La interna de la FET le importa al Gobierno
Al gobernador le interesa que la nueva conducción de la central empresaria no sea tan combativa como Robertola actual. Buscan que el cambio favorezca a los intereses oficiales. Por Fernando García Soto - Redacció
02 Octubre 2006 Seguir en 
Asumieron en sus actuales cargos casi al unísono, y desde el primer día no hubo “onda” entre ellos. En pocos días, Humberto Sánchez deberá abandonar sus funciones como presidente de la Federación Económica de Tucumán (FET), en cumplimiento de los estatutos de la entidad. José Alperovich, en cambio, se aseguró la posibilidad de mantenerse al frente de la Provincia hasta 2015, nada menos. El cambio obligado en el máximo escaño de la central empresaria es la oportunidad que esperaba el primer mandatario para terminar de una vez por todas con un sector del empresariado local que se había transformado en una verdadera “piedra en el zapato” de la actual gestión. Empresario de cuna, Alperovich siempre se jacta -con cierta sorna- de conocer muy bien a los hombres de negocio de la provincia; en particular, cuando el mandatario sospecha que aquellos pretenden realizar alguna “trampita” para mejorar sus beneficios (aun cuando tal vez sólo se hubiere presentado un planteo para que disminuya la presión fiscal en la provincia, por ejemplo).
Exactamente cinco días antes de que Alperovich se convirtiera en gobernador de Tucumán -el 29 de octubre de 2003-, Sánchez era designado presidente interino de la FET -cargo en el que luego sería ratificado- en reemplazo del saliente Eduardo El Eter. Este último empresario -varias veces titular de la entidad- abandonaba sus funciones para asumir en el Gobierno en un cargo que hasta ese momento no existía: la Secretaría de Relaciones Institucionales y Empresarias. También tuvo un lugar en el nuevo gabinete el que en ese momento se desempeñaba como vicepresidente primero de la FET, Oscar Mirkin, quien se convirtió en Secretario de Obras Públicas.
La jugada de Alperovich era clara: convocaba a las máximas autoridades de la central empresaria para tener a la FET de su lado. Lo mismo hizo en ese momento con la Sociedad Rural de Tucumán (SRT), cuando convocó para liderar el Ministerio de Desarrollo Productivo a los entonces titular y gerente de la entidad ruralista, José Manuel Paz y Guillermo Canteros (este último terminó renunciando luego a su cargo al frente de la Secretaría de Desarrollo Productivo).
Fracasos
Ni con la SRT ni con la FET le fue bien a Alperovich. El gobernador no se imaginaba que las autoridades que asumirían en reemplazo de sus funcionarios tendrían vuelo propio, y que objetarían cada medida oficial en contra de los intereses del sector privado. El pico de los desencuentros entre estas instituciones intermedias y el Gobierno ocurrió este año, cuando se sancionaron las reformas del Código Tributario provincial, largamente cuestionadas. Los supuestos nexos que Alperovich creía haber establecido con la FET y con la Rural fracasaron, al menos en este propósito.
Ahora Sánchez debe dejar su cargo y el gobernador se propone intentar una segunda jugada. Esta vez, el mandatario pretende que quien ocupe la presidencia de la FET sea menos combativo que el dirigente que se va. Para eso, funcionarios en plena actividad operan con la dirigencia empresaria de la entidad para conseguir las voluntades que permitan que se corte la continuidad de la gestión saliente.
De esta forma, la tradicional disputa entre “halcones y palomas”, o entre referentes de las ramas de la FET (Producción, Industria y Comercio), quedará para otra oportunidad. Fiel al estilo kirchnerista, que en Tucumán se aprendió mejor que en ninguna otra provincia del país, la elección en la FET se dirimirá este año entre “alperovichistas” e “independientes”, lo que seguramente marcará un antes y un después en la larga y rica vida institucional de la central empresaria.







