Otra semana en el laberinto

Confusión en el Gobierno en torno del caso López. Bergoglio invocó la hermandad como condición básica de la vida social. Nunca antes, como ahora, el PJ estuvo en sombras. Por Angel Anaya - Columnista.

03 Octubre 2006
BUENOS AIRES.- Si se llama a más de una puerta del Gobierno para tratar de esclarecer qué se piensa del caso de Jorge Julio López, el resultado sigue siendo confuso, pues cada cual apela a su imaginación, por carencia de referencias confiables. Otra perspectiva ofrece la desconcertante disparidad con que en la Rosada se observan las confrontaciones entre madres y abuelas de Plaza de Mayo, mientras Hebe de Bonafini sigue apareciendo poco menos que como vocera presidencial del sector después de recibir severas críticas entre aquellas por su descalificación del desaparecido. El mundo oficial, especialmente el más asiduo a Kirchner, comenzó la semana con otras cuestiones ineludibles y que contribuyen también a desplazar otros asuntos de gobierno. Especialmente, la peregrinación de la juventud a Luján que, según cálculos de Gendarmería, Policía Federal y el Ministerio de Salud, superó 1,2 millón de peregrinos, cifra récord, para escuchar del cardenal Jorge Bergoglio un mensaje invocando la hermandad como condición de una vida social, enfrentada a la discordia, el odio y la violencia. La conjunción de obispos en la basílica nacional tuvo presente, por cierto, el caso López, esa madeja sin puntas que el poder político debe devanar con alto costo ante la opinión nacional y que tiene eco externo.
El Partido Justicialista transcurre su vida formal en silencio, intervenido por Ramón Ruiz, un dirigente secundario, cuyo bajo perfil se corresponde con el lento andar de su normalización. Desde el punto de vista histórico, el PJ nunca pasó por el eclipse que hoy lo oculta como partido oficialista, pues esta función corresponde al Frente para la Victoria, del cual es una rama más pese a la carencia de personería nacional de la fuerza kirchnerista. Se afirma que la jueza electoral María Servini de Cubría, -a quien se la observa condescendiente con esa situación- convocará a una instancia conciliadora para fines de mes. De cualquier manera, Kirchner y su entorno del FPV ven muy difícil que el intento del gobernador salteño, Juan Carlos Romero, para promover la normalización del PJ, tenga suficiente potencia para impedir el eclipse del dividido partido histórico. En sus actuales condiciones, el justicialismo no está con capacidad para oficializar candidatos, ni tampoco de formalizar frentes. El congreso nacional justicialista, que preside un hombre de Lavagna -Eduardo Camaño- difícilmente sea una alternativa para aclarar el horizonte preelectoral. La compleja situación ha de gravitar finalmente en la posibilidad de que el kirchnerismo disponga la suspensión por el congreso de las internas abiertas obligatorias, como ya había hecho Duhalde a dos semanas de sancionarlas, y se recurra nuevamente al abusivo dedo excluyente del poder para la nominación de candidatos. (Sucursal Buenos Aires)


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