03 Diciembre 2006 Seguir en 
“Sí, hay una Venezuela dividida. El voto será, una vez más, clasista”, advirtió el tucumano Ricardo Cohen, que actuará hoy como observador electoral en ese país, enviado por la Organización de Estados Americanos (OEA).
En diálogo con LA GACETA, el especialista dijo que se observa un buen ánimo de la gente para participar de los comicios. “Los cierres de campaña fueron multitudinarios y en un clima de alegría, sin violencia. Existe la desconfianza natural que genera todo comicio, y muchísima expectativa en ambos lados, pero en general no están planteados escenarios importantes de posibles conflictos”, sostuvo.
Cohen, además, minimizó los rumores que hablan de un posible fraude electoral. “Existe confianza en la autoridad electoral. Además, la utilización de los ‘capta huellas’ ya fue aceptada por la oposición en forma pública. Con respecto a los rumores de fraude, son sólo eso: no hay ninguna presentación firme al respecto”, insistió el observador internacional.
El enviado consideró que no se vislumbran hechos de violencia, pero que las autoridades tomaron las precauciones necesarias para el normal desarrollo del acto eleccionario. Sí, en cambio, dijo que se percibe en las calles el fervor de los partidarios de uno y otro sector. “Esta es la primera vez en muchos años en Venezuela que la oposición tiene un candidato neto, claro y aceptado por todo el arco político. Eso hace que ese sector se tenga más confianza en el resultado de la elección”, afirmó.
Las elecciones en Venezuela tienen como punto de referencia, al menos a nivel de intención de voto, el 54% que tuvo Hugo Chávez en el referéndum revocatorio de 2004. Ergo, es altamente probable que ese sea el piso del electorado que lo respaldará hoy. A ello habría que sumarle que, desde el 2004, la economía de ese país creció casi el 20% (luego del colapso económico de 2001 y 2002) de la mano de un barril de petróleo que se cuadriplicó desde el 2003. La contracara es la presencia de una oposición que se ha unificado luego de una aguda dispersión, que la llevó a la abstención electoral en desafíos anteriores: el resultado, un Poder Legislativo hegemonizado por los chavistas.
¿Qué hay detrás de esta probable victoria de Chávez? Sin dudas, un fuerte carisma: ser el reflejo de sectores fatigados y asqueados de la clase política venezolana que controló el país desde la década del 50 hasta fines de los 90; el color mestizo de Chávez y su impacto sobre la amplia población no blanca, que no se veía reflejada en las estructuras de poder, y la existencia de masivos programas sociales, educativos y de salud (consumen el 44% del Presupuesto nacional).
Estas elecciones marcarán la coronación de un proceso que, en términos militares, podría ser visto como la cuasi derrota (primer momento del golpe de Estado contra Chávez en el 2002) y la vuelta al frente de combate (su regreso al poder pocos días después). En estos cuatro años, que van del desasosiego a la euforia, se ha producido la paradoja de asistir a una Venezuela que se acerca a la categoría de “Estado villano” -para decirlo en términos de la administración Bush- al mismo tiempo que la interdependencia petrolera entre ambos países no se ha reducido. Todo lo contrario: en el 2006, Venezuela superó a Arabia Saudita como tercer proveedor de petróleo de los Estados Unidos, solamente superado por Canadá y México. Es más, un 65% del crudo venezolano tiene como destino final ese país.
Análisis más lineales
Las últimas semanas han traído algunas novedades que nos hacen pensar que la euforia existente en ciertos sectores antichavistas en América Latina y en EE.UU. deberían dar lugar a visiones más prudentes. En ese sentido, la presencia de Lula da Silva en la campaña electoral de Chávez, la victoria de Rafael Correa por un amplio margen en la segunda vuelta ecuatoriana y el cúmulo de problemas que Bush enfrenta luego de la derrota en las recientes elecciones legislativas, son factores que tienden a matizar los análisis más lineales.
Un reciente y completo informe del Council on Foreign Relation de Nueva York (Consejo de Relaciones Exteriores), centrado en la estrategia que debería llevar adelante Washington con respecto a Chávez y su revolución, subraya la necesidad de no caer en la provocaciones dialécticas del líder venezolano. Aconseja bajar el nivel de confrontación verbal, desarrollar espacios de consulta en temas como terrorismo y narcotráfico, e incrementar los niveles de consulta e interacción con países como Brasil y Argentina. Pero, en especial, puntualiza la importancia de asumir que la base de la inestabilidad política y social de la región (y la potenciación del populismo) se sustenta en los graves niveles de marginalidad, pobreza e inequidad. En una era en que la democracia es el régimen legítimo, no parece quedar otra opción realista que operar sobre los cimientos de los problemas de la región citados por este prudente informe.
