Un nuevo tiempo dentro del peronismo
La unidad del bloque del PJ es meramente formal. El desafío de la Casa de Gobierno terminó en una estruendosa derrota. Los teléfonos ardieron. Juristas a cara de perro. Por Fabio Ariel Ladetto - Redacción LA G
03 Octubre 2006 Seguir en 
Terminó la ficción dentro del peronismo. La forzada proyección de la imagen de unidad en la Legislatura, con todos en el mismo bloque, se hizo añicos ayer, en la votación dividida que fue señalada por distintos legisladores como un punto de no retorno, un antes y un después en la relación entre José Alperovich y Fernando Juri.Si bien en política nunca se puede decir “no va más” y siempre queda una vuelta de tuerca, fue claro que la sesión de ayer tuvo un fuerte valor simbólico, aparte del concreto y efectivo. No es la primera vez que se rechaza un decreto de necesidad y urgencia de la Casa de Gobierno, pero sí es el debut de que la negativa haya surgido a partir del voto dividido del propio justicialismo. La división formal de la bancada es cuestión de tiempo porque, en los hechos, ya no existe.
Fue Alperovich quien tomó la decisión de jugar fuerte y defender a como diera lugar la norma de la basura (“Generación, manipulación, transporte, transferencia, tratamiento y disposición final de los residuos sólidos urbanos”, según la denominación oficial). Desde Europa dio la orden de operar con todo para que el DNU fuese aprobado, de modo expreso o de modo ficto (por el no tratamiento parlamentario). Esta última forma es un engendro creado por la anterior Legislatura, y fue una de las condiciones puestas por el actual mandatario a su antecesor, Julio Miranda, cuando aún eran amigos.
Los teléfonos comenzaron a sonar con insistencia. La instrucción era unir a la tropa propia y darles una paliza a los juristas en el terreno minado de la propia Legislatura. Es decir, el gobernador se atrevía incluso a pelear de visitante.
El domingo no fue día de reflexión religiosa católica, ni comenzó el Yom Kippur. No había lugar para los tibios. Incluso, chocó con una de sus principales espadas, Sisto Terán, quien mantuvo su coherencia (se le podrán criticar muchas cosas, menos esa) y votó contra el DNU. Cada vez que habló en el recinto, destacó que sigue siendo ultraoficialista, pero para el Gobierno ya no es lo que era.
Los llamados también llegaron a aliados de hace tiempo o a otros nuevos. Entre los primeros estuvieron Jorge Mendía (su cambio de posición en el recinto quedó para la antología) y Ramón Graneros, y entre los segundos, al “fundador” Carlos Canevaro, quien se fue del debate. Sorpresivamente, tanto Luis José como Ricardo Bussi unieron opiniones y ordenaron a sus seguidores que no den quorum. Mientras que Canevaro fue al médico, según explicó, los otros republicanos desoyeron la orden de su jefe, lo que les valió severos reproches internos y amenazas de sanciones. Los juristas también usaron el celular y llamaron con urgencia a quienes todavía no habían llegado, entre ellos Roberto Palina.
La estrategia arriesgada de dejar sin quórum a la sesión estuvo a punto de imponerse, y nadie la vio venir. Tuvo que entrar en escena directamente Juri para evitarla. El vice puso la cara, aglutinó a su gente y forzó a los otros a estar presentes y asumir el costo de una derrota muy difícil de digerir. Algo crujió en la fórmula de 2003. El cruce telefónico entre los número uno y dos del Poder Ejecutivo fue de gran dureza, insultos mediante.
Ayer, el alperovichista José Alberto Cúneo Vergés recordó una frase de Alberto Herrera: “pelear por pelear, sólo los perros”. Ayer, los juristas pusieron su más fiera cara de perro ante el desafío desembozado de la Casa de Gobierno, pero no pelean por gusto; lo hicieron por su subsistencia.







