Los laberintos del presidencialismo
El debate por el Presupuesto sólo sirvió como elemento referencial de lo que acontece en la política nacional, donde la oposición no puede limitar las apetencias del Ejecutivo. Por Angel Anaya - Columnista.
25 Noviembre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES.- El poder, inclusive el más poderoso, tiene sus laberintos internos, especialmente cuando trata de escapar de las instituciones. Simultáneamente, se ha podido observar esa vulnerabilidad en el frustrado intento de elegir al presidente del Consejo de la Magistratura, tras la reforma impuesta por dócil mayoría parlamentaria y drásticamente proyectada por la senadora Fernández de Kirchner para marcar el rumbo de la Justicia. Antes, los miembros de la institución eran 20, procurando el equilibrio político dispuesto por la Constitución. Ahora son 13, de tal forma que el brazo político más poderoso es el del oficialismo, debiendo ceder las segundas minorías del Congreso, los abogados, los jueces y los académicos.
El Frente para la Victoria no ha cedido en ese ajuste, representando la mayoría que, sin embargo, no concurrió a formalizar su poderío.
Dentro del FPV, en el que Kirchner instaló su creciente presidencialismo, es donde precisamente aparece de tanto en tanto uno de esos laberintos donde la sorda lucha se hace más notoria para ascender escalones, y el diputado Carlos Kunkel es seguramente el más ganancioso. Junto a él se argumentó que no se podía concurrir, pues se estaba debatiendo en la Cámara Baja el Presupuesto 2007.
Excusa razonable
Una excusa muy razonable si la reunión del Consejo con ese fin no hubiera estado prevista con el tiempo adecuado, y el proyecto presupuestario no hubiese demostrado que, efectivamente, salió sellado por la mayoría tal como lo remitió el Ejecutivo, salvo inofensivas variantes.
La reunión de Diputados, pues, fue la previsible y, como señaló la oposición, de poco sirvió si se piensa que mediante un decreto presidencial (DNU) o un superpoder permanente del jefe del Gabinete las partidas o asignaciones pueden ser modificadas de acuerdo con los intereses del Gobierno.
En el caso de los DNU aparece también la sombra de la primera dama, cuyo proyecto reglamentario eliminó plazos de convalidación legislativa y hasta apeló virtualmente a la sanción ficta que la Constitución fulmina. La sesión de la ley de leyes tuvo, sin embargo, la definición conjunta de una oposición -UCR, Pro, lavagnismo y otros sectores tradicionalmente ajenos o contrapuestos- que llegaron a reunir un caudal sin precedentes, aunque lejano del de la máquina kirchnerista.
Como se adelantó aquí en recientes ocasiones, el debate presupuestario tan sólo ha servido como elemento referencial de lo que acontece en la política nacional, para marcar el punto de partida de un intento de coalición capaz de poner fin a la pobreza en que transcurre desde hace largo tiempo el arco opositor, contribuyendo a la necesaria reaparición del debate democrático. Es decir, a fijar los límites del insaciable presidencialismo que alumbró Carlos Menem. (De nuestra Sucursal)







