20 Noviembre 2006 Seguir en 
El clima enrarecido en el que se viene desarrollando la disputa de los distintos campeonatos que hace jugar la Asociación del Fútbol Argentino fue el entorno más propicio para la comedia de enredos que se produjo durante la tarde de ayer. El partido entre San Lorenzo y Racing, que debía jugarse sin público en el estadio Ciudad de La Plata, se suspendió ante la imposibilidad de los planteles de los dos clubes de abandonar sus lugares de concentración. Menos de medio centenar de personas impidieron la partida del micro con la delegación “azulgrana” desde su propio estadio, mientras que un puñado de hinchas de “la academia” logró el mismo cometido con una “sentada” a las puertas del hotel en el que se encontraban los jugadores que orienta técnicamente “Mostaza” Merlo. Durante algunos minutos, la siesta del domingo se conmocionó ante el anuncio de que el resto de la fecha se suspendería. Naturalmente, no sólo los partidos pactados por el torneo de Primera división resultarían afectados, sino la totalidad de la actividad programada para la tarde de ayer. Finalmente, el presidente de AFA, Julio Grondona, aclaró que los equipos que no se presentaran a jugar los encuentros perderían los puntos en disputa; poco después, los jugadores comenzaron a aprestarse para saltar al campo de juego.
Todos los medios especializados de prensa se han estado ocupando en los últimos días de las circunstancias extradeportivas que tiñen las jornadas futbolísticas: inusitados hechos de violencia que van desde incidentes en las canchas hasta amenazas de muerte a distintos actores involucrados en el espectáculo. La frustrada intervención de un fiscal para tratar de aclarar lo que ocurrió en la concentración de los jugadores de Gimnasia y Esgrima La Plata antes de la disputa de los 45 minutos de juego pendientes ante Boca Juniors, fue una muestra de que el problema excede el ámbito deportivo.
Desde distintos rincones se elevan los cuestionamientos y los pedidos de renuncia -o de intervención- sobre la conducción del fútbol profesional argentino. Y hay ingredientes en este cóctel explosivo que no terminan de explicarse. Cuesta creer que a nadie se le haya ocurrido garantizar con presencia policial el desplazamiento de los jugadores de San Lorenzo y de Racing en la tarde de ayer, cuando menos de 100 personas, con su sola presencia, impidieron que se juegue uno de los partidos programados por la 16a fecha del torneo Apertura.
Sorprende la falta de eficacia de las estructuras planificadas para garantizar la seguridad en los espectáculos deportivos, al punto que no es descabellado pensar que tal vez no se trate de inoperancia sino de una deliberada política de “dejar hacer” para crear condiciones que justifiquen otro tipo de acciones.
En la tarde de ayer, el ex presidente de Independiente, Andrés Ducatenzeiler, cargó duramente contra el titular de AFA. “Grondona es el último tipo ejerciendo un cargo máximo que queda de la dictadura porque a él lo puso la Junta Militar”, dijo cuando la continuidad de la fecha estaba en duda. Más allá de los intereses partidarios o personales que puedan teñir el juicio del dirigente “rojo”, queda claro que la magnitud del problema trasciende los límites de los estadios.
Mientras tanto, no sólo las canchas de Buenos Aires -cuyas imágenes se difunden por la televisión dentro y fuera del país- presentaron ayer un aspecto ridículamente desolado, ante la imposibilidad de los no socios de acudir a ver a su equipo. Centenares de estadios en el interior del país, alcanzados por la medida, vivieron una tarde en la que lo menos importante fue el deporte.
Todos los medios especializados de prensa se han estado ocupando en los últimos días de las circunstancias extradeportivas que tiñen las jornadas futbolísticas: inusitados hechos de violencia que van desde incidentes en las canchas hasta amenazas de muerte a distintos actores involucrados en el espectáculo. La frustrada intervención de un fiscal para tratar de aclarar lo que ocurrió en la concentración de los jugadores de Gimnasia y Esgrima La Plata antes de la disputa de los 45 minutos de juego pendientes ante Boca Juniors, fue una muestra de que el problema excede el ámbito deportivo.
Desde distintos rincones se elevan los cuestionamientos y los pedidos de renuncia -o de intervención- sobre la conducción del fútbol profesional argentino. Y hay ingredientes en este cóctel explosivo que no terminan de explicarse. Cuesta creer que a nadie se le haya ocurrido garantizar con presencia policial el desplazamiento de los jugadores de San Lorenzo y de Racing en la tarde de ayer, cuando menos de 100 personas, con su sola presencia, impidieron que se juegue uno de los partidos programados por la 16a fecha del torneo Apertura.
Sorprende la falta de eficacia de las estructuras planificadas para garantizar la seguridad en los espectáculos deportivos, al punto que no es descabellado pensar que tal vez no se trate de inoperancia sino de una deliberada política de “dejar hacer” para crear condiciones que justifiquen otro tipo de acciones.
En la tarde de ayer, el ex presidente de Independiente, Andrés Ducatenzeiler, cargó duramente contra el titular de AFA. “Grondona es el último tipo ejerciendo un cargo máximo que queda de la dictadura porque a él lo puso la Junta Militar”, dijo cuando la continuidad de la fecha estaba en duda. Más allá de los intereses partidarios o personales que puedan teñir el juicio del dirigente “rojo”, queda claro que la magnitud del problema trasciende los límites de los estadios.
Mientras tanto, no sólo las canchas de Buenos Aires -cuyas imágenes se difunden por la televisión dentro y fuera del país- presentaron ayer un aspecto ridículamente desolado, ante la imposibilidad de los no socios de acudir a ver a su equipo. Centenares de estadios en el interior del país, alcanzados por la medida, vivieron una tarde en la que lo menos importante fue el deporte.







