29 Noviembre 2006 Seguir en 
“Bajá que quiero hablar con vos; si no, subo yo y hago un quilombo”. María Fernanda Chaila escuchó la amenaza en su teléfono celular. Desde hacía semanas había decidido separarse de Lucas González. La relación era más que conflictiva, y las advertencias sobre el peligro que corrían, tanto ella como su familia si se separaban, la habían cansado. Pero, para evitar un escándalo dentro de la oficina en la que trabajaba, bajó las escaleras del edificio del Predio Ferial Norte y encontró la muerte.
Hoy se cumplen seis meses del brutal crimen. A María Fernanda la mataron el 29 de mayo. González, en un rapto de ira, cumplió con su palabra y le dio un tiro en la cabeza. La joven tenía 24 años; el domingo pasado hubiera cumplido 25. Desde el primer momento se supo que González era el que había cometido el crimen. Lo dijeron los testigos que vieron lo que había pasado ese día, poco antes de las 12. Desde entonces pasaron 185 días, y González aún no aparece.
El sospechoso, que, a veces, utiliza el apellido de su padre, Carrizo, para despistar a los investigadores, es miembro del clan delictivo “Gardelitos”. Los investigadores suponen que, como sus integrantes están radicados en distintas provincias del país, sobre todo en Buenos Aires, González podría haber estado todo este tiempo cambiando de refugio. Pero en los últimos días, a partir de información que recibió la fiscal III de Instrucción, Teresita Marnero (secretaría de Benjamín Bulacio Espíndola), los investigadores suponen que González está de vuelta en Tucumán. Ayer lo buscaron en la zona de Villa Amalia, pero no pudieron encontrarlo. Luego de que se produjo el crimen, la fiscal ordenó que la investigación quedara en manos de la Brigada Norte, al mando de los comisarios Humberto Ruezga y Francisco Picón, ya que, basada en algunos testimonios que había recibido, considera que el sospechoso mantiene contacto con algunos policías que, incluso, le habrían permitido escapar tras el homicidio. Ese mismo día, la Policía secuestró un automóvil Fiat Tipo verde, que era el que utilizaba González cuando se cometió el homicidio. Lo que nunca se pudo hallar fue el arma, una pistola calibre 9mm, utilizada para matar a la joven.
La recompensa
El Gobierno de la Nación estableció una recompensa de $ 100.000 para quien aporte datos fehacientes que permitan la detención del acusado. Este dinero se suma a los $ 15.000 que ofrece el Gobierno de la provincia. Además, cuando el ministro de Interior, Aníbal Fernández, recibió en su despacho en Buenos Aires a la madre de María Fernanda, Mary Ahumada, le prometió que la Gendarmería Nacional y la Policía Federal se plegarían a la búsqueda, acompañando a la Policía de Tucumán. Hasta ahora, los esfuerzos fueron vanos.
Cuando se acercan los 29 de cada mes, González amenaza a Ahumada a través de sus allegados. La mujer tiene custodia policial en su casa, al igual que José, su otro hijo. El acusado envía mensajes en los que afirma que matará a los familiares por la persecución a la que es sometido tras el ataque a María Fernanda.
A 185 días del crimen, la sombra de González se pasea por Tucumán. Pero a él nadie es capaz de encontrarlo.
Hoy se cumplen seis meses del brutal crimen. A María Fernanda la mataron el 29 de mayo. González, en un rapto de ira, cumplió con su palabra y le dio un tiro en la cabeza. La joven tenía 24 años; el domingo pasado hubiera cumplido 25. Desde el primer momento se supo que González era el que había cometido el crimen. Lo dijeron los testigos que vieron lo que había pasado ese día, poco antes de las 12. Desde entonces pasaron 185 días, y González aún no aparece.
El sospechoso, que, a veces, utiliza el apellido de su padre, Carrizo, para despistar a los investigadores, es miembro del clan delictivo “Gardelitos”. Los investigadores suponen que, como sus integrantes están radicados en distintas provincias del país, sobre todo en Buenos Aires, González podría haber estado todo este tiempo cambiando de refugio. Pero en los últimos días, a partir de información que recibió la fiscal III de Instrucción, Teresita Marnero (secretaría de Benjamín Bulacio Espíndola), los investigadores suponen que González está de vuelta en Tucumán. Ayer lo buscaron en la zona de Villa Amalia, pero no pudieron encontrarlo. Luego de que se produjo el crimen, la fiscal ordenó que la investigación quedara en manos de la Brigada Norte, al mando de los comisarios Humberto Ruezga y Francisco Picón, ya que, basada en algunos testimonios que había recibido, considera que el sospechoso mantiene contacto con algunos policías que, incluso, le habrían permitido escapar tras el homicidio. Ese mismo día, la Policía secuestró un automóvil Fiat Tipo verde, que era el que utilizaba González cuando se cometió el homicidio. Lo que nunca se pudo hallar fue el arma, una pistola calibre 9mm, utilizada para matar a la joven.
La recompensa
El Gobierno de la Nación estableció una recompensa de $ 100.000 para quien aporte datos fehacientes que permitan la detención del acusado. Este dinero se suma a los $ 15.000 que ofrece el Gobierno de la provincia. Además, cuando el ministro de Interior, Aníbal Fernández, recibió en su despacho en Buenos Aires a la madre de María Fernanda, Mary Ahumada, le prometió que la Gendarmería Nacional y la Policía Federal se plegarían a la búsqueda, acompañando a la Policía de Tucumán. Hasta ahora, los esfuerzos fueron vanos.
Cuando se acercan los 29 de cada mes, González amenaza a Ahumada a través de sus allegados. La mujer tiene custodia policial en su casa, al igual que José, su otro hijo. El acusado envía mensajes en los que afirma que matará a los familiares por la persecución a la que es sometido tras el ataque a María Fernanda.
A 185 días del crimen, la sombra de González se pasea por Tucumán. Pero a él nadie es capaz de encontrarlo.








