Los ilusorios controles del poder

La Oficina Anticorrupción le puso límites al Subsecretario de Tierras. Los chispazos entre la Iglesia y el Gobierno pasaron de ser un episodio provincial a tener alcance nacional. Por Angel Anaya - Columnist

10 Octubre 2006
BUENOS AIRES.- El subsecretario de Tierras para el Hábitat Social, Luís D’Elía, pudo viajar tranquilo a Bolivia, invitado por Evo Morales, para homenajear al “Che” Guevara, con la seguridad de que el ministro de Justicia, Alberto Iribarne, de quien depende, no avalará las severas limitaciones que la Oficina Anticorrupción les impuso a sus facultades. La OA le vetó al ex piquetero que intervenga en cuestiones con entidades de las que es o fue miembro, pero en la subsecretaría se afirma ya que Kirchner no va a permitir que virtualmente le invaliden a su fiel colaborador en operaciones políticas duras. El ministro Iribarne debió recortar igualmente, por parecidas razones de incompatibilidad, las facultades del subsecretario de Transporte Aerocomercial, Ricardo Cirielli,  anteriormente vinculado a Aerolíneas Argentinas por su actividad sindical, pero no lo hizo. Hasta el momento no hubo un solo caso en tres años de funcionario gubernamental cuestionado por alguna causa notoria, cuya renuncia o relevo aceptase el Presidente. No es imaginable que D’Elía, a cuyos antecedentes  suma actitudes que han causado molestias en el Gobierno, y ahora agrega el lugar de honor en el homenaje a Guevara “como militante y funcionario”, pueda contribuir a la imagen que Kirchner trató de llevar recientemente a Estados Unidos; sin embargo, se trata de otro gesto más sobre la irrevocabilidad de las decisiones presidenciales.

 Una tradición peronista
Conforme la crítica política al Gobierno se ha ido acrecentando por causa del extremado presidencialismo, esas reacciones de Kirchner se han hecho más fuertes, como demuestra la situación con la Iglesia, que, de un episodio provinciano, ha pasado a convertirse en un problema nacional. La presencia y agresiva oratoria presidencial en Misiones ha sido observada por ello como una señal de que el matrimonio del poder no descarta trasladar a la primera magistratura la continuidad personal o familiar, siguiendo una tradicional costumbre en el peronismo, posible inclusive sin reformar la Constitución.
Ningún otro poder republicano parece dispuesto a imponer la moderación de esos rasgos hegemónicos; especialmente el Congreso, una de cuyas misiones específicas es controlar al Ejecutivo. Muestra máxima de esa abstención parlamentaria es la decisión oficialista de no integrar la comisión bicameral de control de los Decretos de Necesidad y Urgencia, mientras el Presidente no comunique quiénes deben integrarla entre sus fieles. La reglamentación de los DNU hace dos meses y medio, sin que hasta el momento se aplique, es, tal vez, el hecho político e institucional más elocuente y demostrativo de poder que Kirchner y su esposa han logrado, pues permite al Presidente legislar si es necesario sin control. Algo que permitió al fiel senador Miguel Pichetto afirmar a sus colegas que están en las bancas para aprobar lo que decida el Presidente y no para hacer sus propias leyes. (De nuestra Sucursal)




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