Cautivo de doctrinas oportunistas

Aparentemente, el Gobierno dio por perdida la causa de las pasteras. Un texto oficial acusa a los entrerrianos de provocar, con los cortes, un daño a los intereses nacionales. Por Angel Anaya - Columnista.

14 Octubre 2006
BUENOS AIRES.- El presidente Kirchner enfrenta en estos momentos otra disyuntiva de hierro de las diversas que le han planteado decisiones políticas oportunistas para otras circunstancias. La doctrina que trata de no criminalizar la protesta y la confusión entre libertad de opinión y el derecho a cortar rutas, sostenidas para otras ocasiones, le están impidiendo ser consecuente con el caso actual de las papeleras, obligándolo a abstenerse de ordenar a la Gendarmería que detenga a los enfurecidos vecinos de Gualeguaychú y de Colón. La declaración oficial culpando a los piquetes, por muy fuerte que trató de ser, tan sólo significa un analgésico inoperante que el propio Kirchner prefirió no firmar. Para lo único que ha servido ese texto tonante ha sido para anticipar que el Gobierno está dando por perdida anticipadamente la causa de las pasteras, sugerida de inmediato por el informe del Banco Mundial que considera inofensivos ambientalmente esos emprendimientos. Por otra parte, la advertencia oficial que vuelca la responsabilidad de lo que pueda suceder sobre los vecinos litoraleños, adolece de otro error evidente cuando los acusa de provocar daño a los intereses nacionales y se abstiene de impedirlo como máxima autoridad del Estado. Al poder siempre se lo ve fuerte en el atril, pero dudando demasiado de su fortaleza cuando los hechos perturbadores se lo demandan.

Un intento de salvación
El tribunal arbitral del Mercosur convocado precisamente por el Gobierno argentino, había advertido en sus conclusiones sobre los cortes, que hubo “una ausencia sobre las debidas diligencias”. Ahora no serán ni Busti ni Picolotti quienes seduzcan a los líderes vecinales, después de haber sido en el pasado y en ambos casos notorios compañeros de causa en las movilizaciones. Hemos podido saber que el jefe del Gabinete, Alberto Fernández, como el canciller Jorge Taiana, estarían tejiendo una fina malla argumental para lograr una intervención de fuerzas de seguridad y tratar de evitar que los cortes anunciados dejen a Kirchner sin el perfil de autoridad ineludible que habitualmente exhibe. Por cierto que si la Gendarmería se desplaza nadie pensará que lo hizo sin una orden con ese origen. Este punto es otro testimonio de las dificultades que plantea el presidencialismo extremado en determinadas circunstancias. No cabe duda, y así se reconoce en cercanías de donde se trata de intervenir con alguna acción concreta, que el informe del Banco Mundial ha representado una irrevocable victoria para el gobierno de Tabaré Vázquez, auxiliado por un canciller tan enérgico y sutil como Reinaldo Gargano, cuya ventaja sobre su colega de la plaza San Martín es la autonomía con que se mueve. (Sucursal Buenos Aires)



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