El amor, ¿un cuento fantástico?

La explosión de internet y de los celulares acrecentó los engaños y las fracturas sentimentales. Por Luis Mario Sueldo, Redacción de LA GACETA.

01 Octubre 2006
El inefable Dalmiro Sáenz posiblemente haya insinuado una sonrisa sardónica al enterarse de que la Justicia sobreseyó a un gendarme por entender que estaba enamorado cuando le dio un beso sorpresivo a una jovencita. Sáenz advierte que situaciones de parecida índole pueden llegar  a ser penadas severamente, mientras que si una mujer recibiera una golpiza de su marido, este no pasaría detenido más de cuatro horas en una comisaría. Ahora bien, ¿qué pensará el escritor de una encuesta realizada en EE.UU. entre espectadores de la cadena MTV que eligieron el beso de “Secreto en la  Montaña” como el mejor dado en la historia del cine?
El amor, la convivencia, las tentaciones... son temas encadenados, complicados de manejar para el ser humano. Los pingüinos forman parejas estables para toda la vida, pero al hombre se le hace difícil mantener su juramento pronunciado ante testigos o volcado en la más absoluta intimidad. “¿Me ves en la foto? Ahí estoy contenta. Ya me había separado. Ahora busco a alguien con plata”, le decía en un bar una mujer a su amiga. “Estoy afónico, mi ex esposa me sacó el 50 % de la voz”, ironizaba el conductor televisivo Petinatto sobre su reciente ruptura. Allá lejos y hace tiempo, la patricia Mariquita Sánchez dejó asentado: “no creo que el matrimonio sea una cosa de Dios. Es una barbaridad atarlo a uno a un martirio permanente”. Woody Allen vivía en un departamento contiguo al de su ex mujer Mia Farrow, a quien saludaba desde una ventana o le hacía visitas “necesarias”. Tal vez muchos piensen que  este sea un tema que deba ser encuadrado dentro de lo cursi. De cualquier modo, sólo en los tiempos modernos se ha considerado que el amor y la sexualidad estén íntimamente ligados.
En la Europa medieval casi nadie se casaba por amor. En la mayoría de los casos las uniones se producían para mantener la propiedad de los bienes familiares. El amor romántico se consideraba una debilidad. La vida acelerada y el consumismo voraz debilitaron el equilibrio de las relaciones sentimentales. Encuestas señalan que la explosión de internet y de los celulares acrecentaron los engaños y las fracturas. Muchas personas, luego de que se separan de su pareja, intentan que un nuevo amor les genere las mismas sensaciones que el anterior. Al respecto, la psicóloga Sandra Lustgarten dice: “podemos gozar mucho más con una pareja nueva o mucho menos, pero no existe la posibilidad de sentir de la misma manera. Si esto sucediese estaríamos hablando de enfermedad”. Ni la muerte es la misma para todos, ni el amor les llega a todos igual. ¿Y no sería mejor la soledad? Pero en ella jamás estamos solos con nosotros mismos.
Hanna Arendt escribió: “siempre somos dos en uno, y nos convertimos en uno gracias a los otros y cuando nos hemos encontrado con ellos”. Aunque sea difícil hallar a nuestra otra mitad, es bueno siempre darle al otro una nueva oportunidad y dárnosla nosotros también. La cuota de tolerancia mutua es un factor fundamental, obviamente. Si la pasión, como aseguran los científicos, sólo dura seis meses, al resto de la convivencia hay que trabajarla día a día. Y codo a codo. No mandemos el amor al descenso, como a Plutón. Tal vez tenga razón la actriz Florencia Peña cuando asegura que las argentinas se las dan de sexies liberadas, pero sólo quieren un marido. Tal vez esta cuestión no se desliza por tener las mismas sintonías intelectuales y todo dependa simplemente de la suerte. Tal vez, en definitiva, el amor no sea un cuento fantástico. Pero, si lo es, quizá esa ilusión sea lo único que nos sirva para sostenernos en este tránsito de rápida evaporación. En este valle en el que las líneas de la desesperanza nos suelen atravesar mucho más fuerte que las del optimismo.

Tamaño texto
Comentarios