Los clubes de barrio, ante una dura encrucijada

09 Octubre 2006
La luz de alarma que se encendió hace muchos años para los clubes de Tucumán que se dedican a los deportes amateurs es más intensa cada día. Conocido es el papel que cumplen como redes de contención de la juventud de amplios sectores sociales. Pero también son públicas las complicaciones económicas, jurídicas y dirigenciales por las que atraviesan, las que los ponen ante una delicada situación: hoy, la mayoría sólo subsiste.
Los gastos fijos que tienen las entidades, encuadradas bajo el término “de barrio”, son altos. Electricidad, gas, agua, impuestos -el teléfono es ya un lujo- les exigen contar con un monto que no todos pueden pagar. La escasez de ingresos por socios y por auspiciantes lleva a que, normalmente, sean los pocos dirigentes de cada entidad los que terminen poniendo dinero de su bolsillo para poder seguir adelante. En el medio, una parte agudiza el ingenio para arrimar algún valor a las arcas, pero lo más común es organizar rifas, bailes o ceder las instalaciones a escuelas u organizaciones que a su vez generan encuentros de todo tipo, desde religiosos hasta sociales.
La radiografía de la situación se completa con la falta de comodidades que en general sufren los clubes. Muchos tienen goteras en los techos de sus edificaciones, algo que obviamente incide en las actividades que se organizan en los meses de lluvias continuas. Otros tienen sus vestuarios y baños en pésimo estado. La misma situación se puede apuntar para los campos de juego, las tribunas, los ingresos y los elementos de trabajo, entre otros aspectos.
Cuesta entender que este panorama es común en gran parte de los clubes tucumanos; pero es la realidad. Son excepcionales los casos de entidades que logran llevar adelante sus actividades sin sobresaltos. Esto, gracias a un trabajo de muchos años y con fuerte presencia de una familia caracterizada en su comisión directiva. También están los que cuentan con algún empresario identificado con su lucha y que acercan montos para atender las necesidades. O los que tienen la asistencia de políticos, cuestión esta convertida en una costumbre que, sin embargo, se extiende más a entidades inclinadas al fútbol o en ciertas actividades, como el automovilismo.
Muchos clubes lograron recibir en los últimos meses un aporte excepcional por parte de la Provincia, lo que les permitió fundamentalmente estar al día con sus papeles y atender urgencias. Por ejemplo, Tucumán de Gimnasia gestionó directamente ante la Presidencia de la Nación un monto que le permitirá avanzar en las obras de remodelación del edificio afectado por un incendio que lo dejó parcialmente destruido.
Queda claro que tantas penurias exigen un replanteo en la situación. La encrucijada es clara: seguir adelante, extendiendo la agonía, cerrar las puertas o resolver el asunto. Ante la pregunta de si vale la pena lo primero, las respuestas positivas pueden ser firmes y masivas. Pero se debe separar la paja del trigo: sólo con la voluntad no alcanza y se requieren otros elementos que entren en juego.
A esta altura, es casi una obviedad sostener que los deportes amateurs son difíciles de mantener, porque no generan ingresos. Con la insuficiente cantidad de socios con que cuentan las entidades y los auspicios privados y oficiales dirigidos a las actividades más populares, las dudas aumentan.
Bueno sería que la dirigencia afectada analice la situación en conjunto. Y que de este diálogo participen funcionarios. Quizás no todas las soluciones pasen por la asistencia económica. Eso sí, con demagogia, apasionamiento inoportuno, promesas que no se concretan, olvidos voluntarios, desidia e interés discontinuo, no se logrará darle un rumbo al asunto. Son miles los que esperan respuestas y cobijo.


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