La guerra de palabras
Por Carlos Abrehu - Secretario General de Redacción. Diferencias y simetrías en los embates de Ortega y de Alperovich en contra de la Legislatura.
26 Noviembre 2006 Seguir en 
A pocos días de la conclusión de 2006, la pirotecnia política remontó vuelo hasta alcanzar alturas insospechadas. El duelo de fondo se focaliza entre el gobernador José Alperovich y su segundo, Fernando Juri. La tensión discursiva alcanza picos de singular intensidad para luego decaer. Uno y otro incentivan una guerra de palabras que encubre maniobras preparatorias de la fase final de las candidaturas. Es, desde luego, una disputa que se libra dentro del territorio político del oficialismo. ¿La oposición no peronista? Está sin definir un perfil acusado ante la opinión pública. Tampoco está unificada. Así las cosas, no extraña que las esquirlas del bombardeo peguen de lleno en sus endebles estructuras. Ninguna de las organizaciones políticas con representación legislativa dejó de sentirse afectada por las marchas y contramarchas del oficialismo. Sucede esto porque los bloques de legisladores y concejales han sustituido a los partidos alejados del Gobierno como órganos especializados en diseñar políticas públicas. El radicalismo sintió menos el efecto de este fenómeno, pero se acomodó al papel de socio menor. Las disidencias enroladas en Participación Cívica lo dejaron en esa situación. Se desgajaron de sus filas los que descubrieron que la obediencia a la Casa de Gobierno daba más réditos que la pertenencia a la sigla originaria. Osvaldo Morelli y Agustín Fernández, en Concepción y en Aguilares, son dos exponentes claros de esa percepción de la realidad. Obras públicas y subsidios fueron las recompensas recibidas por esos ex radicales. El bussismo desdibuja fuertemente su imagen por las peleas internas de Ricardo y Luis José. El salto del ex hiperbussista Miguel Brito -vicepresidente del Concejo Deliberante- al alperovichismo es cuestión de tiempo. La semana pasada se exhibió junto al gobernador en un acto barrial y, además, anduvo tanteando en dónde recalar políticamente, porque peleará la reelección de su banca de edil en 2007. Las idas y vueltas en torno del tributo por las maquinitas tragamonedas en el Concejo Deliberante sirvieron de pretexto para ajustar cuentas dentro del bussismo. ¿Qué quedará en pie de FR hasta los comicios de 2007? Es una incógnita que aún permanece indescifrable, aunque al oficialismo siempre le convino que el bussismo se mantuviera electoralmente, porque hasta ahora le fue redituable enfrentarlo atribuyéndose la calidad de opción antiautoritaria. El argumento encaja bien dentro de la estrategia global del kirchnerismo, pero la dinámica política bien puede desajustar el ensamble. La guerra verbal que se desató mediáticamente con el protagonismo central de Alperovich y de Juri tapó esa visión del paisaje político. El producto principal
Más allá de las palabras, hay otra situación. El desgaste de las instituciones es el principal derivado de la controversia entre el gobernador y el vicegobernador. En la Legislatura se acusó a Alperovich de querer desviar la atención del problema de fondo, que no es otro que el de la revisión de la Cuenta de Inversión. En las democracias occidentales, la rendición de cuentas es un dato clave para evaluar el comportamiento de los gobernantes, no sólo en el momento de las votaciones. Conocer en qué se gasta cada peso, importa al ciudadano que contribuye al erario, soportando una creciente carga impositiva -en el orden provincial y nacional-.
Los discursos encendidos que hacen blanco en políticos reacios a la prédica de la Casa de Gobierno pueden oscurecer, pero no eclipsar lo que es una práctica institucional recta. La recia embestida de Alperovich en contra de legisladores opositores que lo fustigan desde sus bancas tiene un neto contenido electoral, antes que otra cosa.
Alejandro Sangenis, Roberto Palina y José Cano revisten la calidad de potenciales aliados del vicegobernador en una hipotética aventura escisionista de este. Erosionarlos es una acción preventiva. Un legislador con trayectoria en tres gobiernos peronistas de décadas anteriores es sindicado de haber cooperado intelectualmente en la ofensiva que tuvo a maltraer a los tres contrincantes de la Casa de Gobierno.
La imagen de la Legislatura dilapidadora de los fondos públicos encuentra parcial parangón con la época de Ramón Bautista Ortega. Entonces se hostilizaba al gobernador, en una convivencia conflictiva que llegó a incluir intentos de intervención federal parcial. A diferencia de aquel momento, el Poder Legislativo de hoy se mostró solidario con la Casa de Gobierno. Si en algo sobresalió fue por su sentido cooperativo con los proyectos del alperovichismo, en los lineamientos básicos. En esto tuvo mucho que ver la muñeca de Juri, quien entonces se enorgullecía de ser el mejor vicegobernador de la historia. La primera ruptura básica de ese consenso se verificó con el fallida proyecto de retiro del manejo de la matrícula profesional por el Colegio de Abogados, en la segunda mitad de 2006. Aun así, ningún ministro de Alperovich debió exponerse ante la inquisición opositora en el recinto legislativo, lo que sí aconteció durante la gobernación de Ortega. Julio Díaz Lozano procedía de otra forma, por lo cual abundaron los escarceos con el gobernador. La posición que asuma Juri en relación con el tratamiento de la Cuenta de Inversión dará una pista cierta respecto de las relaciones con el Ejecutivo.
¿Deterioro o inacción?
El permanente intercambio de mensajes que se interrumpe con treguas temporarias no ahoga la especulación acerca del futuro de la sociedad Alperovich-Juri. La ruptura de la confianza política entre ellos es un hecho concreto. Es impensable que se repita la fórmula triunfante en las elecciones de 2003. ¿Para qué cambiar si las cosas marchan bien? La pregunta repica en las oficinas de empinados asesores del kirchnerismo en Buenos Aires. El razonamiento simple pero contundente minimiza las desavenencias.
Alperovich quema etapas en cada discusión con el vicegobernador y agrede a uno de sus asesores -Enrique Romero- Aparece Juri siempre a la defensiva, actitud que abre interrogantes contestados de distinta manera. Para algunos, el aún presidente del PJ no descartó arreglar con el jefe del Ejecutivo bajo ciertas condiciones políticas honorables, que incluyan repartos de cuotas de poder. Para otros, el conductor de la Legislatura privilegia la faz institucional y no pone obstáculos en la tarea específica de ese poder. No descuida, sin embargo, la recolección de adhesiones, ya que no trabó la apertura de juntas promotoras de su candidatura para 2007.La diversidad de variables que intervienen en el diseño de las políticas dan razonabilidad tanto a una como a otra perspectiva analítica. El clima de tranquilidad que genera la economía en florecimiento hace que tales conjeturas puedan prosperar. Entre el desgaste de Alperovich, por su perenne iniciativa política, y la postura especulativa de Juri, oscilan los ánimos de los prosélitos de uno y otro. Tucumán, con estos vaivenes, hace honor al calificativo de "democracia imperfecta".







