Un dígito contiene un millón de problemas
En su paso por Tucumán, la ministra Miceli dejó un mensaje presidencial mirando hacia 2007: la desocupación en la Argentina no debe superar el 10% durante el año electoral. Marcelo Aguaysol - Redacción LA GACETA.
24 Noviembre 2006 Seguir en 
Una de las grandes metas trazadas por el Gobierno nacional para 2007, es sostener el desempleo en la Argentina en un dígito. Según los cálculos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec), tener un nivel bajo de desocupación en la población urbana del país significaría que el número no exceda del millón de personas afectadas por ese problema.En el Gobierno nacional creen que es posible superar esa meta, aunque consideran que costará sostenerla si es que el sector privado no manifiesta una clara política de inversiones en 2007, que aliente la generación de empleo genuino en distintas actividades económicas. Lo admitió, informalmente, la ministra de Economía, Felisa Miceli, en su visita a Tucumán, al analizar el caso Mendoza, donde el desempleo afecta al 4% de la población económicamente activa. Los indicadores críticos, los que ella considera como desocupación estructural, lo atribuye a un problema cultural (falta de capacitación) más que a una dificultad de oferta laboral.
Para la titular del Palacio de Hacienda, como para muchos economistas nacionales, el caso Tucumán, cuanto menos, le resulta paradójico. ¿Cómo es posible que una provincia con un fuerte movimiento económico y con tres universidades haya tenido, históricamente, los peores indicadores socioeconómicos del país?
La crisis de fines de 2001, de algún modo, corrió el velo sobre los problemas estructurales de pobreza y de desocupación que, año tras año, se alimentaban en la provincia. Alrededor de 80.000 beneficiarios del plan Jefes de Hogar Desocupados dependían de la asistencia oficial para poder recibir $ 150 mensuales. Pero, además, a esa población con necesidades básicas insatisfechas hay que agregarle otra: los 34.000 desocupados del Gran San Miguel de Tucumán.
La mejora en la actividad económica ha contribuido a sacar de esos problemas sociales a miles de tucumanos. Algunos recuperaron el estatus social perdido en los años de crisis y pasaron a constituir una endeble clase media. Otros tuvieron la suerte de encontrar un empleo más estable, pero la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres sigue siendo muy amplia: equivalente a 33 veces los ingresos de una y de otra franja de la sociedad.
Con cifras en mano
En la Casa de Gobierno siguen de cerca las estadísticas. Y, sobre la base de cifras oficiales, señalan que el desempleo en Tucumán afectó, en el tercer trimestre, a sólo el 10,8% de la población económicamente activa. Esto es a 33.800 habitantes del Gran San Miguel de Tucumán.
Aún más, el gobernador José Alperovich arriesgó que antes de finalizar el año, en la medición del cuarto trimestre de este 2006, la desocupación en Tucumán alcanzará la meta pactada con el Gobierno nacional. El mandatario adelantó que el desempleo será del 9,8% y afectará a 31.000 habitantes del principal aglomerado urbano. Pese a ese anuncio, la meta aún está algo lejana. Ni el Gobierno nacional ni el provincial toman en cuenta a los beneficiarios de planes sociales al difundir el dato certero de la desocupación.
En el país, hay 1,2 millón de desempleados, de las cuales 39.060 son tucumanas. Y en esto hay que tomar en cuenta que no sólo hubo beneficiarios que pasaron al plantel de ocupados, sino que en la inmensa mayoría de los casos fueron reconvertidos a otros programas asistenciales, como el caso del Plan Familias.
Los indicadores sirven para orientar políticas. Más que llegar a la meta de un dígito, el Gobierno debería preocuparse porque sus acciones tiendan a incluir a aquella franja de la sociedad que por muchos años permaneció excluida por razones políticas.







