La violencia tiene a los actores del fútbol en vilo

02 Octubre 2006
Una pulseada de intereses se vive por estas horas en el fútbol nacional. El debate que se inició en las últimas semanas con respecto a la posibilidad de la quita de puntos a los clubes que protagonicen situaciones de violencia encontró posiciones diversas pero, por ahora, no hay definición.
Según el artículo 72 bis del código disciplinario de la Federación Internación del Fútbol Asociado, “cada asociación es responsable de la conducta impropia de los espectadores y, dado el caso, se podrá imponerle una multa. En el caso de disturbios se impondrán otras sanciones”. Dentro de esta última referencia se encuentra, sin dudas, la posibilidad de la quita de puntos.
La situación generada a partir del ingreso del presidente de Gimnasia de La Plata, Juan José Muñoz, al vestuario del árbitro Daniel Giménez, donde profirió amenazas en su contra durante el entretiempo del partido que jugaban su equipo y Boca Juniors, reanudó el tratamiento de un tema sumamente delicado.
La firme posición asumida por el propio presidente de la AFA, Julio Grondona -no quiere que a los clubes se le resten unidades- se contrapone abiertamente con el pensamiento de los integrantes del Tribunal de Disciplina, con el del Comité Provincial de Seguridad Deportivo bonaerense y con el del propio Gobierno nacional, que ingresó en la guerra dialéctica a través del ministro del Interior, Aníbal Fernández. Este no sólo se manifestó a favor de la quita de puntos; también dijo que la AFA “no tiene que dejar que esto pase de largo. Es necesario cambiar las leyes”.
Según el artículo 80 del reglamento de Transgresiones y Penas de la AFA, “... si se impidiere la iniciación del encuentro o su prosecución, se aplicará al/los club/es responsables una deducción de 9 a 30 puntos, acreditadas que sean las responsabilidades pertinentes, pudiendo decidirse la pérdida de la categoría o, incluso, la desafiliación por el término de un año con pérdida de la categoría”. Esto, prácticamente, marca el destino que tendrá Gimnasia. A ello habría que agregarle un precedente, ocurrido en Tucumán luego de un violento hecho sucedido en la cancha de Concepción FC, donde fanáticos locales y de Central Córdoba, de Santiago del Estero, se enfrentaron; las medidas no tardaron en llegar por parte del Consejo Federal: pérdida del partido para los sureños y sanción económica. Esta última medida tomada en el Argentino B fue ejemplar y su espíritu debe ser el que domine la toma de decisiones ante situaciones violentos. Aquellos que siguen transitando el camino equivocado de la pasión exacerbada y la sinrazón por un resultado adverso no pueden quebrar al deporte. Mucho menos ante el creciente estado de nervios que se produce en todas las divisiones del fútbol argentino, situación que incluso llevó a la entidades de árbitros a mantener latente la posibilidad de suspender los torneos.
En medio de esta coyuntura y con acontecimientos drásticos casi semanales, suena coherente escuchar que el subsecretario de Seguridad en Espectáculos Futbolísticos de Capital Federal, Javier Castrilli, no olvida que la violencia está en todos lados. Pidió que las medidas que se tomen sean varias -no únicamente quitas de puntos-; si no , dijo, habría que unificar las sanciones en todo el país.
Y frente a tantos elementos que requieren un análisis pormenorizado, no se puede soslayar que sólo con leyes no se puede frenar a la violencia. El trabajo exige una atención continua y son los dirigentes de los clubes los primeros que deben evitar la connivencia con los violentos, ocuparse cuando la situación apremia y dar soluciones. El partido que se juega en circunstancias como estas involucra necesariamente a todos los actores del fútbol.


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