17 Noviembre 2006 Seguir en 
El pintoresco, por no decir esperpéntico, caso del secretario de Tierras y Hábitat, Luis D’Elía, es un testimonio cabal sobre cuán lejos se halla por momentos el Gobierno federal de representar al Poder Ejecutivo que establece el sistema republicano establecido por la Constitución Nacional.
La sola mención de los antecedentes más notorios del personaje que encabeza la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) y que generalmente se abrió camino mediante la extorsión a partir de la gran crisis, plantea un interrogante que difícilmente pueda ser respondido por vocero oficial alguno.
Partiendo de esa realidad inexplicable, hasta resulta lógico que a pocas horas de ser virtualmente expulsado de su cargo por el presidente Kirchner, el fiscal federal Luis Comparatore haya solicitado la indagatoria de D’Elía al actual juez por la ocupación de una comisaría en el distrito federal el 25 de junio de 2004, congelada desde la designación oficial del personaje.
La protección que le deparó al ex funcionario su cargo, lo fue igualmente en otras acciones de su tropa de la FTV cuando el silencio oficial pareció aprobar la singular teoría según la cual tales actividades irregulares y hasta penales, no comprometían al Gobierno.
La ocupación ilegal de tierras que terminó formalizando un robusto piquete, junto a la conocida teoría presidencial, ahora gradualmente en desuso, que impuso el principio según el cual no debía criminalizarse la protesta, constituyeron el fundamento oficial para investir a D’Elía como funcionario del Estado, otorgándole una impunidad sin precedentes. Hasta el punto de que el personaje se permitió oponerse a la política exterior del país asumiendo la defensa de los intereses nacionales, en contradicción con la posición de la Justicia y descalificando a la Cancillería.
El dislate mayor del episodio puede ser sin duda la adhesión posrrenuncia a la política del Presidente, señalando simultáneamente que la decisión oficial en el caso de la AMIA estaba sometida a influencias de Estados Unidos e Israel.
Este punto bastaría para que el Gobierno diera alguna explicación sobre las razones de ese no va más, en lugar de apelar fallidamente a otro de los habituales silencios que siguen a sus errores de gestión. Una interpretación generalizada es que se trata de un nuevo testimonio del irreversible efecto de las elecciones en Misiones, tras el cual no es posible la presencia de ese grotesco personaje en el poder público si se intenta abandonar la política de confrontación manifestada hasta hace poco por el discurso presidencial.
Tan evidente han sido esas razones para la expulsión de D’Elía que deberá transcurrir un tiempo para establecer que no sólo se lo ha desplazado, sino que igualmente se procederá con la FTV que formaba parte de su equipo oficial.
La despedida pública del personaje elogiando a Kirchner puede hacer pensar con razón que su red de colaboradores perduraría en la Secretaría de Tierras y Hábitat, lo que sería tanto como una influencia negativa por control remoto.
En ocasiones precedentes, a raíz del cambio observado en el discurso oficial por el efecto Misiones, se ha señalado en este lugar que el abandono del tono crispado y crítico del Presidente a favor de un estilo más comunicativo, no siempre implica un cambio de las políticas hegemónicas. Es de esperar que la misión D’Elía, invocada para su designación como funcionario, no forme parte de esas políticas subsistentes.
La sola mención de los antecedentes más notorios del personaje que encabeza la Federación de Tierra y Vivienda (FTV) y que generalmente se abrió camino mediante la extorsión a partir de la gran crisis, plantea un interrogante que difícilmente pueda ser respondido por vocero oficial alguno.
Partiendo de esa realidad inexplicable, hasta resulta lógico que a pocas horas de ser virtualmente expulsado de su cargo por el presidente Kirchner, el fiscal federal Luis Comparatore haya solicitado la indagatoria de D’Elía al actual juez por la ocupación de una comisaría en el distrito federal el 25 de junio de 2004, congelada desde la designación oficial del personaje.
La protección que le deparó al ex funcionario su cargo, lo fue igualmente en otras acciones de su tropa de la FTV cuando el silencio oficial pareció aprobar la singular teoría según la cual tales actividades irregulares y hasta penales, no comprometían al Gobierno.
La ocupación ilegal de tierras que terminó formalizando un robusto piquete, junto a la conocida teoría presidencial, ahora gradualmente en desuso, que impuso el principio según el cual no debía criminalizarse la protesta, constituyeron el fundamento oficial para investir a D’Elía como funcionario del Estado, otorgándole una impunidad sin precedentes. Hasta el punto de que el personaje se permitió oponerse a la política exterior del país asumiendo la defensa de los intereses nacionales, en contradicción con la posición de la Justicia y descalificando a la Cancillería.
El dislate mayor del episodio puede ser sin duda la adhesión posrrenuncia a la política del Presidente, señalando simultáneamente que la decisión oficial en el caso de la AMIA estaba sometida a influencias de Estados Unidos e Israel.
Este punto bastaría para que el Gobierno diera alguna explicación sobre las razones de ese no va más, en lugar de apelar fallidamente a otro de los habituales silencios que siguen a sus errores de gestión. Una interpretación generalizada es que se trata de un nuevo testimonio del irreversible efecto de las elecciones en Misiones, tras el cual no es posible la presencia de ese grotesco personaje en el poder público si se intenta abandonar la política de confrontación manifestada hasta hace poco por el discurso presidencial.
Tan evidente han sido esas razones para la expulsión de D’Elía que deberá transcurrir un tiempo para establecer que no sólo se lo ha desplazado, sino que igualmente se procederá con la FTV que formaba parte de su equipo oficial.
La despedida pública del personaje elogiando a Kirchner puede hacer pensar con razón que su red de colaboradores perduraría en la Secretaría de Tierras y Hábitat, lo que sería tanto como una influencia negativa por control remoto.
En ocasiones precedentes, a raíz del cambio observado en el discurso oficial por el efecto Misiones, se ha señalado en este lugar que el abandono del tono crispado y crítico del Presidente a favor de un estilo más comunicativo, no siempre implica un cambio de las políticas hegemónicas. Es de esperar que la misión D’Elía, invocada para su designación como funcionario, no forme parte de esas políticas subsistentes.







