26 Noviembre 2006 Seguir en 
Los obispos católicos dicen que perciben buenas señales de la Casa Rosada tras la derrota del oficialismo en Misiones, sobre todo destacan que el presidente Néstor Kirchner haya hecho público su compromiso en pro de una distribución más equitativa de la riqueza.
Se trata de un objetivo de gobierno que la Iglesia considera "una deuda pendiente" de la administración K, más allá de la mejora macroeconómica y de la reducción de los índices de desocupación, pobreza e indigencia.
"Ojalá pueda decirle al pueblo argentino que salimos del infierno y estamos entrando al purgatorio", dijo Kirchner el jueves pasado en Jujuy, a modo de promesa para un año electoral.
Fue un anuncio presidencial con connotaciones bíblicas, de una mayor equidad social para 2007, que para los hombres de la Iglesia no es -según pudo constatar DyN- sólo una utopía, sino que puede tener, si el Gobierno se lo propone, una comprobación tangible en la realidad.
Así lo afirma la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina en su último informe sobre empleo y desarrollo. "La asistencia social prevista en el Presupuesto 2007 -unos $ 8.586 millones- permitiría eliminar la brecha de la pobreza con una gestión adecuada, ya que para lograrlo vía transferencias directas del Estado se necesita un 2 % del Producto Bruto Interno", sostiene la casa de altos estudios en el relevamiento estadístico al que DyN tuvo acceso.
Los obispos también valoran que Kirchner haya tomado nota de la derrota del gobernador Carlos Rovira en Misiones y haya actuado en consecuencia, al frenar los intentos reeleccionistas de otros mandatarios provinciales. No obstante, la escasa apertura al diálogo con la oposición y la recurrente confrontación a la que apela el jefe de Estado cosecha la desaprobación de la Iglesia, que ya explicitó en documentos su preocupación por este estilo de gestión que, interpreta, impide trabajar por el bien común.
"Si priorizamos el diálogo podremos superar la excesiva fragmentación que debilita la sociedad y nos dispondremos a encontrar consensos necesarios para reafirmar nuestra identidad y crecer en la amistad social", reiteró el Episcopado el pasado 10 de noviembre.
A pesar del cambio de actitud de las partes, todavía subyacen pases de facturas, sobre todo entre Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires).
Uno, porque ve al purpurado porteño como el "líder moral" de la oposición, aunque el religioso rehuya a tal etiqueta política. El otro, porque interpreta que el primer mandatario fogoneó leyes "claramente abortistas", a pesar de las advertencias eclesiásticas. Tal el caso de la rápida aprobación legislativa de un protocolo sobre discriminación de la mujer, que los obispos evaluaron como "una venganza política" por la derrota electoral en Misiones a manos del obispo Joaquín Piña.
Este aparente clima de distensión entre Iglesia y gobierno no alcanza, sin embargo, para que Kirchner y Bergoglio se junten tras más de dos años de desencuentros.
Tampoco acortó distancias la sugerencia deslizada por la primera dama Cristina Fernández de Kirchner al entorno presidencial, para bajarle el tono a la pelea con la Iglesia y abrir contactos oficiosos.
Las segundas líneas trabajan en este sentido, pero la eventual cumbre entre los máximos referentes político y religioso del país no aparece en los planes inmediatos de ninguno, e inclusive constituyen más una expresión de deseo de sus allegados que un hecho probable.
Se trata de un objetivo de gobierno que la Iglesia considera "una deuda pendiente" de la administración K, más allá de la mejora macroeconómica y de la reducción de los índices de desocupación, pobreza e indigencia.
"Ojalá pueda decirle al pueblo argentino que salimos del infierno y estamos entrando al purgatorio", dijo Kirchner el jueves pasado en Jujuy, a modo de promesa para un año electoral.
Fue un anuncio presidencial con connotaciones bíblicas, de una mayor equidad social para 2007, que para los hombres de la Iglesia no es -según pudo constatar DyN- sólo una utopía, sino que puede tener, si el Gobierno se lo propone, una comprobación tangible en la realidad.
Así lo afirma la Escuela de Economía de la Universidad Católica Argentina en su último informe sobre empleo y desarrollo. "La asistencia social prevista en el Presupuesto 2007 -unos $ 8.586 millones- permitiría eliminar la brecha de la pobreza con una gestión adecuada, ya que para lograrlo vía transferencias directas del Estado se necesita un 2 % del Producto Bruto Interno", sostiene la casa de altos estudios en el relevamiento estadístico al que DyN tuvo acceso.
Los obispos también valoran que Kirchner haya tomado nota de la derrota del gobernador Carlos Rovira en Misiones y haya actuado en consecuencia, al frenar los intentos reeleccionistas de otros mandatarios provinciales. No obstante, la escasa apertura al diálogo con la oposición y la recurrente confrontación a la que apela el jefe de Estado cosecha la desaprobación de la Iglesia, que ya explicitó en documentos su preocupación por este estilo de gestión que, interpreta, impide trabajar por el bien común.
"Si priorizamos el diálogo podremos superar la excesiva fragmentación que debilita la sociedad y nos dispondremos a encontrar consensos necesarios para reafirmar nuestra identidad y crecer en la amistad social", reiteró el Episcopado el pasado 10 de noviembre.
A pesar del cambio de actitud de las partes, todavía subyacen pases de facturas, sobre todo entre Kirchner y el cardenal Jorge Bergoglio (Buenos Aires).
Uno, porque ve al purpurado porteño como el "líder moral" de la oposición, aunque el religioso rehuya a tal etiqueta política. El otro, porque interpreta que el primer mandatario fogoneó leyes "claramente abortistas", a pesar de las advertencias eclesiásticas. Tal el caso de la rápida aprobación legislativa de un protocolo sobre discriminación de la mujer, que los obispos evaluaron como "una venganza política" por la derrota electoral en Misiones a manos del obispo Joaquín Piña.
Este aparente clima de distensión entre Iglesia y gobierno no alcanza, sin embargo, para que Kirchner y Bergoglio se junten tras más de dos años de desencuentros.
Tampoco acortó distancias la sugerencia deslizada por la primera dama Cristina Fernández de Kirchner al entorno presidencial, para bajarle el tono a la pelea con la Iglesia y abrir contactos oficiosos.
Las segundas líneas trabajan en este sentido, pero la eventual cumbre entre los máximos referentes político y religioso del país no aparece en los planes inmediatos de ninguno, e inclusive constituyen más una expresión de deseo de sus allegados que un hecho probable.







