La autoridad se va diluyendo poco a poco
Los roles del intendente y de los concejales capitalinos se transforman en los de obedientes ejecutores de las decisiones que toma el gobernador de la Provincia. Por Roberto Delgado - Redacción LA GACETA.
02 Diciembre 2006 Seguir en 
Hoy son los vendedores ambulantes, que se resisten a ser desalojados de las calles céntricas. Ayer eran los remises ilegales y los autos rurales que levantaban pasajeros en la propia vereda de la Casa de Gobierno. La trama encierra una situación que pone en ridículo a las autoridades, pero que revela un problema social y político complejo, difícil de resolver sin que haya heridas profundas en el tejido social.Los ambulantes son sobrevivientes. Están habituados a la incertidumbre del día a día, a vivir en la semilegalidad y a resolver situaciones inesperadas (cuando hay sol venden pilas; cuando llueve, paraguas y, cuando gana Argentina, banderas celestes y blancas). Saben que por las buenas o por las malas tienen que llevar comida a sus casas. Están en el límite de la subsistencia. Pretender quitarles su trabajo es como atacar a una leona que defiende a sus cachorros. Hay que ofrecerles, a cambio, algo semejante a lo que tenían, y para eso hace falta romper toda una estructura de ilegalidad montada a su alrededor, por más que una ordenanza y un fallo judicial exijan que sean desalojados de las calles.
Esa es la realidad, tan dura como la que permitió que hoy haya 11.000 vehículos de alquiler (entre taxis, remises y autos rurales) circulando en esta ciudad), amparados por normas que terminaron legalizando la ilegalidad y pasando por agua los controles mecánicos y las exigencias de seguros para transporte de personas. La misma necesidad de sobrevivir que la de los ambulantes, frente a la misma blandura de las autoridades.
La cuestión es, no obstante, más compleja. Los funcionarios -incluso el mismo gobernador- hablan de evitar el agravamiento de un problema social, pese a que otra percepción de las cosas hace sospechar que hay intereses fuertes escondidos detrás del sindicato que nuclea a los vendedores callejeros. Por eso fracasan siempre las políticas destinadas a erradicar la venta de discos truchos -a pesar de los operativos de la Justicia federal- así como en el pasado fracasaron los procedimientos con los que se pretendía combatir a los remises ilegales: no hace cuatro años, la Gendarmería dijo que era imposible combatir al transporte trucho, porque la cultura de la ilegalidad estaba impuesta. Hoy ya no se combate a los remises truchos: han sido legalizados.
Roles desdibujados
José Alperovich prometió que los ambulantes se van a ir después del 7 de enero y que se cumplirá la orden judicial. En aras de la paz social, volvió a intervenir sobre el programa que obedientemente llevaba a cabo la Municipalidad, y cambió sus propios planes.
No está mal que se busque la paz social y que se prometa para más adelante el empleo de la fuerza. El problema es que esta es una sociedad que cada vez se vuelve menos respetuosa de la ley, principalmente porque las mismas autoridades no sólo no la cumplen, sino que diluyen paulatinamente la significación de las instituciones. Hoy los roles del intendente o de los concejales tienen poca importancia frente a las órdenes de arriba para armar cualquier ordenanza o proyecto. Lo que importa son las decisiones de Alperovich, no programas de corto o largo plazo para mejorar las cosas. Con ese concepto, poco importa que se programe echar a los ambulantes o que se les permita quedarse, porque ninguno de quienes deban hacer cumplir la norma se sentirá responsable. Es que podría ocurrir, como ahora, que el gobernador cambiara de idea.