En diálogo con LA GACETA, el especialista dijo que se observa un buen ánimo de la gente para participar de los comicios. “Los cierres de campaña fueron multitudinarios y en un clima de alegría, sin violencia. Existe la desconfianza natural que genera todo comicio, y muchísima expectativa en ambos lados, pero en general no están planteados escenarios importantes de posibles conflictos”, sostuvo.
Cohen, además, minimizó los rumores que hablan de un posible fraude electoral. “Existe confianza en la autoridad electoral. Además, la utilización de los ‘capta huellas’ ya fue aceptada por la oposición en forma pública. Con respecto a los rumores de fraude, son sólo eso: no hay ninguna presentación firme al respecto”, insistió el observador internacional.
El enviado consideró que no se vislumbran hechos de violencia, pero que las autoridades tomaron las precauciones necesarias para el normal desarrollo del acto eleccionario. Sí, en cambio, dijo que se percibe en las calles el fervor de los partidarios de uno y otro sector. “Esta es la primera vez en muchos años en Venezuela que la oposición tiene un candidato neto, claro y aceptado por todo el arco político. Eso hace que ese sector se tenga más confianza en el resultado de la elección”, afirmó.
PUNTO DE VISTA
Convalidando la hegemonía
Por Fabian Calle, Politólogo y docente de la Universidad Torcuato Di TellaConvalidando la hegemonía
Las elecciones en Venezuela tienen como punto de referencia, al menos a nivel de intención de voto, el 54% que tuvo Hugo Chávez en el referéndum revocatorio de 2004. Ergo, es altamente probable que ese sea el piso del electorado que lo respaldará hoy. A ello habría que sumarle que, desde el 2004, la economía de ese país creció casi el 20% (luego del colapso económico de 2001 y 2002) de la mano de un barril de petróleo que se cuadriplicó desde el 2003. La contracara es la presencia de una oposición que se ha unificado luego de una aguda dispersión, que la llevó a la abstención electoral en desafíos anteriores: el resultado, un Poder Legislativo hegemonizado por los chavistas.
¿Qué hay detrás de esta probable victoria de Chávez? Sin dudas, un fuerte carisma: ser el reflejo de sectores fatigados y asqueados de la clase política venezolana que controló el país desde la década del 50 hasta fines de los 90; el color mestizo de Chávez y su impacto sobre la amplia población no blanca, que no se veía reflejada en las estructuras de poder, y la existencia de masivos programas sociales, educativos y de salud (consumen el 44% del Presupuesto nacional).
Estas elecciones marcarán la coronación de un proceso que, en términos militares, podría ser visto como la cuasi derrota (primer momento del golpe de Estado contra Chávez en el 2002) y la vuelta al frente de combate (su regreso al poder pocos días después). En estos cuatro años, que van del desasosiego a la euforia, se ha producido la paradoja de asistir a una Venezuela que se acerca a la categoría de “Estado villano” -para decirlo en términos de la administración Bush- al mismo tiempo que la interdependencia petrolera entre ambos países no se ha reducido. Todo lo contrario: en el 2006, Venezuela superó a Arabia Saudita como tercer proveedor de petróleo de los Estados Unidos, solamente superado por Canadá y México. Es más, un 65% del crudo venezolano tiene como destino final ese país.
Análisis más lineales
Las últimas semanas han traído algunas novedades que nos hacen pensar que la euforia existente en ciertos sectores antichavistas en América Latina y en EE.UU. deberían dar lugar a visiones más prudentes. En ese sentido, la presencia de Lula da Silva en la campaña electoral de Chávez, la victoria de Rafael Correa por un amplio margen en la segunda vuelta ecuatoriana y el cúmulo de problemas que Bush enfrenta luego de la derrota en las recientes elecciones legislativas, son factores que tienden a matizar los análisis más lineales.
Un reciente y completo informe del Council on Foreign Relation de Nueva York (Consejo de Relaciones Exteriores), centrado en la estrategia que debería llevar adelante Washington con respecto a Chávez y su revolución, subraya la necesidad de no caer en la provocaciones dialécticas del líder venezolano. Aconseja bajar el nivel de confrontación verbal, desarrollar espacios de consulta en temas como terrorismo y narcotráfico, e incrementar los niveles de consulta e interacción con países como Brasil y Argentina. Pero, en especial, puntualiza la importancia de asumir que la base de la inestabilidad política y social de la región (y la potenciación del populismo) se sustenta en los graves niveles de marginalidad, pobreza e inequidad. En una era en que la democracia es el régimen legítimo, no parece quedar otra opción realista que operar sobre los cimientos de los problemas de la región citados por este prudente informe.









