25 Noviembre 2006 Seguir en 
Londres.- El ex espía ruso Alexander Litvinenko, de 41 años, que murió envenenado el jueves en un hospital, dictó durante su agonía una carta en la que acusa al presidente Vladimir Putin de haber ordenado su asesinato. Apenas difundida la nota por amigos de Litvinenko, Putin sostuvo que el caso fue utilizado para provocaciones políticas. “Lamentablemente, un hecho trágico como una muerte es utilizado con fines políticos. Basta ver cómo actúa la mafia en los países europeos”, argumentó en Helsinki, donde asiste a una cumbre de la Unión Europea.
Asimismo, Putin afirmó que el informe médico no dice que haya sido una muerte violenta. Sin embargo, las autoridades sanitarias británicas confirmaron ayer oficialmente que en el cadáver de Litvinenko fueron encontradas altas concentraciones de una sustancia radiactiva conocido como polonio 210.
Huellas en varias partes
Además, Scotland Yard, que investiga este hecho, halló restos radiactivos en la vivienda del ex oficial del servicio secreto ruso y en otros sitios donde estuvo hasta el 1 de noviembre, cuando cayó enfermo. Ese día, Litvinenko tomó té con dos individuos rusos en un hotel. Después cenó con un contacto italiano en el Soho. Para entonces, ya sentía dolores por los que debió ir luego a un hospital. El italiano es el catedrático Mario Scaramella, con quien había analizado documentación sobre el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya. Litvinenko investigaba este crimen ocurrido en octubre en Moscú. Politkovskaya había denunciado graves abusos de las tropas rusas en la república separatista de Chechenia y murió acribillada a balazos en su departamento.
Scaramella está fuera de sospecha y se encuentra en Roma bajo protección policial. Los dos rusos dijeron ayer, en Moscú, que eran hombres de negocios y negaron su participación en el hecho. No obstante, Litvinenko llegó a decir en el hospital, antes de caer en coma, que uno de estos individuos, a quien no conocía, insistía en que tomara una taza de té en el hotel. Todas las personas que estuvieron cerca de Litvinenko serán monitoreadas por médicos, ya que podrían estar contaminadas con la sustancia, que puede ingresar al organismo por contacto o por inhalación, según expertos.
La carta leída por amigos de Litvinenko causó fuerte conmoción en la comunidad londinense de exiliados rusos. “Usted, señor Putin, pudo silenciar a un hombre, pero no podrá silenciar las protestas por lo que les ha hecho a la amada Rusia y a su pueblo”, dice el texto. Litvinenko, ex teniente coronel del Servicio de Seguridad Federal (FSB), la antigua KGB soviética, había sufrido graves daños internos por efectos del tóxico ingerido. El jueves sufrió una súbita falla múltiple y falleció.
Denuncian torturas de la policía rusa
Brutales métodos de tortura y malos tratos por parte de la policía rusa, además de escasos esfuerzos de las autoridades para erradicar estas prácticas, fueron denunciados por la organización Amnistía Internacional (AI). Un documento titulado “Federación Rusa: Tortura y confesiones forzadas bajo custodia policial”, consigna que entre los métodos para obtener confesiones de los detenidos en forma ilegal figuran palizas con puños metálicos, violaciones, asfixia y descargas eléctricas.
“El derecho internacional prohíbe inequívocamente toda forma de tortura y malos tratos, pero los policías rusos emplean este método en centros de detención de todo el país”, afirma la directora del Programa para Europa y Asia de AI, Nicola Duckworth.
La organización humanitaria denunció asimismo que la policía, con escasa preparación y bajas pagas, carece de los medios necesarios para hacer frente a los altos índices de delincuencia en la Federación Rusa. En ese marco, la manera más sencilla para un policía de ascender en el escalafón es resolver el mayor número de casos posible obteniendo confesiones. (Reuter-AFP-NA-Télam)
Asimismo, Putin afirmó que el informe médico no dice que haya sido una muerte violenta. Sin embargo, las autoridades sanitarias británicas confirmaron ayer oficialmente que en el cadáver de Litvinenko fueron encontradas altas concentraciones de una sustancia radiactiva conocido como polonio 210.
Huellas en varias partes
Además, Scotland Yard, que investiga este hecho, halló restos radiactivos en la vivienda del ex oficial del servicio secreto ruso y en otros sitios donde estuvo hasta el 1 de noviembre, cuando cayó enfermo. Ese día, Litvinenko tomó té con dos individuos rusos en un hotel. Después cenó con un contacto italiano en el Soho. Para entonces, ya sentía dolores por los que debió ir luego a un hospital. El italiano es el catedrático Mario Scaramella, con quien había analizado documentación sobre el asesinato de la periodista rusa Anna Politkovskaya. Litvinenko investigaba este crimen ocurrido en octubre en Moscú. Politkovskaya había denunciado graves abusos de las tropas rusas en la república separatista de Chechenia y murió acribillada a balazos en su departamento.
Scaramella está fuera de sospecha y se encuentra en Roma bajo protección policial. Los dos rusos dijeron ayer, en Moscú, que eran hombres de negocios y negaron su participación en el hecho. No obstante, Litvinenko llegó a decir en el hospital, antes de caer en coma, que uno de estos individuos, a quien no conocía, insistía en que tomara una taza de té en el hotel. Todas las personas que estuvieron cerca de Litvinenko serán monitoreadas por médicos, ya que podrían estar contaminadas con la sustancia, que puede ingresar al organismo por contacto o por inhalación, según expertos.
La carta leída por amigos de Litvinenko causó fuerte conmoción en la comunidad londinense de exiliados rusos. “Usted, señor Putin, pudo silenciar a un hombre, pero no podrá silenciar las protestas por lo que les ha hecho a la amada Rusia y a su pueblo”, dice el texto. Litvinenko, ex teniente coronel del Servicio de Seguridad Federal (FSB), la antigua KGB soviética, había sufrido graves daños internos por efectos del tóxico ingerido. El jueves sufrió una súbita falla múltiple y falleció.
Denuncian torturas de la policía rusa
Brutales métodos de tortura y malos tratos por parte de la policía rusa, además de escasos esfuerzos de las autoridades para erradicar estas prácticas, fueron denunciados por la organización Amnistía Internacional (AI). Un documento titulado “Federación Rusa: Tortura y confesiones forzadas bajo custodia policial”, consigna que entre los métodos para obtener confesiones de los detenidos en forma ilegal figuran palizas con puños metálicos, violaciones, asfixia y descargas eléctricas.
“El derecho internacional prohíbe inequívocamente toda forma de tortura y malos tratos, pero los policías rusos emplean este método en centros de detención de todo el país”, afirma la directora del Programa para Europa y Asia de AI, Nicola Duckworth.
La organización humanitaria denunció asimismo que la policía, con escasa preparación y bajas pagas, carece de los medios necesarios para hacer frente a los altos índices de delincuencia en la Federación Rusa. En ese marco, la manera más sencilla para un policía de ascender en el escalafón es resolver el mayor número de casos posible obteniendo confesiones. (Reuter-AFP-NA-Télam)
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