19 Noviembre 2006 Seguir en 
Como los otros elementos esenciales, el agua puede ser fuente de vida o de muerte. Sin ella no se puede subsistir en este planeta, pero al mismo tiempo, esta es capaz de arrasar poblaciones enteras a causa de la crecida de los ríos o de los maremotos. Algunas de estas fatalidades de la naturaleza pueden ser prevenidas por el hombre que, generalmente, por imprudencia, sigue ahogándose en los cauces de agua o en los embalses. En enero pasado, seis personas perecieron en distintos balnearios de la provincia, dos de ellas en el río Loro.
En esa ocasión, quedó nuevamente al descubierto una serie de problemas de seguridad; sobre todo, por la insuficiente cantidad de personal asignado para cuidar a los bañistas. El director del Proyecto de Seguridad y coordinador del cuerpo de salvavidas del balneario del dique Celestino Gelsi (ex El Cadillal), que había sido contratado por el Ente Provincial de Turismo, dijo entonces que los organismos con los que trabajaba en conjunto no le estaban proporcionando la ayuda que necesitaban para dar una completa seguridad en la zona. Señaló que la gente accedía al agua por lugares que estaban prohibidos y en los que no hay control, y apuntó que la Policía debía controlar las demás orillas. Insistió en la necesidad de que no se permitiera el ingreso a la playa a personas alcoholizadas y de que se intensificaran los controles de seguridad en las embarcaciones, ya que la mayoría de los conductores no llevaba chaleco salvavidas.
El miércoles pasado dos jóvenes perdieron la vida en el dique Celestino Gelsi. Se instalaron en la “Costa de los pescadores”, a 100 metros del murallón del dique y cerca del embudo. Como se sabe, el lugar no está habilitado para bañarse, pero tampoco tiene carteles que indiquen que se trata de un sector peligroso. Según informó el jefe de la Policía Lacustre, en el lugar no se hace prevención directa porque está prohibido bañarse. Afirmó que en diversas oportunidades se pusieron carteles indicadores del peligro, pero que la gente los saca.
Esta situación no es nueva y se reitera anualmente -en especial, los fines de semana-, cuando las altas temperaturas empujan a miles de tucumanos al embalse. Por ejemplo, en enero de 2000, dos personas perecieron ahogadas en la zona del embudo del dique. La Policía Lacustre apenas contaba con 11 hombres para efectuar las tareas de control. El entonces gobernador aseguró que se había realizado la señalización en los balnearios y que había solicitado una mayor presencia policial. Anunció que iban a acrecentarse los dispositivos de control e instó a la comunidad a respetar las normas establecidas y a tener una conducta responsable.
A seis años de esa tragedia, casi nada ha cambiado: los accidentes se repitieron. Lejos de organizar en forma sostenida los controles durante todo el año y de impulsar una campaña constante de concientización con cada una de las personas que ingresa en los balnearios para prevenir desgracias, de dotar con elementos adecuados y mayor personal a la Policía Lacustre, los diversos gobiernos sólo se ocupan de esta realidad cuando el problema les estalla en las manos y las medidas que toman son transitorias. Por ejemplo, la Policía Lacustre sigue sin sede propia -pese a que el Gobierno le cedió un terreno en febrero pasado- y apenas dispone de 18 efectivos distribuidos entre los diques El Cadillal y La Angostura.
Esta es, por cierto, una de las penosas realidades que viven los tucumanos en materia de seguridad y desnuda una vez más la ineficacia de nuestros representantes para promover la educación cívica entre los ciudadanos, organizar la prevención y velar por sus vidas, reduciendo al mínimo los peligros.
En esa ocasión, quedó nuevamente al descubierto una serie de problemas de seguridad; sobre todo, por la insuficiente cantidad de personal asignado para cuidar a los bañistas. El director del Proyecto de Seguridad y coordinador del cuerpo de salvavidas del balneario del dique Celestino Gelsi (ex El Cadillal), que había sido contratado por el Ente Provincial de Turismo, dijo entonces que los organismos con los que trabajaba en conjunto no le estaban proporcionando la ayuda que necesitaban para dar una completa seguridad en la zona. Señaló que la gente accedía al agua por lugares que estaban prohibidos y en los que no hay control, y apuntó que la Policía debía controlar las demás orillas. Insistió en la necesidad de que no se permitiera el ingreso a la playa a personas alcoholizadas y de que se intensificaran los controles de seguridad en las embarcaciones, ya que la mayoría de los conductores no llevaba chaleco salvavidas.
El miércoles pasado dos jóvenes perdieron la vida en el dique Celestino Gelsi. Se instalaron en la “Costa de los pescadores”, a 100 metros del murallón del dique y cerca del embudo. Como se sabe, el lugar no está habilitado para bañarse, pero tampoco tiene carteles que indiquen que se trata de un sector peligroso. Según informó el jefe de la Policía Lacustre, en el lugar no se hace prevención directa porque está prohibido bañarse. Afirmó que en diversas oportunidades se pusieron carteles indicadores del peligro, pero que la gente los saca.
Esta situación no es nueva y se reitera anualmente -en especial, los fines de semana-, cuando las altas temperaturas empujan a miles de tucumanos al embalse. Por ejemplo, en enero de 2000, dos personas perecieron ahogadas en la zona del embudo del dique. La Policía Lacustre apenas contaba con 11 hombres para efectuar las tareas de control. El entonces gobernador aseguró que se había realizado la señalización en los balnearios y que había solicitado una mayor presencia policial. Anunció que iban a acrecentarse los dispositivos de control e instó a la comunidad a respetar las normas establecidas y a tener una conducta responsable.
A seis años de esa tragedia, casi nada ha cambiado: los accidentes se repitieron. Lejos de organizar en forma sostenida los controles durante todo el año y de impulsar una campaña constante de concientización con cada una de las personas que ingresa en los balnearios para prevenir desgracias, de dotar con elementos adecuados y mayor personal a la Policía Lacustre, los diversos gobiernos sólo se ocupan de esta realidad cuando el problema les estalla en las manos y las medidas que toman son transitorias. Por ejemplo, la Policía Lacustre sigue sin sede propia -pese a que el Gobierno le cedió un terreno en febrero pasado- y apenas dispone de 18 efectivos distribuidos entre los diques El Cadillal y La Angostura.
Esta es, por cierto, una de las penosas realidades que viven los tucumanos en materia de seguridad y desnuda una vez más la ineficacia de nuestros representantes para promover la educación cívica entre los ciudadanos, organizar la prevención y velar por sus vidas, reduciendo al mínimo los peligros.







