Economía: bien, pero fajada

El campo se levanta nuevamente ante las restricciones a la exportación de carnes. Recortes a la Gendarmería y a la Policía Federal en el presupuesto de seguridad. Por Angel Anaya - Columnista.

30 Noviembre 2006
BUENOS AIRES.- El hervor del campo constituye en estos momentos el testimonio más concluyente de que la economía nacional luce con esbeltez, pero firmemente fajada por el poder político, que le ha diseñado una silueta seductora que distrae a las multitudes de su alto costo institucional. Las restricciones a la exportación de carnes y sus precios máximos desde marzo, tienen finalmente en los productores una reacción que los tienta a optar por la agricultura. La consecuencia es una menor disponibilidad de carne y la aparición del mercado negro, pese la mano dura del secretario del Comercio Interior, Guillermo Moreno. Sin duda que se trata de la marca kirchnerista, que exige resultados de corto o, todo lo más, mediano plazo, sin mirar más allá. Pero sabido es que entre nosotros la economía tiene ciclos cortos, entre otras razones, por estar fuertemente atada a los mercados internacionales. Vivir el presente es sin duda la norma, aun a costa de los recursos institucionales; es decir, manejando las instituciones sometidas a la economía y no al revés. De esto último dio una nueva muestra el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, quien simultáneamente y cuando se acerca el fin del año fiscal ha hecho uso de sus superpoderes sacando fondos asignados presupuestariamente a seguridad, para asignárselos a programas de obras públicas.

 Invento de la prensa
La Policía Federal y la Gendarmería son los sectores recortados y ello se condice con las afirmaciones frecuentes del ministro del Interior, Aníbal Fernández, según quien la inseguridad es un fantasma que agita la prensa.
El Gobierno siempre elude el diálogo sobre ese tema y el ministro político opta por la picardía, considerando que la represión legal está limitada exclusivamente al crimen y no, por ejemplo, a la libre expresión mediante actos como los de Gualeguaychú. Cuando finalice el año fiscal, el Poder Ejecutivo no tendrá necesidad de pensar qué pasara con sus superpoderes, pues la salida de Roberto Lavagna a fines de 2005, le permitió que el Congreso les diese a esas concesiones propias de gobiernos de facto una extensión ilimitada en el tiempo. Ahora está por llegar en el Senado la nueva prórroga de la emergencia económica, que corrobora que la esbeltez de la economía oculta una faja adecuada que puede ser modificada mediante oportunas concesiones institucionales.
La movida en materia de seguridad es igualmente otro testimonio de que el poder está convencido de que la sociedad atiende cosas antes que principios y que, por cierto, su memoria no es buena. El efecto Misiones, desde el oficialismo, está siendo visto cada vez más alejado de las necesidades electorales. (De nuestra Sucursal)










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