El pago en término a los servicios artísticos

No es normal que alguien preste un servicio y deba esperar meses hasta que se lo paguen.

01 Octubre 2006
Como hemos informado el jueves último, el gremio de actores provinciales formuló una intimación a la Secretaría de Cultura, para solicitar el pago de servicios que se les adeuda desde el año pasado. En la respectiva carta documento, expresaron que a 69 actores nunca les fueron retribuidos su trabajo en el proyecto "Verano con Cultura" ni funciones realizadas en el interior. También se refieren a actuaciones impagas en presentaciones correspondientes al Teatro Estable de la Provincia.
Si bien el titular de Cultura reconoció la legitimidad del reclamo, argumentó que las demoras en pagos son normales en el Estado y que las cosas se complicaron como consecuencia del Setiembre Musical; pero que todo será solucionado en poco tiempo más. Dijo también que varios de los actores no pudieron cobrar porque no presentaron toda la documentación correspondiente. El caso merece un comentario. Sucede que es demasiado frecuente que quienes prestan servicios artísticos al Estado deban aguardar posteriormente muchos meses hasta percibir el pago. En numerosas ocasiones, los afectados han hecho público dicho problema. Es curioso que cuando se convoca a los trabajadores de este rubro nunca se toman previamente las disposiciones para abonar puntualmente el servicio que prestaron. Y así es como, a la hora del cobro, el actor se encuentra con una serie de sorpresas: que es insuficiente la partida presupuestaria y que se está aguardando su refuerzo; o que hay documentación que falta, o que otros requerimientos de mayor urgencia obligaron a postergar su asunto. Y todo ello, en medio de una maquinaria burocrática que funciona a paso de hormiga cuando se trata de esta índole de servicios.
Hay que recordar que el trabajo artístico tiene características especiales. Los actores siempre están disponibles cuando se los llama. Nunca preguntan si la papelería oficial que requiere su contrato está lista y ponen de inmediato manos a la obra. Su tarea suele reclamar condiciones nada comunes de esfuerzo y molestia. Piénsese, por ejemplo, en las temporadas calurosas, con ensayos y funciones en teatros sofocantes, con viajes nada confortables y con regresos a altas horas de la madrugada. A esos y muchos otros inconvenientes, los actores los pasan por alto, impulsados por una pasión y una dedicación que es difícil encontrar en otros trabajadores.
Sin embargo, por regla general, esto no es reconocido por el Estado. Se hacen comunes, entonces, las dilaciones interminables hasta la percepción efectiva de la retribución que se pactó. Pareciera suponerse que la gente de teatro siempre está en condiciones de esperar, y no se tiene en cuenta que se trata de hombres y de mujeres que tienen las mismas necesidades y obligaciones económicas que afectan a todos.
El secretario de Cultura afirma que las demoras de pagos del Estado son algo "normal". No es normal que alguien preste un servicio y deba esperar meses hasta que se lo paguen, cabe comentar. Por otro lado, no habría demora si cada vez que se convoca a un actor se tiene imputado su servicio a la partida presupuestaria adecuada, y si la repartición efectúa, con la anticipación y la diligencia debidas, los trámites para que la retribución esté disponible cuando concluya la prestación, es decir, tal como ocurre cuando se contrata a un actor de fuera de la provincia. En suma, nos parece que debe terminar la modalidad de las dilaciones en este particular asunto. El trabajador artístico merece el mismo trato que cualquier otro trabajador. Nada justifica que se lo someta a esperas que vayan más allá de lo indispensable. El Estado debe cumplir con sus obligaciones salariales en toda circunstancia.


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