sindicalistas para elaborar -a la vieja usanza peronista de la planificación centralizada- un pomposamente llamado Plan Productivo Nacional. (DyN)








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