El Perón de Kirchner
El Presidente irá al acto de traslado de los restos del fundador del movimiento justicialista. El setentismo y sus realidades muy diversas de los mensajes oficialistas. Por Angel Anaya - Columnista.
12 Octubre 2006 Seguir en 
BUENOS AIRES-. Si, como se ha dicho oficiosamente, el Presidente participará del traslado de los restos de Juan Domingo Perón al flamante panteón de San Vicente el 17 de octubre, lo hará asumiendo un compromiso muy difícil de sobrellevar. Especialmente por el duro proceso contradictorio con que el pasado se vive en nuestra política y, por cierto, en el Partido Justicialista. Un proceso cuyas señales más estimulantes las emite Kirchner desde las tribunas del Frente para la Victoria. El interrogante es: ¿a cuál Perón homenajeará su lejano sucesor en el poder? ¿Al del exilio y su fuerza de choque de la juventud maravillosa que hoy se rememora con el setentismo o al fundador del movimiento que la expulsó de la plaza histórica y la repudió como manifestación guerrillera? El último Perón, el del retorno y abrazo con Balbín, cuya readecuación con la realidad nacional se pretende achacar por los setentistas como una consecuencia de su enferma vejez, no aparece hoy en el discurso kirchnerista. Es difícil, claro, pues su primer acto decisivo al reasumir el poder fue echar en bloque al camporismo, donde mucha de aquella juventud militaba y ahora ocupa cargos públicos. En el Ejército, vaya por caso y singularmente, el fundador del peronismo “limpió” a figuras puestas por Cámpora y abrió rumbos a otras como Videla, Menéndez o Suárez Mason. El trampolín del pasado
El pasado plantea así su primera gran trampa a quienes vieron en él una herramienta de seducción política para consolidar el poder que las confusas urnas no alcanzaron a conceder. En estos días especialmente, sus vericuetos perdidos en las memorias mayores, o desconocidos en las menores por razones generacionales, están siendo iluminados con mayor o menor prolijidad por numerosas publicaciones bibliográficas de testigos e investigadores que descubren en el setentismo realidades muy diversas de las que aparecen en los mensajes oficiales. Por eso, el interrogante sobre la decisión de Kirchner de concurrir a San Vicente forzado por la imposibilidad de mantenerse ausente de donde, con toda seguridad, habrá figuras de la política que lo enfrentan o tratan de hacerlo desde el fácil trampolín del pasado. Tan sólo hermetismo reina en torno del Presidente, pero son más los que piensan en el viejo consejo de que el silencio es salud. ¿Pero lo es realmente? Ignorar una ceremonia como la de San Vicente, por otra parte, sería tanto como fortalecer a los sectores del peronismo que tratan de evitar la diáspora para no quedar a la intemperie y facilitar la concertación plural a costa del PJ. El patrocinio moyanista de la caravana al gran sepulcro ha sido, por ultimo, un flaco favor a la presente coyuntura kirchnerista. (De nuestra Sucursal)







