26 Noviembre 2006 Seguir en 
En una democracia todo está permitido, siempre y cuando se respeten las leyes. En este marco de libertad, el disenso, que forma parte de nuestra idiosincrasia, y la protesta han adquirido ya un rostro cotidiano en un país con temblores sociales que no cesan. Hace ya varios años surgió una nueva modalidad de protesta: los piquetes y los cortes de ruta, que se han vuelto diarios, a tal punto que pueden parecer normales. En el caso de los piqueteros, en un sentido amplio, representan a la voz de los sin voz; es decir, a aquellas personas que acuciadas por el desempleo, por el hambre y por la miseria, no se sienten representadas, en general, por los dirigentes, o que han sido víctimas, en muchos casos, de las promesas de políticos o funcionarios, y el único modo que encuentran para hacerse escuchar es impidiendo el libre tránsito de los demás, lo cual es anticonstitucional.
Esta semana, los cosecheros del limón y los gremialistas de Uatre interrumpieron la circulación en la ruta 38, en la entrada a Monteros, y en la localidad de Los Timbos, impidiendo el paso. Luego, manifestaron ruidosamente en la plaza Independencia, y generaron serios problemas en el tránsito. El malestar de los obreros del limón reside en que la Nación les otorgó alrededor de 13.000 planes Interzafra, de $ 150 cada uno; pero estimaban que unos 6.500 trabajadores del sector quedan afuera de ese programa. El conflicto que se inició el lunes finalmente quedó zanjado el jueves, cuando la Provincia decidió otorgar $ 150 a los trabajadores que no reunían los requisitos para acceder al plan Interzafra.
El miércoles, alrededor de 70 vecinos de Garmendia, comuna ubicada en el departamento Burruyacu, a 84 kilómetros al este de la capital, cortaron la ruta 336. Desocupados y mujeres beneficiarias de planes sociales manifestaron durante más de 12 horas en contra del comisionado rural. Luego de varias horas lograron entrevistarse con el comisionado y, durante el encuentro, expresaron su queja por la falta de aplicación en la comuna de los planes de empleo financiados por los gobiernos nacional y provincial. Denunciaron que la gente de la zona no puede acceder a puestos de trabajo y que hay chicos desnutridos. También se cuestionó la dilación de la comuna en formar cooperativas de trabajo para los desocupados.
En el primer caso, la única respuesta a este conflicto social que tuvo el Gobierno fue entregar subsidios -sin alentar proyectos de desarrollo social y económico- que contribuyen más a la humillación que a la dignidad de nuestros comprovincianos. En el segundo, el comisionado rural atribuyó la protesta a cuestiones políticas. Estos reclamos son un reflejo de la gran inequidad social y económica, de la marginación en que vive una buena parte de los ciudadanos, de la ausencia de trabajos dignos que alimenten la esperanza de un futuro mejor y de la indiferencia de nuestros representantes, que esperan siempre que los problemas les estallen en las manos para intentar entonces brindar una solución parcial. Ante los oídos sordos de los gobernantes, la gente apela a cortar las rutas como mecanismo de presión para ser escuchada. Pero los cortes de ruta no perjudican a los gobernantes de turno, sino a los mismos conciudadanos.
La clase dirigente debe tomar conciencia de que la búsqueda de soluciones para los padecimientos de los tucumanos debe ser una prioridad y estar por encima de las apetencias políticas y personales. Por esa razón, debe apelar a la imaginación y esforzarse por generar alternativas que no pasen únicamente por el asistencialismo, porque eso equivale a intentar tapar el sol con las manos.
Esta semana, los cosecheros del limón y los gremialistas de Uatre interrumpieron la circulación en la ruta 38, en la entrada a Monteros, y en la localidad de Los Timbos, impidiendo el paso. Luego, manifestaron ruidosamente en la plaza Independencia, y generaron serios problemas en el tránsito. El malestar de los obreros del limón reside en que la Nación les otorgó alrededor de 13.000 planes Interzafra, de $ 150 cada uno; pero estimaban que unos 6.500 trabajadores del sector quedan afuera de ese programa. El conflicto que se inició el lunes finalmente quedó zanjado el jueves, cuando la Provincia decidió otorgar $ 150 a los trabajadores que no reunían los requisitos para acceder al plan Interzafra.
El miércoles, alrededor de 70 vecinos de Garmendia, comuna ubicada en el departamento Burruyacu, a 84 kilómetros al este de la capital, cortaron la ruta 336. Desocupados y mujeres beneficiarias de planes sociales manifestaron durante más de 12 horas en contra del comisionado rural. Luego de varias horas lograron entrevistarse con el comisionado y, durante el encuentro, expresaron su queja por la falta de aplicación en la comuna de los planes de empleo financiados por los gobiernos nacional y provincial. Denunciaron que la gente de la zona no puede acceder a puestos de trabajo y que hay chicos desnutridos. También se cuestionó la dilación de la comuna en formar cooperativas de trabajo para los desocupados.
En el primer caso, la única respuesta a este conflicto social que tuvo el Gobierno fue entregar subsidios -sin alentar proyectos de desarrollo social y económico- que contribuyen más a la humillación que a la dignidad de nuestros comprovincianos. En el segundo, el comisionado rural atribuyó la protesta a cuestiones políticas. Estos reclamos son un reflejo de la gran inequidad social y económica, de la marginación en que vive una buena parte de los ciudadanos, de la ausencia de trabajos dignos que alimenten la esperanza de un futuro mejor y de la indiferencia de nuestros representantes, que esperan siempre que los problemas les estallen en las manos para intentar entonces brindar una solución parcial. Ante los oídos sordos de los gobernantes, la gente apela a cortar las rutas como mecanismo de presión para ser escuchada. Pero los cortes de ruta no perjudican a los gobernantes de turno, sino a los mismos conciudadanos.
La clase dirigente debe tomar conciencia de que la búsqueda de soluciones para los padecimientos de los tucumanos debe ser una prioridad y estar por encima de las apetencias políticas y personales. Por esa razón, debe apelar a la imaginación y esforzarse por generar alternativas que no pasen únicamente por el asistencialismo, porque eso equivale a intentar tapar el sol con las manos.







