Calidad institucional y estrategia electoral
El temblor político que se produjo en Misiones obliga a la dirigencia a pensar sobre si el mensaje puede calar en los tucumanos con vista a los comicios de 2007. Por Juan Manuel Asis - Redacción LA GACETA.
28 Noviembre 2006 Seguir en 
El mensaje que irradió a todo el país el 29 de octubre el pueblo de Misiones fue claro y contundente, tanto que ni el propio presidente Néstor Kirchner pudo seguir mirando para otro lado -“el que perdió fui yo”, comentan que dijo el santacruceño-. Así es como luego hizo desistir a Eduardo Fellner (Jujuy) y a Felipe Solá (Buenos Aires) de sus intentos reeleccionistas en aras de un concepto que los misioneros se encargaron de poner en primer plano a nivel nacional: la calidad institucional, una idea que no figuraba en el imaginario popular y, por ende, menos en el de los dirigentes, acostumbrados a abusar de las instituciones para beneficio propio. Desde hace 30 días, la calidad institucional está en todas las bocas, en los escritos y en los pensamientos de la dirigencia política, porque vislumbran -y temen- que eso marque las elecciones de 2007, más allá de los millones de pesos que puedan desparramarse por todos los rincones argentinos en materia de obra pública.¿Es suficiente el temor como para que las autoridades de Tucumán tomen sus previsiones -electorales- y privilegien lo institucional por sobre lo político? Por las acciones públicas, el temblor con epicentro en Misiones se hizo sentir, aunque no lo suficiente por estos lares, porque aquí el respeto por las instituciones no está arriba en la lista de las prioridades. No está en los gestos; sólo en las palabras; y entre decir y hacer dista un trecho enorme.
Cómo se puede hablar de calidad institucional cuando no aparecen las rendiciones de cuenta de municipios y de comunas; cuando las cuentas de inversión no cierran; cuando los concejales se exceden en sus gastos sociales más allá de lo permitido; cuando desde el Estado se apuesta más a los juegos de azar; cuando la seguridad del ciudadano sigue siendo una materia pendiente del Gobierno; cuando los legisladores tienen más de 100 empleados; cuando se gobierna a través de decretos de necesidad y urgencia; cuando los controles no son eficaces y transparentes -lo que genera la aparición del famoso coimero-; cuando el consenso es un concepto casi desterrado en el diccionario de los políticos; cuando aún no se puede determinar un sistema de selección de jueces; cuando faltan los concursos e ingresan los familiares de los ocupantes del poder a los organismos del Estado; cuando el clientelismo bolsonero se volvió obsesión; cuando las licitaciones ceden a sospechosas adjudicaciones directas; cuando hay magistrados acusados por mal desempeño de sus funciones; cuando la dirigencia se olvida de sus dirigidos; cuando un sacerdote debe vestirse de político para recordarles a estos cuál es su misión. ¡Discépolo visionario! el siglo XX quedó atrás y la letra de su “Cambalache” sigue vigente.
Faltan pocos meses para los comicios que se vienen, en 2007: internas para elegir candidatos provinciales, elección provincial, internas para los candidatos nacionales, elección nacional, y posiblemente, la que puede acaparar la atención en marzo; la interna del peronismo para dirimir sus conflictos internos. ¿Alcanzará relevancia en la sociedad el valor de la calidad institucional como para que los representantes de pueblo modifiquen sus conductas, ya que se les aproxima el calendario electoral? En la clase política hay una leve preocupación porque la ciudadanía empiece a sopesar este elemento de incidencia directa en sus vidas, y lo haga valer en las urnas, mediante el castigo a los que usan las instituciones para sacarles provecho. Pero sólo leve, porque aquí los votantes son rehenes del sistema, no electores independientes.
Faltan algunos meses para develar este misterio; pero sano sería que, aunque más no fuera por las dudas, comiencen a dar prioridad a la calidad institucional, que no es otra cosa que atender los intereses de la gente y volver a poner a la política como un medio para acceder al poder a fin de cambiar la vida del ciudadano y mejorar la calidad. En las últimas elecciones pesaron más el aparato, la dádiva y menos la gestión basada en la obra pública. Después de Misiones, no parece seguro que eso permita ganar una elección. Un matemático diría que es condición necesaria pero no suficiente.







