El fútbol restaña sus heridas y sigue

27 Noviembre 2006
La marcha atrás que dio la Asociación del Fútbol Argentino en cuanto a la presencia de los hinchas visitantes en las canchas, devolvió algo de razonabilidad a la disputa del torneo de Primera división más polémico de los últimos años y, por extensión, al resto de las divisiones. Ello, junto a la aceptación de poner en marcha la quita de puntos a los clubes por episodios de violencia, arrojó en cierto modo un poco de agua para apagar el incendio que el asunto había provocado en las últimas semanas
Las decisiones surgieron a partir de un petitorio elevado por Futbolistas Argentinos Agremiados, mediante el cual dejaron en claro que no se presentarían a jugar si la medida de limitación de ingreso de fanáticos se mantenía. Y fueron un poco más allá, al solicitar que se garantice la seguridad propia antes, durante y después de cada partido.
El propio Julio Grondona reconoció como un error la decisión de prohibir el ingreso de público visitante y se mostró dispuesto a flexibilizar la medida coyuntural que sólo llegó a aplicarse durante un fin de semana. Claro que para que se arribe a la decisión, mediaron reuniones y encuentros no sólo entre dirigentes de los clubes, sino que la cuestión llegó a tratarse en la órbita de la Jefatura de Gabinete en la Casa Rosada.
En el medio de toda esta maratón de gestiones, la proyección del tema más allá de lo deportivo se pudo palpar a través de las opiniones de representantes de diversos sectores políticos: uno de ellos, el ex presidente Fernando de la Rúa -autor en 1985 de una ley en sus tiempos como senador que pena los delitos cometidos en el ámbito futbolístico-, dejó “picando la pelota” al señalar que en sus tiempos en el Ejecutivo, no se registraban hechos violentos en el fútbol de las características de los actuales. Y embistió: “los jueces, la AFA, la Policía y el Gobierno son responsables de lo que está ocurriendo”. Por otro lado, el dirigente Roberto Lavagna fue al hueso del asunto al sostener que la política está financiando a las barras bravas. En tanto, el gobernador de Buenos Aires, Felipe Solá, apuntó a la toma de decisiones unánimes y confió en que tengan extensión durante el próximo torneo. Eso sí, dejó una frase inquietante: “hay que ver si la AFA tiene las reservas técnicas, profesionales y morales para pensar un campeonato distinto”.
Esta última frase dice entre líneas algo que, para Diego Maradona, no es cierto. El polémico ex futbolista le puso nombre y apellido al problema: Julio Grondona. “Cuando se lo apura, dice: ‘cuidado, yo soy el vicepresidente de la FIFA’. Con eso nos amenaza a todos”, sostuvo.
Bueno es admitir que el máximo dirigente entendió el mensaje que la realidad le entregó y se decidió a volver sobre sus pasos, visto que las cosas podían complicarse. Sin embargo, su situación al frente de la entidad madre del fútbol nacional pasa por un momento muy difícil. En sus 27 años como titular afista, nunca estuvo tan expuesto a críticas y ataques. Queda claro que frente a este sinnúmero de matices que entregó el tema, lo único que sigue en pie es lo que todos los amantes del fútbol quieren para el futuro: un deporte mejor, en paz, con gente que les dé alegría a los estadios y haciendo a un lado a los violentos. Es indiscutible que, en una actividad tan popular como la que nos ocupa, no se puede evitar encontrar las mismas deficiencias que atacan a una sociedad. La esperanza está en que el país, aun con sus claroscuros, siempre que enfrentó una situación delicada encontró el modo de resolver el problema, atenuar sus efectos y buscar alternativas. El fútbol, como expresión pasional argentina, no debería ser la excepción.








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