Actores de la realidad
Como miembros de una comunidad, tenemos el derecho y el deber de producir acciones sobre la realidad para transformarla positivamente. Por Juan Carlos Di Lullo - Redacción LA GACETA.
26 Noviembre 2006 Seguir en 
Si usted es de los que gozan de su descanso el día domingo, es probable que esté leyendo estas líneas con un espíritu algo más distendido y en un ambiente de mayor tranquilidad que el que lo rodea durante la semana. El ama de casa que frunció el ceño cuando leyó lo del día de descanso porque no puede parar ni siquiera los domingos, tiene toda la razón. Ella no sólo no descansa sino que ni siquiera puede pedir que le aumenten el sueldo, por la sencilla razón de que no lo cobra. Pero no por eso le está vedada la posibilidad de buscar un momento de distensión.Los actores estudian técnicas para dejar sus personalidades en un segundo plano y asumir las características de sus personajes. Algo similar a lo que intuitivamente hacen los chicos cuando se convierten en los héroes o los villanos de sus juegos. La fantasía de los pequeños aún no se ha hecho añicos contra la realidad, y por eso adivinan selvas, mares o desiertos en placitas, terrazas, patios o veredas desprovistas de todo misterio para la mirada de los adultos. Y esa capacidad de ver lo que en realidad no está delante de nuestros ojos no se pierde automáticamente por el simple paso de los años. En realidad, sólo el temor al ridículo -que no es un obstáculo menor, pero que tampoco es invencible- le puede impedir a usted, por ejemplo, pararse hoy frente a un espejo, y ensayar expresiones en el rostro. Imagínese enojado, feliz, enamorado, disgustado, enfermo, intrigado, sorprendido, aburrido, somnoliento -y agregue los miles de variantes que su imaginación le sugiera-, y refleje esas emociones en su rostro. Invente voces y ensáyelas; imite a algún personaje. Cante. Aunque no se descubra capacidades como para dejar sin trabajo a Ricardo Darín o a Norma Aleandro, seguramente se va a divertir. Claro que no se va a convertir en un actor, pero va a descubrir lo fascinante que es actuar. Mañana volverá el ritmo normal de las actividades cotidianas. El ambiente no va a ser igual al de hoy, y por lo tanto, la sugerencia del juego de actuar no va a conservar su vigencia.
Pero usted puede -y debe- actuar. Actuar, tal cual está definido en el Diccionario de la Real Academia: “poner en acción/entender, penetrar, asimilarse de verdad/enterarse de algo/ejercer actos propios de su naturaleza/producir un efecto sobre algo o alguien/obrar, realizar actos libres y conscientes/practicar los ejercicios de una oposición”. Recién después de 10 acepciones aparece la definición “interpretar un papel en una obra teatral, cinematográfica, etc”.
Cuando se entere de las noticias, y se encuentre ante situaciones que lo hagan pensar que las cosas no están correctamente encaminadas, no se limite a suspirar y a pensar que así es la vida. Por el contrario, responda al imperativo de actuar. No caiga en la tentación de pensar que es el único que siente que alguien debería hacer algo para cambiar el rumbo de los hechos. Seguramente, hay otros como usted.
Reaccionar dinámicamente ante los hechos que nos propone la vida cotidiana. Discutir, debatir, disentir, proponer. Quejarnos civilizadamente cuando sentimos que se afectan nuestros derechos. Denunciar cuando comprobamos que se ha cometido un ilícito. Unir nuestro esfuerzo al de otros para conseguir un objetivo. No permanecer indiferentes y ajenos, como si no fuéramos capaces de incidir sobre los acontecimientos que nos afectan directa o indirectamente. Eso es actuar. Si nos acostumbramos a hacerlo como miembros responsables de nuestra comunidad en ejercicio pleno de la democracia, vamos a producir sobre la realidad efectos tan fascinantes como los que los actores profesionales logran en la ficción.







