El día que no pudieron "dibujar" los gastos

Todo ciudadano tiene derecho a controlar en qué invierte el Gobierno sus recursos. Pero si acude a la contabilidad de la Provincia, jamás podrá averiguar tal cosa. Por Alvaro Aurane - Redacción LA GACETA.

16 Noviembre 2006
El lapidario informe del Tribunal de Cuentas sobre esos datos inconexos, y a menudo incoherentes, que el Ejecutivo llama “Cuenta de Inversión 2005”, revela el verdadero rostro de la administración provincial.
El diagnóstico sobre las finanzas públicas desnuda infinidad de manejos irregulares de recursos estatales, por fuera de la Ley de Presupuesto, en abierta violación a Ley de Administración Financiera y sin supervisión del ente de control.
El otro perfil no es mejor. Enseña que, justo ahora que hay recursos, controlar la calidad del gasto público será impracticable. Todo ciudadano tiene derecho a revisar en qué invierte el Estado. Pero la acordada 2.751 dice que quien acuda a la contabilidad de la Provincia, jamás podrá averiguar tal cosa.
Por supuesto, el Ministerio de Economía reduce todo a cuestiones de contabilidad pública. Y minimiza la denuncia de la delegación fiscal con una consigna: “la plata está”. Esa es toda la explicación oficial: no importa en qué cuenta la pusieron, por algún lado aparece. Punto.
Pero el problema es otro. El Tribunal de Cuentas machaca con que el Gobierno no logra explicar, en muchos casos, ni “cómo” ejecutó el presupuesto ni en “qué” gastó. “Parte de las registraciones contables que conforman la contabilidad del Estado provincial, a cargo de la Contaduría General, se encuentran sustentadas en comprobantes internos que no revisten el carácter de documentación respaldatoria de los ingresos y egresos de fondos que se registran a partir de ellos”, alertan los técnicos auditores. Los originales no aparecen ni a los 20.

El absurdo de las cifras
Así, quedan caracterizados dos personajes clave. Uno es “Contabilidad de obligaciones”. En él se asientan los planes de gastos y los fondos que van a comprometerse. En Tucumán, es una ficción. Al papel de la realidad lo desempeña “Contabilidad del Tesoro”, donde se registra lo que en verdad entra y sale. Entonces, como en una obra de humor absurdo, el primero dice: “recibí tanto”. Y el segundo, en cambio, muestra que no mandó ni un peso.
Inmediatamente, surgen barbaridades como la registrada en el Instituto de Previsión y Seguridad Social. Según el “Estado de Ejecución de Rentas Generales”, la Provincia le dio al organismo previsional $ 80 millones, de los cuales reintegraron $ 71 millones. En los estados contables del IPSS, en cambio, figuran recibidos $ 90 millones. Y devueltos, casi $ 85 millones.
No es una comedia: es una tragedia. Expone que el desajuste (léase, escaso apego a procedimientos y leyes para manejar dineros públicos) es tal que el Ejecutivo no logró “dibujar” las cuentas para presentar una rendición menos grotesca. No alcanzó el maquillaje.
La acordada, entonces, refleja que el despilfarro es la única verdad de las cuentas públicas locales. Y que la Cuenta de Inversión es mentira. Un mero formalismo. Hecho para informar nada. Divorciado de ese principio de la contabilidad pública que es la claridad. Diseñado para ocultar. Y el ejemplo de ello son las decenas de cuentas millonarias que se ejecutan por fuera del presupuesto. En este punto, debe decirse que la tarea de los contadores fiscales resulta invalorable. Porque... ¿cómo se encuentra una cuenta que está afuera del presupuesto, y qué se gasta por fuera de él? Es decir, una cuenta que está fuera del presupuesto es una cuenta que no existe hasta que uno de ellos descubre lo contrario.
De paso, la Nación alienta estos entuertos, con su política de de multiplicar programas y programitas. Sus fondos van a cuentas extrapresupuestarias, que son manejadas en las provincias por unidades ejecutoras fuera del control de los órganos oficiales. Ellas gastan como quieren, cuando quieren, los fondos que los auditores ignoran hasta que ven lo ejecutado. Y todos contentos y haciendo campaña. Porque, por las dudas, la impresentable cuenta de inversión (a la que ya encañonó un puñado de opositores) corresponde al año de la última elección de diputados nacionales.
Nada que envidiar de los ATN.

Lo que faltaba
Por supuesto, todavía hay más: llega cada vez más plata, pero estamos cada vez más endeudados.
En esta página se da cuenta del increíble aumento de los recursos provinciales. En 2005, Tucumán contó con $ 721 millones más que en 2004. Sin embargo, de un año para otro, la deuda pública creció en $ 137 millones. Como si no bastara, también empeoró la afectación de la coparticipación federal. Y, para completar el desajuste, mermó el superávit.
Este parámetro termina de dimensionarse cuando se advierte que los $ 54 millones de superávit presupuestario de 2005 casi no difieren de los $ 45 millones del superávit de 2000. Bueno, hay un detalle: los de 2000 eran dólares.
Si la Cuenta de Inversión muestra que durante 2005 hubo indicadores de fondo que andaban mejor cuando el actual gobernador era ministro de Economía de Julio Miranda, es lícito suponer que algo no anda bien en la Provincia. Que algo no cierra.